Chile y la Región con cifras preocupantes

Costo de la vida y miedo a ser padres: los factores clave en la baja natalidad

Un desplome sin precedentes en las tasas de fecundidad sitúa al país como un caso emblemático a nivel global. Los especialistas apuntan a causas como la falta de corresponsabilidad, los costos prohibitivos de la crianza y la penalización laboral a la maternidad como una barrera invisible que inhibe a las nuevas generaciones a formar familia.
viernes 28 de noviembre de 2025

Estudios indican que para 2100, más del 97% de los países tendrá tasas de fecundidad por debajo del nivel de reemplazo necesario para mantener el tamaño de la población. 

En este contexto global, Chile emerge como un caso emblemático y extremo cuyas tasas de natalidad han tenido un complejo descenso estos últimos años y nuestra Región de Coquimbo no está alejada de ellas.

Al respecto, Mónica Rojo Cortés, primera directora nacional del Colegio de Matronas e integrante de la Mesa de Natalidad del MINSAL, afirma que “Chile es el país que ha tenido un descenso más brusco de la tasa de fecundidad a nivel mundial”. 

Según Rojo, las causas son un cóctel de factores económicos y culturales: el aumento del costo de la vida, la precarización laboral, el endeudamiento y transformaciones culturales que priorizan los proyectos personales sobre la maternidad tradicional.

En ese sentido, para la dirigente de las matronas la urbanización también influye, con “guetos verticales” que ofrecen espacios reducidos y carencia de áreas verdes para la crianza. A esto se suma el éxito de las políticas de planificación familiar, que choca con estas nuevas realidades. 

“Contar con una política que reconoce los derechos sexuales y reproductivos ha permitido una mayor planificación, pero este logro se enfrenta a las trabas ya descritas”, explica Rojo, quien también está a cargo de la Unidad de Salud Sexual y Reproductiva de la municipalidad de Coquimbo.

El acceso a métodos anticonceptivos ha sido clave dice Rojo, agregando que,  por ejemplo, las vasectomías han aumentado casi un 900% en la última década. Sin embargo, este control contrasta con lo que la socióloga Martina Yopo denomina “infertilidad estructural”: la falta de condiciones sociales y estructurales para que las personas puedan tener y criar hijos.

DOBLE ROL

El cambio cultural que permitió a la mujer incorporarse al trabajo también generó una recarga con un doble rol que sigue recayendo sobre ella. Las nuevas generaciones crecieron viendo a sus madres agobiadas por el cuidado del hogar y los hijos, además de trabajar. Hoy, las mujeres son más conscientes de las desigualdades de género y de cómo el mercado laboral y la educación superior las penalizan si eligen la maternidad.

Pero para el Dr. Enrique Oyarzún, gineco-obstetra de la Clínica Universidad de los Andes, existen otros factores menos visibles. “La generación actual tiene otras prioridades. Muchas parejas jóvenes incluso se esterilizan porque están seguras de no querer hijos”, afirma. Oyarzún también identifica un “temor a ser padres”, miedo a la responsabilidad y a posibles enfermedades de los hijos. Además, apunta a un fenómeno observado en Europa: mujeres con alto nivel educativo que no encuentran parejas intelectualmente  equivalentes y prefieren permanecer sin hijos.

POSTERGACIÓN DE LA MATERNIDAD

Esta situación sin embargo, tiene consecuencias médicas.

Así lo indica  Luciana Guamán Vega, jefa de la Unidad de Salud Sexual y Reproductiva del Servicio de Salud Coquimbo, quien afirma que la mujer chilena tiene su primer hijo alrededor de los 30 años o después. 

Además, el Dr. Oyarzún advierte que, con la edad, disminuye la fertilidad, aumentan las patologías asociadas al embarazo y se incrementa el riesgo de alteraciones cromosómicas en el feto.

Y si bien, en Chile se han implementado medidas como el posnatal de seis meses, permisos parentales, el programa Chile Crece Contigo y la ley de pago efectivo de pensiones de alimento, los expertos coinciden en que estas iniciativas son insuficientes para un desafío de esta magnitud. 

Además, el anuncio del Presidente Boric de un proyecto de ley para garantizar el acceso a la fertilización asistida –ante la estimación de la OMS de que una de cada seis parejas enfrenta problemas de infertilidad– aún no se concreta, y los costos para acceder a ella siguen siendo prohibitivos.

POLÍTICAS DE APOYO FAMILIAR

Por eso, la solución, según los expertos, requiere de una batería integral de políticas de apoyo a la familia que faciliten la conciliación laboral y familiar. Entre las propuestas clave se incluyen licencias de maternidad y paternidad extendidas, acceso universal a sala cuna, apoyo económico directo para la crianza, fomento de la corresponsabilidad parental y fortalecimiento de redes de apoyo para combatir la “crianza solitaria”.

En ese sentido, Mónica Rojo propone además modernizar el Programa de Salud Sexual y Reproductiva, cuyo enfoque actual es “predominantemente preventivo y biomédico”. Al respecto, sugiere reorientar el trabajo de matronas y matrones hacia el aumento de la tasa de natalidad, con una consejería que no solo informe sobre anticoncepción, sino que también muestre los beneficios y riesgos asociados a la maternidad. Actualmente, menos del 10% de las prestaciones se dedican al control preconcepcional, mientras que casi el 84% se destina a la regulación de la fertilidad.

POBLACIÓN DE MAYOR EDAD

Y es que las consecuencias de no actuar ya son graves. 

Según el Dr. Oyarzún en 20 años más, 3 de cada 10 chilenos tendrá más de 80 años y 4 de cada 10, más de 60. Esto implica una masa laboral reducida, menos productores para financiar pensiones y una población envejecida con enfermedades crónicas de alto costo.

Luciana Guamán agrega que hace cincuenta años, el número promedio de hijos por familia era de cinco. “En cambio, en el año 2024, en nuestro país, con suerte, llegamos a una tasa de alrededor de un hijo por mujer, o incluso menos. Según las últimas estadísticas, somos el segundo país con la tasa de fecundidad más baja. Ahora bien, debemos tener claro que existe libertad en los derechos sexuales y reproductivos para que cada mujer decida cuándo desea embarazarse. No obstante, esta es una preocupación que debe incorporar a todos los actores de la sociedad, porque si continuamos por este camino, tendremos un impacto directo en los cuidados de las personas mayores: ¿quién será la fuerza productiva del país? Y por qué no decirlo: ¿cómo se va a sostener el sistema de pensiones?”, advierte la matrona del Servicio de Salud Coquimbo.

Por cierto, Mónica Rojo descarta que la migración pueda resolver el problema a largo plazo, ya que esas familias enfrentarán las mismas dificultades estructurales en el futuro.

El desafío para Chile, por tanto, es monumental: requiere un cambio de paradigma que coloque la crianza en el centro, no como una responsabilidad individual, sino como un pilar fundamental para la sostenibilidad de la sociedad. El tiempo para actuar, advierten los expertos, se agota rápidamente.