A SUS 43 AÑOS LLEVó AL “BARBÓN” A LO MÁS ALTO DEL FÚTBOL CHILENO

Esteban González, el arquitecto del sueño aurinegro

El técnico de Coquimbo Unido condujo con calma, método y humanidad el camino hacia el primer título de Primera División en la historia del club.
FOTO: Cristian Silva
FOTO: Cristian Silva
lunes 03 de noviembre de 2025

La ciudad-puerto amaneció envuelta en banderas, bocinazos y emoción contenida. Coquimbo Unido es campeón del fútbol chileno y detrás de esa conquista histórica hay un nombre que se repite con respeto y admiración: el de su entrenador Esteban González, un hombre que transformó a un grupo de buenos jugadores en un equipo sólido, disciplinado y con alma de campeón.

Desde su llegada, el “Chino” impuso una idea basada en orden, intensidad y compromiso colectivo. No buscó deslumbrar con posesiones interminables ni fórmulas extravagantes. Su equipo fue eficaz, directo y tremendamente competitivo. “Los jugadores han demostrado carácter, humildad y una tremenda disposición al trabajo. Ese ha sido nuestro mayor logro. Más allá del título, me enorgullece ver cómo el grupo se ha consolidado humana y futbolísticamente”, expresó el técnico.

Coquimbo Unido fue campeón a su manera. Con no más de  41% de posesión promedio por partido, aunque,  también, es el más efectivo. Su fortaleza estuvo en la transición rápida, la presión medida y la solidaridad defensiva, un triángulo táctico que le permitió recibir solo 12 goles en 26 encuentros, el mejor registro de toda la competencia.

Mientras otros elencos buscaban dominar desde la pelota, los piratas dominaron desde la estructura y la convicción. Cada línea sabía qué hacer, cada jugador entendía su rol. “Sería fácil decir ‘yo hice esto’, pero esto no depende de mí. Aquí la institución está por sobre todas las cosas. Rodearse de buenas personas y trabajar por un objetivo común ha sido clave”, subrayó González, destacando a su cuerpo técnico y al plantel completo.

Leer también: Los héroes del Pirata: Los jugadores clave en la histórica campaña del campeón coquimbano

EL VALOR DE LO HUMANO

En medio de la euforia por el título, González se permitió una confesión personal. Durante más de dos años vivió solo en Coquimbo, lejos de su familia que permanecía en Concepción, sacrificio que definió como “el costo invisible del fútbol”.

“Volver a estar con mi hija, acompañarla al colegio, compartir el día a día… eso me llena de energía. La familia es un pilar fundamental. Si uno está bien en su casa, también rinde en el trabajo. Y eso vale para todos en el plantel”, relató con serenidad.

Esa visión humana, coherente con su discurso, ha sido uno de los sellos más reconocibles de su gestión. En un medio donde la presión suele devorar proyectos, González construyó un grupo con salud mental, confianza y respeto mutuo. “Trabajamos con personas, no con números. Si el plantel está bien emocionalmente, todo fluye mejor. Esa ha sido una base esencial para competir 26 fechas seguidas sin perder la concentración”, explicó.

Más sereno, con la copa ya en las manos y el eco del Sánchez Rumoroso todavía vibrando en el aire, Esteban González se tomó unos minutos para cerrar el círculo. Esta vez, ya sin la tensión del torneo, respondió una pregunta que había quedado pendiente semanas atrás, cuando su equipo comenzaba a perfilarse como candidato al título: ¿cuándo sintió que Coquimbo Unido estaba para ser campeón?

El técnico no dudó en mirar hacia atrás y rescatar el detalle invisible que, según él, marcó la diferencia.

“Uno de los puntos fue notar el compromiso total de los jugadores. La tarea era difícil porque otros equipos tienen planteles de 34 o 35 jugadores. Nosotros competimos con menos, pero con un grupo que creyó desde el primer día”, comenzó relatando el “Chino”.

Fiel a su estilo, González evitó los discursos triunfalistas. Su mensaje volvió a centrarse en la constancia, la planificación y la convicción colectiva.

“Nuestro foco fue siempre el mismo, de ir partido a partido. Una cosa es decirlo y otra es vivirlo. Este equipo no tiene techo y no tiene límites”, enfatizó con calma, reflejando la misma serenidad que lo acompañó durante toda la campaña.

El técnico agregó que la gesta del Pirata tiene un valor especial por la magnitud del desafío. “Competir de la forma en que lo ha hecho este grupo no es fácil. Le di un abrazo a todos. Esto no pasa todos los días. Enfrentamos equipos con planillas tres o cuatro veces superiores, y este equipo se rebeló”, sentenció.

EL PARTIDO QUE LO CAMBIÓ TODO

Entre los recuerdos de la temporada, González identificó el duelo del 31 de marzo ante Audax Italiano como un punto de inflexión.

“Ese día ganamos 2-1 y nos hicieron un gol en los descuentos. Entré al camarín y los vi a todos enojados, molestos, tristes. Y ahí entendí que el grupo tenía un hambre distinta. No se conformaban con ganar, querían ser mejores cada fecha”, recordó.

Aquella autocrítica interna, transformada en motor competitivo, fue -según el DT- el signo más claro de que Coquimbo estaba listo para pelear el título.

“Les dije que el Napoli en 2024 tuvo 19 vallas invictas. Nosotros queríamos hacer lo mismo. Los muchachos se enojaban porque el rival nos pateaba al arco. Ahí supe que este equipo iba a competir siempre”, añadió.

EL MÉRITO DE LOS JUGADORES 

Lejos de atribuirse protagonismo, González cerró su intervención con la humildad que lo caracteriza.

“Esto se lo han ganado los jugadores. Ellos sostuvieron la idea, el esfuerzo, la entrega. Lo que venga después será otra historia. Hoy hay que disfrutar esto”, expresó, mientras el estadio seguía coreando su nombre.

El “Chino” González habló con la serenidad de quien no solo consiguió un título, sino que construyó una identidad. En su voz hay orgullo, pero también gratitud.

DE TERCERA B AL CIELO DEL FÚTBOL CHILENO

La historia de González también tiene tintes de fábula. Comenzó su carrera como técnico en 2018, en Deportes Concepción, en la Tercera División B. Desde entonces, avanzó paso a paso, sin saltos abruptos, aprendiendo del trabajo diario y del sacrificio silencioso. Hoy, siete años después, levanta una copa de campeón de Primera División.

Su mirada hacia el futuro, sin embargo, se mantiene prudente. Aunque aún no tiene contrato para la temporada 2026, evita hablar de renovación. “Sería egoísta pensar en mi futuro personal cuando estamos viviendo algo tan importante. Mi foco está en el equipo, en los jugadores y en terminar bien el torneo. Después se verá. Estoy feliz y entregado por completo a la institución”, señaló, anunciando que recién al término de la temporada, el 7 de diciembre, le pondrá el foco a su futuro.