Patrimonio popular y memoria colectiva

Las animitas que mantienen viva la fe popular en Coquimbo

La “Ánima del Quisco”, Marité y la suplementera Hilda Navarro son parte de las historias más conocidas de devoción popular en la comuna puerto. Entre tragedias, milagros y agradecimientos, sus santuarios se han convertido en lugares de peregrinación y memoria colectiva.
La animita de Hilda Navarro es una de las más visitadas y cuenta con muchas placas que agradecen los favores concedidos. (Foto: Oscar Rosales)
La animita de Hilda Navarro es una de las más visitadas y cuenta con muchas placas que agradecen los favores concedidos. (Foto: Oscar Rosales)

Las animitas forman parte de la identidad popular y cultural de Coquimbo. En distintos sectores de la comuna puerto existen pequeños santuarios levantados en memoria de personas fallecidas trágicamente, lugares donde vecinos y visitantes no solo dejan dinero, flores o velas, sino que también realizan oraciones y peticiones de favores o milagros.

Aunque existen varias animitas reconocidas en la comuna, hay tres que destacan por su historia, nivel de devoción y arraigo popular: la “Ánima del Quisco”, la animita de Marité y la de Hilda Navarro, conocida como la suplementera.

La más antigua es la “Ánima del Quisco”, ubicada en la Parte Alta de Coquimbo. Se trata de un santuario popular que recuerda a una persona fallecida trágicamente en 1913, cuyo cuerpo fue encontrado entre peñascos y arbustos cuando el sector aún era un cerro semidespoblado.

Con el paso de los años, la historia se transformó en leyenda. Según el relato transmitido oralmente por generaciones, el cadáver hallado en el lugar nunca pudo ser identificado y las circunstancias de su muerte variaban según quien contara la historia: algunos hablaban de un asalto, mientras otros atribuían el hecho a una trágica partida. Sin embargo, lo que más marcó la memoria de los habitantes fue la supuesta aparición de una misteriosa luz en el sitio después del hallazgo, fenómeno que llevó a los vecinos a levantar una pequeña gruta.

Desde entonces, el lugar comenzó a recibir visitas de pescadores y familias que acudían para pedir protección, especialmente para quienes trabajaban en el mar. Con el tiempo, la animita fue adquiriendo fama de milagrosa y terminó convirtiéndose en parte del patrimonio inmaterial de Coquimbo, al punto de dar nombre al sector conocido actualmente como “Ánima del Quisco”, además de inspirar el nombre de un club deportivo local.

Otra de las animitas más visitadas corresponde a la de María Teresa Campusano Alquinta, conocida cariñosamente como “Marité”. Su historia está marcada por uno de los crímenes más impactantes registrados en la comuna.

El 18 de septiembre de 1989, en medio de las celebraciones de Fiestas Patrias en La Pampilla de Coquimbo, la niña de apenas ocho años fue secuestrada mientras dormía en un vehículo junto a su hermano. Horas más tarde, su cuerpo fue encontrado en la ladera del cerro, tras haber sido víctima de violación y asesinato. El caso causó conmoción nacional y dejó una profunda huella en la comunidad coquimbana.

El responsable del crimen fue Gustavo Justo León, de nacionalidad peruana, quien recibió condena de presidio perpetuo, aunque actualmente se encuentra prófugo.

Tras la tragedia, vecinos y familias comenzaron a visitar el sitio donde fue encontrado el cuerpo de la menor. Allí levantaron una cruz y posteriormente una gruta en su memoria, dando origen a una animita que con el tiempo se transformó en uno de los lugares de devoción popular más importantes de Coquimbo.

Actualmente, el lugar recibe constantes visitas de personas que dejan juguetes, flores, velas y placas de agradecimiento por favores concedidos. Para muchos creyentes, Marité representa una figura protectora y símbolo de inocencia, transformándose con el paso de los años en parte de la memoria colectiva de la comuna puerto.

La tercera animita más reconocida corresponde a la de Hilda Navarro, conocida popularmente como “la suplementera”. Ubicada en calle Juan Antonio Ríos, en el límite entre el barrio Baquedano y el centro de Coquimbo, el lugar recuerda a la mujer asesinada en noviembre de 1992 por Marcelo Tobar, conocido como el “psicópata de Coquimbo”.

Con los años, el sitio se transformó en un verdadero santuario popular. Las paredes y estructuras que rodean la animita están cubiertas de placas de agradecimiento dejadas por personas que aseguran haber recibido favores o milagros tras encomendarse a ella.

Según relatan vecinos del sector, la primera muestra de devoción surgió poco tiempo después del crimen, cuando una mujer llegó a rezar por la salud de su hijo, quien permanecía internado en estado grave en el hospital de Coquimbo. Días después regresó al lugar con flores y velas para agradecer la mejoría del joven, instalando además una placa conmemorativa. Desde entonces, los agradecimientos comenzaron a multiplicarse, consolidando la creencia popular sobre el carácter milagroso de la animita.

Hoy, las tres animitas forman parte del paisaje urbano y espiritual de Coquimbo, reflejando historias marcadas por la tragedia, pero también por la fe popular y la memoria colectiva de generaciones de coquimbanos.