En Tierras Blancas
Fiestas clandestinas y delitos en condominio abandonado aterrorizan a vecinos
Lo que debía ser un proyecto habitacional para mejorar la calidad de vida de decenas de familias en el sector de Tierras Blancas, se ha transformado, literalmente, en la peor pesadilla de sus vecinos.
Y es que un complejo de departamentos que quedó a medio construir y que hoy luce una estructura esquelética y gris, es el epicentro de una crisis de seguridad que no da tregua.
El problema, que comenzó como una ocupación esporádica de personas en situación de calle, ha mutado en algo mucho más peligroso: fiestas clandestinas, focos de microtráfico y una base de operaciones para delincuentes que asolan el sector.
El relato de las víctimas
Producto de ello, el silencio que antes caracterizaba a las noches de este sector de de Coquimbo desapareció. Hoy, los fines de semana están marcados por la música a alto volumen, las fogatas y los gritos que emanan desde el interior de la construcción abandonada.
Ana María Prado, residente de la calle Neftalí Olivares, recuerda con nostalgia los días en que su barrio era un lugar seguro. “Cuando llegamos con mi familia, esto era muy tranquilo. Pero el abandono de esa construcción significó que comenzaran a llegar drogadictos y delincuentes. A algunas casas se han metido a robar y ahora ya ni siquiera podemos dormir por las fiestas que hacen. Nadie toma cartas en el asunto”, denuncia.
La agresividad de quienes ocupan el recinto es otro factor que alimenta el miedo. Pablo Ojeda, también vecino del sector, asegura que el diálogo es imposible. “Los tipos que llegan son extremadamente agresivos. Ni se te ocurra decirles algo porque reaccionan de inmediato con violencia e insultos. Se sienten dueños de un lugar que ni siquiera les pertenece”, comenta.
La sensación de inseguridad no es solo subjetiva, se respalda con cifras y hechos concretos. Inés Martínez, quien vive a un par de cuadras del complejo, relata una realidad alarmante, ya que en el último año ha sufrido el robo de su residencia en dos oportunidades. “Antes de que la construcción quedara botada, nunca tuve problemas de robos. Estoy segura de que se trata de la misma gente que pernocta en ese lugar”, afirma.
Recinto privado
Desde la perspectiva policial, el caso es complejo debido a la naturaleza del inmueble. El capitán Claudio Amigo, subcomisario de Tierras Blancas, explica que esta problemática se arrastra desde hace aproximadamente dos años.
“Se trata de un recinto privado. Desde hace dos años hemos sostenido diversas reuniones con los dueños de la empresa constructora, quienes en su momento se comprometieron a reforzar las medidas de seguridad y el cierre perimetral, pero hasta el momento eso no ha ocurrido”, señala el oficial.
A pesar de las limitaciones legales por tratarse de una propiedad particular, Carabineros ha mantenido una vigilancia activa. Según el subcomisario, los patrullajes permanentes han dado frutos, logrando la captura de personas con órdenes de detención vigentes (prófugos de la justicia) y detenciones por robo en lugar no habitado.
Sin embargo, hay un escollo judicial: el desinterés de los propietarios. “La problemática con los detenidos por robo en lugar no habitado es que, finalmente, la empresa dueña no se ha hecho cargo de las denuncias, lo que dificulta que el proceso judicial avance con fuerza”, advierte Amigo.
Además, aclara que las fiestas, aunque molestas, son consideradas técnicamente “incivilidades” y no delitos en sí mismos, aunque son el caldo de cultivo para hechos más graves.
Vigilancia áerea y presión municipal
La municipalidad de Coquimbo también ha tomado nota de la gravedad del asunto. Juan Diego García, director de Seguridad Pública, asegura que se han coordinado operativos junto a las policías para intentar mitigar el impacto en la comunidad.
“Hemos realizado vigilancia aérea con drones para identificar los puntos de acceso y la cantidad de gente. También hemos retirado a personas que se encuentran ilegalmente en las dependencias”, explica García.
El director municipal confirmó las denuncias ciudadanas sobre fogatas y fiestas clandestinas, señalando que actúan como “coayudantes” de la fuerza pública para desalojar a los intrusos dentro de sus facultades legales.
Tanto las autoridades policiales como municipales coinciden en que la participación vecinal es clave para mantener la presión. Desde el municipio hicieron un llamado urgente a los afectados para que sigan reportando cada incidente al fono de emergencia municipal 1420.
Mientras tanto, los vecinos de Tierras Blancas siguen esperando que los dueños del complejo abandonado sellen definitivamente el recinto o que la justicia actúe con mayor celeridad. Por ahora, este verdadero “condominio del miedo” sigue siendo una sombra amenazante en el corazón del barrio, donde la música a todo volumen y el humo de las fogatas son el recordatorio constante de un Estado y un sector privado que aún no logran devolverles la tranquilidad.