problemas financieros golpean al recinto
Crisis en el Hospital San Pablo: suspenden cirugías y aumentan listas de espera
Inquietud existe en el Hospital San Pablo de Coquimbo debido a una profunda crisis financiera que atraviesa el recinto desde agosto. Según denuncian funcionarios, ha debido operar con recursos mínimos debido al agotamiento del presupuesto anual, situación que ha desencadenado suspensión de cirugías, falta de insumos esenciales y un clima de preocupación transversal entre pacientes y trabajadores de la salud.
El jefe del Servicio de Cirugía del hospital, doctor Marco Antonio Rojas, describe un escenario crítico y sin precedentes. “El hospital tiene un problema financiero grave. El presupuesto se había acabado por agosto. Empezamos a usar las cosas que iban quedando, pero ya a esta altura no nos quedan insumos para cirugía vascular”, señala. Esta carencia ha derivado en la suspensión de procedimientos en áreas tan sensibles como traumatología y neurocirugía, lo que repercute directamente en la acumulación de pacientes en lista de espera.
“Esto implica que la lista de espera aumenta, que la gente se complica y que la resolución de sus enfermedades se retrasa. El ánimo de los colegas se resiente, el interés por trabajar se va anulando”, agrega el cirujano, advirtiendo que el desgaste emocional y laboral del personal se ha agudizado frente a un problema que —insiste— era previsible.
Según Rojas, la dirección del hospital y el Servicio de Salud estaban en conocimiento del inminente agotamiento presupuestario. “Hace tres meses se dijo que el presupuesto se iba a acabar, se sabía. Desde agosto empezamos a usar insumos que iban quedando, pero llegamos al tope y ahora no hay más presupuesto para comprar lo necesario para operar”, afirma.
Pero la falta de insumos no solo afecta a las cirugías. El médico advierte que otras áreas clínicas también enfrentan dificultades para garantizar medicamentos y tratamientos básicos. “Todo el hospital está sintiendo esto y no ha habido respuesta. No sé si falta voluntad o interés, pero estamos en un atolladero. Al final, los que damos la cara frente a los pacientes somos nosotros, el personal de salud”, lamenta.
El profesional añade que el problema tiene raíces estructurales en la forma en que se financian los hospitales públicos, pues las prestaciones están subvaloradas desde hace décadas. “Si atender a un paciente cuesta 1.000 pesos por ejemplo, el Estado devuelve $600 o $700. Esa brecha genera deudas acumuladas. Antes los presupuestos alcanzaban hasta noviembre, pero este año se acabaron meses antes”, contextualiza.
A ello se suma el encarecimiento de la tecnología médica y el aumento sostenido de la demanda asistencial. Uno de los hechos más recientes y que golpeó al funcionamiento hospitalario fue el retiro de cajas de traumatología en comodato por parte de un proveedor, debido a facturas impagas. “Eso significa que no podremos operar al menos por dos semanas. Todo esto entorpece la labor del hospital y afecta directamente a la urgencia”, advierte.
En cuanto al impacto en los pacientes, Rojas es claro: “hay molestias, mucha frustración. Algunas personas, nuestros pacientes llevan meses esperando”. Eso sí, aclara que la crisis en materia de salud y las listas de espera son un problema estructural en el ámbito de la salud y que esta crisis financiera solo vino “a dar el golpe final”.
Pese al panorama, el jefe de cirugía recalca que la población no debe interpretar esta situación como una falta de compromiso del personal de salud. “Estamos en la trinchera, trabajando con lo que tenemos. No es un problema de los médicos, sino de que no se entregan los insumos necesarios para cumplir lo que la ley nos encomienda”, plantea, insistiendo en que las autoridades deben transparentar las cifras y reorientar recursos con urgencia.
“EL PROBLEMA ESLA DEUDA DE ARRASTRE”
Consultado por la situación, el director del Servicio de Salud Coquimbo, Ernesto Jorquera, reconoce las dificultades, aunque plantea una mirada diferente sobre las causas. “Cuando se hace el presupuesto de apertura, debemos hacernos cargo del arrastre, es decir, la deuda generada el año anterior o incluso años anteriores. Esa deuda ocupa parte del presupuesto asignado para el nuevo año”, explica.
Jorquera sostiene que, desde esa perspectiva, el problema no es solo la asignación presupuestaria, sino la obligación de cubrir compromisos previos. “Durante el año hemos recibido los recursos necesarios para gestionar la operación, pero la deuda de arrastre disminuye nuestro margen. Eso nos constriñó ya desde septiembre”, afirma.
Sin embargo, asegura que se han tomado medidas. “Con el Ministerio de Salud y el Ministerio de Hacienda hemos entregado recursos adicionales para ampliar la capacidad operativa. Esta semana ya le entregamos un volumen de recursos al hospital de Coquimbo”, confirma, señalando que ello permitiría enfrentar con mayor estabilidad lo que queda del año.
El director también destaca que la crisis ha impulsado una revisión profunda de los procesos de compra y contrataciones. “Estamos mirando muy bien cómo estamos comprando, para buscar mayor eficiencia. Evitar tratos directos, que suelen ser más caros, es una prioridad”, sostiene.
Jorquera reconoce que 2026 también será un año desafiante, pero anticipa que el sector salud tendrá un presupuesto mayor que otros ministerios, con foco específico en la demanda hospitalaria. “Seguiremos trabajando con fuerza para enfrentar lo que viene”, concluye.
El llamado de los equipos clínicos es claro: transparencia, recursos y soluciones urgentes. Porque, como advierte el doctor Rojas, “la salud no puede esperar hasta que llegue enero”.