la disconformidad de la sociedad que terminó desbordada
El Estallido Social: Angustia, sorpresa y la batalla por el resguardo
El Estallido Social de octubre de 2019 sacudió fuerte a Chile y la Región de Coquimbo no fue la excepción. La ola de protestas, pero también de violencia y vandalismo, tomó por sorpresa a las autoridades políticas de la época, a las familias y principalmente al comercio, que debieron enfrentar una situación para la cual no estaban preparados.
A más de cinco años de los hechos, dos protagonistas de aquellos días como el exseremi de Gobierno, Ignacio Pinto Retamal; el presidente de la Cámara de Comercio de La Serena, Carlos Orrego y un profesional, Eduardo Dinamarca, recuerdan cómo se vivió la crisis en la zona.
Ignacio Pinto, quien ejercía como vocero de Gobierno en la administración regional del entonces presidente Sebastián Piñera, relata la virulencia con que la crisis irrumpió en la capital regional y recuerda que el día que estalla todo se encontraban en una reunión en la intendencia, junto a la Intendenta, Seremis de infraestructura crítica y las policías, analizando si la violencia que se registraba en Santiago podría replicarse en la zona.
“Estando en plena reunión y dándonos cuenta que no había mayor aviso, alerta, en pocos minutos un grupo de manifestantes sale del partido que había terminado en el estadio de La Portada, se dirige hacia la intendencia, comienza a apedrearla, a atacarla, a vandalizar y a lanzar objetos contundentes con personas incluso ingresando o tratando de ingresar a la intendencia,” relata Pinto.
El ataque fue, en sus palabras, “totalmente sorpresivo”, obligando a la autoridad a evacuar el lugar. Este primer acto violento les dio cuenta de “algo totalmente irracional” y de un “vandalismo que no se había visto en la región,” para el cual ni Carabineros ni el equipo político estaban preparados.
La principal preocupación, según el ex Seremi, era la escalada de la violencia. La reunión de emergencia se enfocó en solicitar el estado de excepción constitucional ante los inminentes focos de incendios y saqueos en supermercados y tiendas.
Pinto subraya la complejidad de la situación, donde grupos de personas tan diversas surgían en distintos lugares y las protestas pacíficas eran rápidamente instrumentalizadas para generar actos violentos. Un factor que, a su juicio, agravó la situación fue la falta de condena clara. “Cuando la sociedad civil no era capaz de condenar actos de ese tipo con dureza, incluso desde distintos sectores políticos se festinaba o se celebraba que este tipo de situaciones ocurrieran, era extremadamente complejo poder contrarrestar esa ola de violencia”, señala.
Finalmente concluye que nadie imaginó el nivel de violencia que enfrentaría la región. “Lo vimos con mucha angustia y con mucho... yo diría, más que nada, angustia respecto a cómo qué es lo que viene, qué es lo que va a suceder, cómo se va a enfrentar esto, cómo va a terminar todo esto”, reflexiona Pinto, resumiendo el sentir de la autoridad ante una crisis cuyo fin no se lograba vislumbrar.
RESISTENCIA DEL COMERCIO
Desde la vereda del sector privado, Carlos Orrego, presidente de la Cámara de Comercio de La Serena (en esa época no era presidente), recuerda el estallido como una etapa de gran riesgo para los empresarios y sus colaboradores. “Estuvimos en mucho riesgo”, plantea, por los robos, saqueos, incendios y a lo que podía pasar con ellos, “con nuestra integridad y la integridad física de parte de nuestros colaboradores igual,” detalla.
Dice que el sector enfrentó el desafío con unidad, resguardándose y coordinándose estrechamente con las autoridades, especialmente Carabineros y el Gobierno Regional. Orrego menciona que entendieron rápidamente que las fuerzas policiales se vieron sobrepasadas, por lo que todo apoyo de la sociedad civil y el comercio era bienvenido.
Durante los desórdenes, el presidente de la Cámara de Comercio observó una diversidad de actores: “Vimos mucha gente que no era de acá, veíamos gente involucrada políticamente, pero también veíamos mucha delincuencia.”
El dirigente del comercio identifica dos puntos de inflexión que, a su parecer, que marcaron un antes y un después en la intensidad de las manifestaciones en La Serena: lo ocurrido en el Hotel Costa Real y en el edificio de la Seremi de Educación, dice que después de ese peak de violencia las vandalizaciones empiezan a bajar y la pandemia finalmente la apaga. Recuerda también una de las tardes más duras, cuando una turba de manifestantes y delincuentes desmantelaron una joyería y otros negocios.
Otra visión tiene el abogado Carlos Matamala, quien se había titulado hacía poco tiempo, por lo que señala que “vi muchas marchas pacíficas que reivindicaban cosas malas que afectaban a la gente, pero después se vieron sobrepasadas algunas por la delincuencia”.
Según su opinión, “hubo un desborde de delincuencia nunca antes visto en el país y los responsables de la desigualdad que provoca todo esto, estaban bien resguardados”.