UNA TRADICIÓN QUE UNE GENERACIONES

Las historias que mantienen viva la pesca artesanal en Coquimbo

En el marco del Día Nacional de la Pesca Artesanal, hombres y mujeres de la caleta de Coquimbo compartieron sus historias y experiencias en torno a un oficio que, por generaciones, ha marcado la identidad costera de la Región de Coquimbo.
Cristian Silva
Cristian Silva
domingo 28 de junio de 2026

Cada 29 de junio se conmemora el Día Nacional de la Pesca Artesanal, fecha que coincide con la tradicional festividad religiosa de San Pedro, patrono de los pescadores, poniendo en valor el aporte de miles de hombres y mujeres que, generación tras generación, han hecho del mar su fuente de trabajo, identidad y sustento.

En una región con una profunda tradición pesquera como Coquimbo, la jornada también invita a reflexionar sobre los desafíos que enfrenta el sector, desde la sostenibilidad de los recursos hasta el recambio generacional y las condiciones necesarias para fortalecer una actividad fundamental para las economías locales y la seguridad alimentaria del país.

En el marco de esta conmemoración, el equipo de Diario El Día recorrió la caleta de Coquimbo para conversar con hombres y mujeres que han dedicado gran parte de su vida a esta noble labor.

Una vida en el mar

Al respecto, Luis Plaza, quien se dedicó durante 20 años a la pesca artesanal, aseguró que “la pesca artesanal es una aventura, porque uno no sabe si vuelve o no a casa. A veces está todo bien y, de repente, te puedes perder, porque la mar es muy traicionera y, en cualquier momento, se puede comer a los pescadores”.

“La mar se ha comido a miles de pescadores. No cualquiera puede dedicarse a esto, porque la pesca es arriesgada”, añadió.

Plaza también confesó que “a mí me gustaría volver a pescar, pero ya tengo mucha edad. Tampoco me gustaría volver a hacerlo como se hacía antes, porque cuando íbamos a pescar congrio, merluza o reineta, que hubo aquí alguna vez, era en sectores peligrosos, donde no había dónde guarecerse, porque es pura mar y, si el viento lo pilla a uno ahí afuera, lo puede hundir”.

Pese a ello, Plaza, quien actualmente trabaja como vendedor en la caleta, reconoció que “lo más lindo de esta profesión es que uno va al mar y trae el sustento para su familia”.

“Aunque estar allá afuera, en mar abierto, es una situación que solo uno conoce, porque la mar es traicionera. Esta es una profesión muy importante y ahora hay muchos adelantos que permiten ser más cuidadosos, porque si el pescador no se cuida, ahí está el peligro”, recalcó.

Por su parte, Arturo Segundo Villalobos, de 61 años, comentó que “llevo 52 años ejerciendo esta profesión. Me vino por herencia, porque desde que era chico venía a ayudar a mi papá, igual que muchos de mis compañeros”.

“Uno se queda aquí porque puede recibir una plata segura y, algunas veces, fácil, al menos para algunos de nosotros. Salimos en las tardes, ponemos las luces y empezamos a pillar jureles; otras veces, congrio y blanquillo, algunas veces con red, aunque ahora no la estamos usando porque hay muchos lobos marinos”, detalló.

El pescador explicó que “nosotros salimos desde las cinco de la tarde en adelante y podemos regresar a las 12 de la noche, a la una o incluso a las siete u ocho de la mañana, todo dependiendo de cómo esté la mar”.

A pesar de ello, Villalobos advirtió que “esto tiene sus riesgos, como el viento cuando la mar está mala, los lobos marinos, que también pueden tirarnos al agua, o los barcos. Todo influye, pero también tiene cosas lindas, como pillar pescado y ganar el sustento”.

Asimismo, el pescador artesanal José Romero, de 72 años y dedicado a esta actividad desde los 14, relató que “quise dedicarme a esto porque mi familia siempre vivió de la pesca, de la mar, de los congrios y los jureles. Todo en mi vida era pescado, todo era artesanal”.

“Este trabajo es duro, pero uno se endurece con el frío y con todo, incluso con los riesgos que hay en la mar. Ahora existen muchos adelantos que te avisan cuando el tiempo está malo; con el celular uno puede ver cómo está el viento y antes no. Salías con neblina, tiritando, sin saber para dónde ir o si podía aparecer un barco”, aseguró.

Sin embargo, Romero afirmó que “lo bonito de la mar es estar ahí, pillar pescado y llevar comida a la casa”.

“Todo en mi vida gira en torno a esto. He trabajado en construcción y en otras cosas, pero yo quiero estar en el mar. Por eso todavía no lo suelto; aunque ya estoy viejito, no lo quiero dejar”, agregó.

Actividades conexas

Junto a quienes se hacen a la mar, existe una amplia red de oficios que permite el funcionamiento de la pesca artesanal y que, en gran medida, es desempeñada por mujeres.

Se trata de las denominadas actividades conexas, labores realizadas antes y después de la captura que resultan fundamentales para la cadena productiva y que hoy cuentan con reconocimiento oficial a través del Registro de Actividades Conexas (RAC) de Sernapesca, fortaleciendo su visibilización y el acceso a programas de apoyo y certificación.

En ese contexto, Vania Ordenes Heredia, quien se dedica a diversas actividades conexas, señaló que “trabajo en esto desde 2017 y ha sido un gran aporte para mi vida, porque tengo independencia financiera, puedo compatibilizar mi trabajo con el tiempo junto a mis hijos y también he recibido mucho apoyo de mis compañeros para salir a la extracción de jibia, que es lo que más me gusta”.

“Son muchas las actividades conexas que se realizan antes y después de la pesca. Están las remendadoras, las fileteadoras y los maestros de ribera, que reparan las embarcaciones. Hay varios oficios y, por eso, es muy importante que se nos reconozca”, sostuvo.

 

Frases destacadas

“Llevo 52 años ejerciendo esta profesión. Me vino por herencia, porque desde que era chico venía a ayudar a mi papá, igual que muchos de mis compañeros”, Arturo Villalobos, pescador

“Todo en mi vida gira en torno a esto. He trabajado en construcción y en otras cosas, pero yo quiero estar en el mar. Por eso todavía no lo suelto; aunque ya estoy viejito, no lo quiero dejar”, José Romero, pescador