Por crisis de combustibles y sequía
Papas y tomates lideran las alzas: precios en las ferias libres siguen sin bajar
El aumento en el precio de frutas, verduras y otros productos de primera necesidad continúa impactando el presupuesto de las familias chilenas. Durante las últimas semanas, feriantes, municipios y autoridades han advertido que el incremento en el valor de los combustibles y los mayores costos de transporte están presionando los precios de los alimentos que llegan a las ferias libres, una situación que podría agravarse durante la temporada de invierno si se registran problemas de abastecimiento.
Pese a ello, las ferias libres continúan siendo el principal canal de abastecimiento de alimentos frescos para los hogares y, en la mayoría de los casos, mantienen precios inferiores a los del comercio establecido.
Así lo reflejan los reportes semanales de la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (ODEPA), que comparan los valores de frutas, verduras y otros alimentos entre ferias y supermercados, evidenciando que varios productos de temporada siguen siendo considerablemente más económicos en las ferias, aunque sus precios fluctúan según la estacionalidad, la oferta disponible y los costos logísticos.
En ese contexto, Juan Arancibia, quien vende frutas y verduras en la Feria Libre de La Antena, en La Serena, y también trabaja en otras ferias de la región, señaló que "está complicado económicamente hablando a nivel nacional, no solo en esta región. Por eso invitamos a que vengan a comprar a las ferias, porque tenemos precios más accesibles".
"Este escenario tiene que ver con el alza de los combustibles; eso nos ha afectado a todos los comerciantes. Antes una malla de cebolla costaba cuatro o cinco mil pesos, pero hoy cuesta ocho o nueve mil. Entonces, la gente que antes compraba dos o tres kilos, ahora compra solo uno", lamentó.
Además, Arancibia advirtió que "la sequía viene afectando desde hace bastante tiempo a la región y eso también influye, así que ojalá este año llegue el famoso fenómeno de El Niño Godzilla para que mejoren las cosechas".
Respecto de los productos más demandados, indicó que "lo que más se lleva es papas, cebollas, zanahorias, lechugas y espinacas, casi de todo. Lo que menos se vende es el limón, a pesar de que ahora está muy barato, a 500 pesos el kilo, mientras que el zapallo camote está a $2.500 el kilo".
Emiliano Cuello, quien lleva alrededor de diez años trabajando en la feria y actualmente vende diversos artículos de primera necesidad, también se refirió al escenario económico. "Las alzas nos han afectado mucho y, aunque la gente igual compra, lo hace de a poquito, uno o dos kilos, porque la plata está escasa", comentó.
Pese a ello, Cuello recalcó que "sigue siendo más conveniente comprar acá que en el supermercado, porque la gente se ahorra el pasaje y el viaje al centro".
Asimismo, Roberto Ramírez, quien trabaja desde niño en las ferias libres vendiendo frutas y verduras, sostuvo que "todos los años la feria va cambiando en precios y productos, pero sigue siendo el mejor lugar para que la gente venga a comprar".
"Gracias a Dios a mí me ha ido bien, porque me esfuerzo, me levanto temprano y siempre vendo verdura fresca, que es lo que busca la gente. En la feria de La Antena los clientes son muy exigentes, así que hay que ofrecer calidad y ajustar la ganancia según los precios", expresó.
Ramírez agregó que "esto es una rueda. Nosotros compramos productos de calidad para venderlos, igual como los agricultores los producen, pero ellos son quienes tienen el trabajo más sacrificado, porque deben enfrentar las plagas, el mal clima y muchas veces pierden mucha plata antes de poder vender su producción".
Clientes habituales
Durante un recorrido por la Feria Libre de La Antena, un equipo de Diario El Día comprobó que el impacto de las alzas no solo preocupa a los comerciantes. Los clientes habituales también reconocen que el presupuesto ya no alcanza como antes.
Sobre ello, el serenense José Contreras relató que "aunque en las ferias sigue siendo más barato que en los supermercados, igual han subido productos básicos como las papas, los tomates y las lechugas. Yo trabajo en Copiapó y allá es todavía más caro; por ejemplo, un kilo de tomate que acá puede costar $1.500, allá supera los $2.800".
"Mi mamá, que tiene 80 años, también me dice que ir a la feria ya sale caro y que los recursos económicos no alcanzan. Al final, este aumento de los precios impacta en el bolsillo de todos", agregó.
Por su parte, Nailan Valdivia advirtió que "el costo de la vida ha subido bastante y es un problema serio. Aunque uno entiende las causas de las alzas, cuando todo vuelve a la normalidad los precios no bajan, se mantienen. Aunque disminuyan los precios de los combustibles o se normalice el abastecimiento, las cosas siguen costando lo mismo. Pasó con la harina: el precio del quintal volvió a bajar, pero el pan nunca recuperó su valor anterior".
"Lo que no se entiende es por qué las autoridades no fiscalizan estas situaciones, porque los precios suben por la sequía, las lluvias o cualquier problema, pero después no vuelven a bajar. Mientras tanto, los ingresos no alcanzan, los reajustes son mínimos y el costo de la vida que reflejan los indicadores no representa la realidad que enfrentan las familias", remató.
"Este escenario tiene que ver con el alza de los combustibles; eso nos ha afectado a todos los comerciantes. Antes una malla de cebolla costaba cuatro o cinco mil pesos, pero hoy cuesta ocho o nueve mil. Entonces, la gente que antes compraba dos o tres kilos, ahora compra solo uno", Juan Arancibia, feriante