Expertos prevén invierno seco y condición podría extenderse por los próximos 3 años

Especialistas pronostican ausencia de precipitaciones durante los meses de junio, julio y agosto, fenómeno que se agravaría además con la mayor ocurrencia de heladas
Expertos prevén invierno seco y condición podría extenderse por los próximos 3 años
Expertos prevén invierno seco y condición podría extenderse por los próximos 3 años
martes 17 de mayo de 2016

Las lluvias tardías el 2015 permitieron lograr la recuperación parcial de los sistemas hídricos de la región, que se encontraban seriamente dañados tras una década de escasez hídrica, problemática que repercutió fuertemente en los sectores productivos. De hecho, según el boletín climático del Centro de Estudios Avanzados en Zonas Áridas (CEAZA) correspondiente al mes de mayo, respecto del año pasado, todos los embalses muestran mayores niveles de agua acumulada, con una recuperación de entre un 16% a un 94% de su capacidad total. No obstante, infraestructuras como Puclaro, Cogoti?, Paloma y Recoleta, siguen bajo el 50% de sus capacidades máximas, a pesar de las precipitaciones y deshielos de la temporada invierno/primavera pasada.

Pero, de acuerdo a las proyecciones de los expertos para el 2016, el escenario que enfrentará la región no será tan auspicioso y, por el contrario, se prevé que en lo que queda del otoño y todo el invierno los eventos de precipitaciones sean escasos.

El meteorólogo regional, Cristóbal Juliá, advierte que ya a la fecha se tiene bastante certeza de las proyecciones climáticas para los próximos meses. “Se puede visualizar ya que este invierno se viene bastante negativo en ese sentido, porque La Niña debería hacer ingreso durante el trimestre junio, julio y agosto. Entonces, es muy probable, bajo este escenario, que tengamos un invierno de condiciones secas y frías”, precisa. 

Existe la sensación, indica el experto, de que aún estamos bajo la influencia de El Niño y que vamos a tener un año lluvioso, dada las precipitaciones que se han presentado durante los meses de abril y mayo, pero no hay que dejarse engañar, dice, pues “hasta este momento, si bien tenemos un pequeño superávit, el fuerte de la región y finalmente de lo que dependen los agricultores y gran parte de los sectores productivos a fin de año son las lluvias que se producen en pleno invierno, lo que involucra los meses de junio, julio y agosto. No aporta mucho al sistema hidrológico tener precipitaciones muy tempranas, más bien las lluvias que se generan durante el mes de agosto son las que finalmente tienen un verdadero impacto durante los meses en que la demanda hídrica aumenta, en verano, al menos desde el punto de vista agrícola”.

Para lo que sí sirven estas lluvias tempranas, señala, es para alimentar en gran medida los acuíferos de la región porque se infiltra toda esta agua y eso es lo que ha permitido que de un mes a otro (abril-mayo) el nivel de los caudales cabezales no disminuya, siendo que lo habitual es que baje su nivel hasta los meses de primavera, cuando de nuevo vuelven a subir con los deshielos. “Pero hay que ser muy cautos y estar muy atentos a lo que se viene en los próximos meses, porque esperamos que sea bastante baja la presencia de precipitaciones”, recalca. 

Es más, el meteorólogo advierte que este fenómeno no sólo se produciría durante el 2016, sino que la zona podría estar bajo esta influencia durante el 2017 y 2018. “El escenario es un poco negativo y todo indica que esto se traduciría en dos o tres años de sequía, porque La Niña en general tiende a permanecer un poco más de tiempo que el fenómeno de El Niño”.
Por ende, agrega “habría que prepararse al menos para dos años más en las mismas condiciones, por eso es que hay que tratar de ver esto siempre en un panorama a largo plazo, siempre poner énfasis en la eficiencia del recurso hídrico y que, si bien venimos de un año que fue mucho mejor el términos de disponibilidad hídrica, no hay que confiarse”.

Tampoco existe mucha probabilidad de que existan lluvias tardías como ocurrió el 2015 y que fueron las que permitieron finalmente la recuperación de los acuíferos, dado que La Niña alcanzará su mayor nivel de influencia precisamente para fines de año. Además, lo preocupante es que aumenta el riesgo de otro fenómeno que es causal de pérdidas para la agricultura, las bajas temperaturas. “Es muy descartable ese escenario, las probabilidades de precipitaciones tardías bajan aún más y, todo lo contrario, se genera otro factor de riesgo que vienen a ser las heladas tardías, es decir, durante los meses de septiembre, cuando los parrones están en flor tirando para cuaja, tiende a ser bastante peligroso que se pueden dar heladas”, puntualiza. 

Este pronóstico lo ratifica también Héctor Maureira, director del laboratorio Central de Análisis e investigación aplicada de la Universidad de La Serena, quien se ha dedicado a estudiar los modelos climáticos internacionales. “Hay varios modelos internacionales que predicen que El Niño está en declinación y que va a pasar a una fase de La Niña, en la cual tenemos un océano frío, tenemos una alta presión del Pacífico bien instalada en el norte y casi al centro de Chile, lo que va a generar la ausencia de lluvias”.

Respecto de cuánto se podría extender este fenómeno, el profesional señala que “el último Niño fue bastante débil y esta Niña se prevé que durará 4, 5 o 7 años incluso, por lo que claramente podría venir de nuevo una sequía”.

Dicha condición también ha sido advertida por el Ceaza, que en su boletín climático de agosto pronostica que “existe un 60% de probabilidades de que el trimestre junio-julio-agosto sea neutro. Asimismo, proyecta un 90% de probabilidades de que hacia el final del 2016 se produzca un evento La Niña o al menos se mantengan condiciones neutras. “Actualmente, el evento de El Niño sigue su fase de decaimiento o retirada. Sin embargo, sus efectos persisten, principalmente con alzas anormales de temperatura”, detalla el documento.

En cuanto a las precipitaciones, informa que según el análisis “se esperarían precipitaciones por bajo los valores normales durante el otoño e invierno del presente año”.

Los especialistas coinciden en que esta información debe ser recogida por las autoridades pertinentes y los sectores productivos afectados de manera de que sirva para lograr una planificación de los recursos hídricos que permita sobrellevar este nuevo escenario de ausencia de agua que afectará a la zona, el que, según estiman, sería cada vez más permanente.