comunidad lamenta su eventual partida
Tras 131 años de presencia en la zona: Carmelitas descalzas dejarían La Serena
Aunque la congregación de Las Carmelitas Descalzas de La Serena no ha reconocido abiertamente que dejarán la ciudad, ni los motivos que las llevan a tomar tal determinación luego de 131 años establecidas en la zona, informaciones que circulan hace un par de semanas en redes sociales y cercanos a la orden, aseguran de que esta decisión ya es un hecho y que los motivos serían económicos y también por la falta de vocación religiosa.
La congregación arribó a La Serena el 3 de noviembre de 1892, siendo acogidas en el Monasterio del Buen Pastor del sector La Pampa. Luego, se trasladaron hasta la casa de Santa Inés, donde permanecieron tres años, hasta 1895, ya que el 19 de agosto del mismo año, se trasladaron a su hogar definitivo: el nuevo convento ubicado en calle Gandarillas, en el Barrio Santa Lucía de la capital regional.
En 1890, asumió como obispo de La Serena, monseñor Florencio Fontecilla, quien viajó al monasterio de las Carmelitas Descalzas de San José para solicitarles a la religiosas enclaustradas que oraran por la nueva misión que emprendía, pero, también, con la misión de desagraviar la profanación de la sacristía perpetrada por el pirata Sharp en 1680. Esto último llevó a que el monasterio tomara el nombre del Santísimo Sacramento.
Sin embargo, el obispo Fontecilla no contaba con que en esa visita la encargada del convento, la religiosa Elvira de la Inmaculada Concepción, le pediría fundar un convento en la Diócesis de La Serena. El prelado aceptó dicha propuesta y sólo un año después se pudo iniciar la gestión debido al estallido de la guerra civil de 1891.
Irónicamente, y tal como les ocurre hoy, no se contaba con los recursos para un adecuada instalación de las religiosas. Pero nuevamente la madre Elvira de la Inmaculada Concepción insiste y le señala que ella podrá conseguir recursos para construir un pequeño convento, sin grandes comodidades en la zona.

De esta forma, y acompañadas por el obispo Florencio Fontecilla, arribaron las fundadoras de la Congregación Las Carmelitas Descalzas, grupo compuesto por la madre Manuela de la Santísima Virgen (priora), la hermana Remigia de San Francisco Javier (supriora), y la hermana María Teresa de San Francisco Javier (maestra de novicias), las que fueron recibidas en la Catedral con gran solemnidad y respeto.
Desde esos inicios ya han pasado 131 años y nuevamente la falta de recursos económicos ponen una barrera a la congregación que se trasladará al santuario de Santa Teresa en Los Andes.
Según cercanos, ya se encontrarían empacando lo principal, realizando gestiones para dejar en buenas manos algunos bienes.
LA MIRADA DE LA COMUNIDAD
Lo cierto es que la determinación de dejar La Serena ha impactado fuertemente en la ciudad, principalmente en el mundo católico, luego que el convento, con el paso de los años, se convirtiera en parte del paisaje natural de La Serena, ubicado en calle Gandarillas.
Una ex religiosa, que pidió no identificarse, sostiene que es un hecho que las religiosas abandonarán, en el mes de octubre, sus instalaciones.
La mujer cuenta que se enteraron por un WhatsApp que recibieron en la iglesia a la cual pertenece y que señala lo siguiente: “Una triste noticia recibí hoy. Las queridas Carmelitas Descalzas de La Serena cierran sus puertas y se mudan a Los Andes. Hoy quiero dar gracias por todo el apoyo recibido de su parte. En el camino de mi vida desde que las conocí, fueron un pilar importante para mí y mi familia. Muchas gracias. Es nuestra tarea continuar orando por el aumento de santas vocaciones sacerdotales y religiosas para nuestra tierra”.

Eso sí, esta ex religiosa sostiene que no ha recibido ninguna información sobre cuáles serían los verdaderos motivos por los que se van de La Serena, “pero yo estimo, por lo que conozco, porque también fui religiosa, que es por la falta de vocaciones”.
Cabe señalar que una de las labores a las que las monjas enclaustradas se dedican es a la fabricación de hostias para distribuirlas en las iglesias de la diócesis, por lo que con su marcha se podría provocar un problema de abastecimiento y de stock, ya que, además de ellas, sólo cuentan con la producción de hostias de las Madres del Buen Pastor en Coquimbo.
AUTORIDADES LO LAMENTAN
El alcalde de La Serena, Roberto Jacob Jure, lamentó la partida de las religiosas y, de paso, dijo no haber recibido alguna información oficial al respecto.
“Es una lástima, porque son una larga tradición, son muy queridas. Pero lamentablemente pareciera que hay motivos externos que no les permiten seguir. Cuesta mucho que se integren más monjitas a estas congregaciones y deben haber otros factores. Yo lo lamento, porque prestaban mucha ayuda y eso se termina con esta ida”, sostuvo el edil serenense.
Por su parte, el consejero regional Lombardo Toledo indicó que aparentemente no sólo el tema económico les ha ido pesando, “sino que también, la falta de vocación en este mundo tan frío, la falta de solidaridad y una serie de valores en esta sociedad tan individualista. Yo lo lamento por la obra no solamente religiosa, sino que por la misión solidaria que ellas siempre han entregado a la sociedad de la Región de Coquimbo”.

El consejero lamentó que a pesar de estar en un Estado laico, pero donde hay personas mayoritariamente católicas, no se les pueda brindar el apoyo que merecen.
Toledo recordó además, que no solamente esta congregación se estaría yendo, sino que, anteriormente, ya se fueron los Padres Franciscanos. “Es doloroso, porque con su trabajo ayudan a una formación integral de muchos habitantes de la Región de Coquimbo como sostenedores de colegios y de parroquias que nos vieron crecer, ser personas, familias y profesionales”, afirmó.
PÉRDIDA DE VALORES
La profesora Edith Rojas por su parte, también lamentó que las religiosas abandonen la ciudad, indicando que hay una pérdida de valores y un individualismo “que hace que nadie les tienda una mano para que se queden. Desde pequeña mi madre nos llevaba a misa y una que otra vez las podíamos ver en la misa detrás de una parte aislada con un velo o rejilla oscura, porque así participaban de la misa. Ellas hacían mermeladas, me acuerdo, y eran muy ricas”, dijo.
Otro habitante de la ciudad es el colectivero Eduardo Miranda, quien recuerda que cuando eran niños sentían mucha curiosidad por las monjitas del convento. “Nuestros padres nos contaban que ellas estaban allí para rezar por los niños del mundo. Si se van se llevarán una parte de la historia de mucha gente”, indicó.