en la localidad de alfalfares

"Impotencia y dolor": La historia de 200 familias que viven sin acceso a agua potable en Alfalfares

Aunque se encuentran en conversaciones con las autoridades pertinentes y se están gestando soluciones, la situación para los vecinos es crítica y está poniendo en juego su salud mental y su dignidad.
miércoles 24 de enero de 2024

El pasado 19 de enero El Día compartió la preocupación de los vecinos de las parcelas 34, 35, 36 y 37 de Alfalfares, frente a la inminente posibilidad de quedarse sin agua, por lo cual, solicitaban a Aguas del Valle que los incluyera como clientes.

Esta situación dio paso a que otros habitantes de la localidad se pronunciaran también, pero para ellos el escenario es aún más crítico, pues son aproximadamente 200 familias que llevan cerca de dos años sin acceso al recurso hídrico.

Se trata de un grupo de vecinos de las parcelas 33 y 35-A, quienes vienen sufriendo esta situación y es por ello que decidieron organizarse en busca de una solución, ya que la falta de agua ha afectado negativamente su calidad de vida.

Así, junto a los vecinos de la parcela 32, conformaron el Comité por el Agua de Alfalfares y Defensa del Río Elqui, con el fin de establecer conversaciones con las autoridades y buscar en conjunto soluciones.

Carolina Moraga, secretaria del comité y vecina de la parcela 33 explica que “ante la desesperación de nuestros vecinos decidimos organizarnos y levantar un movimiento para buscar ayuda. Fue así como nos organizamos y pedimos ayuda a la vecina Pamela, que nos coopera y actualmente es la presidenta provisoria de nuestro comité”.

Carolina explica que comenzaron a buscar contactos y a golpear varias puertas para conseguir ayuda. Y si bien, reconoce que este proceso ha sido lento, a la larga ha resultado ser positivo, pues las autoridades sí se han hecho presentes en reuniones y han colaborado en buscar soluciones en conjunto.

Sin embargo, el panorama sigue siendo crítico para ellos.

La crisis hídrica es un tema relevante desde hace ya varios años.

En distintas ocasiones se han mencionado ya las complejidades que implica la escasez del recurso y la difícil realidad que viven muchas localidades del interior de la región. Sin embargo, el caso de Alfalfares es un caso que demuestra que la crisis hídrica llega hasta las puertas de La Serena.

Ante esta realidad, la calidad de vida de los residentes de Alfalfares se ve altamente comprometida, más aún cuando en la zona habitan muchos adultos mayores, y también hay familias con niños pequeños que deben restringir al máximo su consumo y evitar acciones que para la gente común son cotidianas, como lavarse las manos constantemente.

Ismaela Concha, es vecina de la parcela 33 y cuenta que cuando comenzó a secarse el pozo de su casa, entró en un estado de ansiedad constante. Para evitar emergencias, tuvo que invertir nuevamente para poder instalar una copa de agua que, sin embargo, no le dio el resultado esperado, pues perdía parte del recurso ante la acumulación que se generaba en la estructura, haciendo  que el agua se estancara.

Al respecto, relata que “yo no puedo lavar ropa en mi casa. Tengo que juntarla toda para irme donde mi hijo, lavar todo el día y después volver a colgar, y hay gente que no tiene a quién pedirle que le preste lavadora. Yo ya no tengo ganas de levantarme, tuve que vender todas mis gallinas porque no tenía nada que darles. Los árboles se secaron y se me murieron. Tuve que romper mi lavaplatos para poder reciclar el agua en el riego hasta que se me acabó. En las noches no dormía de preocupación, pensando en cómo hacer para no perder más agua. Tampoco puedo vender, esto es lo único que tengo para vivir yo”, explica.

No obstante, para ella la parte más compleja de esta situación es no poder recibir a gente en su hogar de manera digna. “No puedo recibir gente porque no tengo agua. Me da vergüenza tener que decirles que no pueden tirar la cadena del baño, o bañarse, restringir tantas cosas a las visitas”, agrega muy afectada.

Situación parecida es la que vive Salomé Cueva, quien subraya lo difícil que es vivir de esta forma. “Uno se siente menoscabada e impotente porque yo por lo menos me he tenido que conseguir plata para comprar agua. A veces no alcanzo a recibir el fin de semana y tengo que estar pidiendo a los vecinos si me pueden vender. Es súper penoso tener que estar en esa situación”, sostiene.

Un relato parecido es el que expresa la presidenta de una de las juntas de vecinos en la parcela 33, Jésica Mery, quien asegura que “yo tenía que ir a lavar a la casa de ella y por hacer ese trayecto con la ropa me quebré un pie. Imagínese la impotencia que tenía de no poder hacer nada”.

Sin duda, estos problemas no sólo comprometen la dignidad de las personas, sino también la constante preocupación, la angustia de ver su hogar deteriorado ante la sequía y las condiciones a las que tienen que adaptarse.

