La noche del 13 de octubre de 2010
La epopeya del rescate minero de los 33 de La San José que conmovió al mundo
La tarde del 5 de agosto de 2010 quedó marcada a fuego en la memoria colectiva e historia minera de Chile. Transcurrían las últimas horas del turno en la mina de cobre y oro San José en Copiapó, cuando un estremecimiento ensordecedor alteró el ritmo habitual del trabajo subterráneo, un colosal derrumbe sepultó de golpe túneles, rampas y galerías, imposibilitando cualquier vía de salida hacia la superficie. En cuestión de minutos se dio la alarma general en la zona, detonando una de las emergencias de salvamento técnico y humano más complejas jamás registradas a nivel global.
El accidente ocurrió en un yacimiento con más de 120 años de historia, descubierto a comienzos del siglo XIX en las cercanías de la Sierra Ramadillas, a 45 kilómetros al noreste de Copiapó, en la comuna de Caldera. La propiedad, perteneciente a la Compañía Minera San Esteban producía cerca de 1.200 toneladas de cobre fino al año.
LA ALERTA INICIAL
Apenas se conoció la noticia, la respuesta institucional fue inmediata. Hasta el yacimiento arribaron rápidamente la Intendenta de Atacama, el Gobernador y el Alcalde de Copiapó de la época, acompañados por equipos especializados de Bomberos, la Seremía de Salud, el Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin), la Oficina Nacional de Emergencia (ONEMI), Carabineros y la Policía de Investigaciones, además de cuadrillas de voluntarios de diversas compañías mineras vecinas.
Mientras las autoridades e ingenieros evaluaban las primeras maniobras para adentrarse en los túneles y alcanzar el punto donde presuntamente se encontraban los trabajadores, decenas de familiares angustiados comenzaron a agolparse en las afueras del recinto minero y en las oficinas de la Minera San Esteban, exigiendo respuestas que en ese momento nadie podía entregar con certeza.
A pesar de la vaguedad de los primeros informes, los medios de comunicación difundieron con prontitud que la vía principal de acceso estaba totalmente bloqueada por un mega desprendimiento de rocas. Existía la hipótesis, aún no confirmada, de que los 33 obreros habían logrado desplazarse a tiempo hacia un refugio interior equipado con provisiones limitadas.
Dada la gravedad, el Gobierno tomó cartas en el asunto. El entonces ministro de Minería, Laurence Golborne, debió interrumpir de manera abrupta su participación en una gira presidencial por el extranjero para trasladarse de urgencia a Copiapó, asumiendo la vocería del Ejecutivo y la coordinación en terreno.
Con las primeras evaluaciones técnicas se logró determinar que un desmoronamiento catastrófico había destruido la única rampa de acceso al interior. Este colapso respondió a un desprendimiento natural del techo del yacimiento -probablemente un desplome de planchón o una explosión de rocas- motivado por la fragilidad geomecánica de la mina.
Ante esta realidad, la primera estrategia consistió en intentar una arriesgada maniobra de "levantamiento de cerro hundido", encomendada a la División El Teniente de Codelco. Al lugar fue enviado el destacado ingeniero de minas André Sougarret junto a un contingente de 40 especialistas, entre profesionales, técnicos y trabajadores de vasta experiencia.
No obstante, los datos recopilados en el sitio revelaron un panorama desolador, el macizo presentaba una inestabilidad crítica, los planos de la mina estaban desactualizados y el peligro de nuevos desprendimientos era inminente.
El 15 de agosto, la autoridad anunció la clausura definitiva de los intentos de ingreso directo por las galerías, dando paso a una estrategia alternativa pero incierta: iniciar una batería de perforaciones de sondaje a ciegas desde la superficie para intentar dar con el paradero de los hombres.
En medio de la angustia, parte del personal minero y técnicos nunca perdieron la fe. Guiados por corazonadas y observaciones empíricas mantuvieron viva la hipótesis de que los mineros continuaban con vida. En forma paralela, desde la Presidencia de la República se hizo una convocatoria nacional e internacional para articular tecnología de punta. Países como Estados Unidos, Canadá, Australia, Sudáfrica y Perú aportaron conocimientos, maquinarias pesadas y asesoría técnica para la causa.
OPERACIÓN SAN LORENZO
Entre el 8 y el 13 de agosto, múltiples máquinas perforadoras iniciaron una titánica carrera contra el tiempo. El desafío era monumental: acertar a más de 700 metros de profundidad en una galería de ancho reducido.
El milagro ocurrió el 22 de agosto. Una de las perforadoras logró romper la pared superior de un túnel cercano al refugio. Al retirar las barras de perforación, emergió atado a la broca el histórico mensaje escrito con pintura roja: “Estamos bien en el refugio los 33”. La noticia desató una ola de júbilo indiscutible a lo largo y ancho del país. Horas más tarde, una cámara de video descendió por el conducto, captando las primeras imágenes de los sobrevivientes y confirmando que, tras 17 días de absoluto aislamiento, el grupo completo había salido adelante.
A partir de ese instante se levantó el Campamento Esperanza para albergar a los familiares y se dio inicio a la "Operación San Lorenzo". Para la fase de perforación final se organizó una competencia técnica entre tres sistemas concurrentes: los planes A, B y C. Fue la máquina del Plan B (la sondeadora T-130) la que logró romper con precisión en el refugio. Tras ensanchar el pozo y revestir sus paredes para garantizar la seguridad del trayecto, se preparó el descenso de la cápsula metálica "Fénix".
La noche del 13 de octubre de 2010, tras un despliegue sin precedentes que movilizó recursos técnicos y económicos millonarios durante 69 días de encierro, comenzó el salvataje final. Un equipo de socorristas descendió al fondo del yacimiento para organizar la evacuación. Durante un operativo continuo de 22 horas transmitido en directo a todo el planeta, los 33 trabajadores fueron saliendo uno a uno a la superficie, sanos y salvos.
LA ACTUALIDAD DE LOS MINEROS
Aunque tras el rescate los hombres fueron recibidos como héroes mundiales, realizaron giras y su historia inspiró libros y una película de Hollywood, la realidad a largo plazo ha sido compleja.
Muchos quedaron con secuelas psicológicas graves (estrés postraumático) y problemas de salud crónicos derivados del ambiente subterráneo y la vejez.
A pesar de la fama inicial, varios de ellos reportaron explotación legal en los derechos de autor de su historia y proyectos financieros que no resultaron fructíferos. En la actualidad, el grupo se mantiene con 32 supervivientes tras el fallecimiento del minero de mayor edad, Mario Gómez, en septiembre de 2024.