CIENCIA
"Modo papá": el cerebro de los hombres se transforma tras el parto
Durante décadas se consideró que solo las mujeres experimentaban cambios físicos y biológicos durante la dulce espera. Se creía que, mientras la madre era moldeada por las hormonas, el padre permanecía intacto, limitándose a aprender un rol social. No obstante, la ciencia moderna ha demostrado que esta percepción está alejada de la realidad, confirmando que el cerebro masculino atraviesa una transformación profunda tras el nacimiento de un hijo.
Aunque el hombre no gesta en su propio cuerpo, su cerebro desarrolla el denominado "modo papá", un estado que requiere de tiempo y condiciones específicas. De acuerdo con datos publicados por el medio Corriere della Sera, las investigadoras Katherine Wynne-Edwards y Anne Storey demostraron en el año 2.000 que los padres presentan niveles de testosterona considerablemente más bajos que aquellos hombres sin hijos. Esta reducción comienza incluso en la gestación si la pareja está involucrada afectivamente.
La biología detrás de este cambio es fascinante. Investigaciones citadas por El País indican que las feromonas de las mujeres, transmitidas por la piel y el sudor, influyen directamente en el futuro padre. Esto provoca que la testosterona baje hasta un 33% y la prolactina aumente en más de un 20% hacia el final del embarazo. La doctora Susana Carmona, referente del grupo Neuromaternal en el Instituto de Investigación Sanitaria Gregorio Marañón, señala que estos ajustes reducen el deseo sexual y agudizan el oído frente al llanto del lactante.
"El padre no nace; el padre se hace. Vive cambios en su cerebro, pero suceden por el entorno: primero, acompañando a la madre, y segundo y más importante, por la interacción con el bebé", enfatiza la doctora Carmona sobre el origen de estos cambios.
Además de la química hormonal, el cerebro sufre cambios estructurales. Un estudio conjunto del Instituto de Salud Carlos III de Madrid y la University of Southern California reveló que los padres primerizos experimentan una reducción en el volumen de su materia gris. Este proceso de plasticidad neuronal no debe entenderse como una pérdida de capacidad, sino como una optimización: el cerebro elimina conexiones redundantes para fortalecer aquellas dedicadas a la empatía y el cuidado social.
Este fenómeno de "afinamiento" neuronal ocurre principalmente en la corteza cerebral, permitiendo al hombre ser más rápido al interpretar lo que su bebé necesita. Por otro lado, la corteza visual también se adapta, volviéndose más reactiva según los resultados de resonancias magnéticas. Esta evolución permite que el progenitor detecte de forma inmediata cualquier cambio mínimo en la expresión del niño, consolidando una respuesta biológica eficaz para la crianza y el vínculo afectivo.