Todo eso, ha ido en menoscabo de la salud mental y física de cada vecino, sin distinción de edades.

UN ALTO COSTO ECONÓMICO                                                                  

Además de todas las aristas ya descritas en las que se ven afectados los vecinos de Alfalfares, también está presente el fuerte golpe económico que implica para cada uno tener que comprar agua para todo uso.

Y es que no sólo es agua potable para consumo humano, sino que es un recurso que se necesita para el baño y el aseo personal, para lavar ropa o para regar plantas.

En definitiva, es un fuerte golpe al bolsillo ante la necesidad de comprar cada semana una cantidad importante de bidones para sobrevivir, que en algunos casos, no son suficientes para cubrir sus necesidades.

Según comentan las vecinas, entre 160 y 200 mil pesos se pueden gastar para poder cubrir el suministro faltante, lo que resulta difícil de mantener a lo largo del tiempo.

Y más cuando hay muchos adultos mayores que sólo viven de sus pensiones y que deben restringir aún más su uso y consumo de agua debido al alto costo que implica su compra.

En esta línea, Ismaela Concha asegura  que está gastando aproximadamente 40 mil pesos semanales en agua, y que en algunas ocasiones suele ser incluso más.

En ese sentido, Carolina Moraga, secretaria del comité, puntualiza que el agua “no es para llenar piscinas ni botarla. Queremos agua para vivir. Nosotras nos comprometimos a esto voluntariamente por nuestros vecinos y nosotros mismos, pero también es un trabajo demandante. Yo renuncié a mi trabajo por esto, porque lo necesitamos”.

En el caso de Jésica Mery, el año pasado tuvo que hacer una inversión de 5 millones de pesos para poder ampliar un poco más su pozo, pero de todas formas esta costosa solución ya expiró, pues éste nuevamente quedó sin agua.

SOLUCIONES A CORTO Y LARGO PLAZO

Desde el comité subrayan que han tenido varias reuniones con las autoridades, entre ellas, con la Municipalidad de La Serena, la Superintendencia de Servicios Sanitarios, SUBDERE  y Aguas del Valle.

Al respecto, la presidenta del comité, Pamela Olivo, se muestra optimista pues, asegura, ya se está cimentando el camino hacia una pronta solución. Además, destaca la buena colaboración de las autoridades y el compromiso de las mismas con la búsqueda de soluciones a corto, mediano y largo plazo.

Respecto a la intervención del municipio, la dirigente explica que las parcelas donde habitan son terrenos privados, por ende, a la administración  comunal no le corresponde intervenir ni invertir en ello, pero de todas formas, están apoyando a los vecinos para mejorar pronto su situación.

En relación a posibles soluciones, Olivo indica que “se están haciendo todas las gestiones para ver si se puede ampliar el área de concesión de Aguas del Valle, que será un proceso largo pero definitivo. Pero hoy lo que nos mueve realmente es conseguir urgentemente agua para la parcela 33 y 35-A que están en crisis hace dos años. Hoy nos organizamos para empezar a trabajar esa emergencia”.

En ese sentido, se presentaron varios proyectos ante el municipio, y entre ellos se menciona a una minera vecina que cuenta con pozos de agua cercanos a la localidad. El fin de incluirlos en su proyecto, explica, busca solicitar a la empresa apoyo en el suministro de agua a las familias afectadas, mientras se trabaja en una solución permanente. Por ahora, sólo resta esperar los procesos legales y burocráticos que debe cursar cada decisión tomada.

UNA NUEVA RED DE APOYO

Es un hecho que la situación que se está viviendo en Alfalfares es lamentable. No obstante, algo que resalta frente a cualquier dificultad es la unidad y la importante red de apoyo que se conformó entre los residentes del lugar.

La presidenta del comité comenta que previo a la creación de éste, no se conocían entre ellos y no se les pasaba por la mente preocuparse de la realidad que estaban viviendo otros residentes.

El haberse acercado por una causa tan importante como garantizar un recurso vital, les permitió formar fuertes lazos comunitarios y sobre todo, entre las mujeres que están llevando este proceso a cabo.

Por ejemplo, las jornadas en que se dedican a hacer pancartas y material para difundir información, se transformaron en agradables tardes donde mujeres y niños comparten a través del vínculo solidario.

Con churrascas y mateadas, pasan tardes completas compartiendo y dándose apoyo mutuo en medio de las complejidades que aquejan a esta comunidad.

Finalmente, también reconocen entre ellas la fortaleza y la capacidad que han tenido como mujeres, sostenedoras de hogares, cuidadoras y trabajadoras, para liderar a las 200 familias y canalizar sus necesidades para llevarlas a buen puerto.

No es un trabajo fácil, pero vale la pena cada segundo por conseguir agua y dignidad para esta localidad.