TRAS SEGUIDILLA DE SISMOS EN LATINOAMÉRICA
Advierten brechas en la protección de edificios históricos frente a futuros terremotos
Por Romina Onel.
La seguidilla de terremotos registrados durante los últimos días en distintos puntos de Latinoamérica y el cinturón de fuego del Pacífico, incluyendo el devastador sismo de magnitud 7,5 que afectó a Venezuela, volvió a instalar una pregunta inevitable para Chile: ¿están nuestras ciudades preparadas para enfrentar un evento de similar magnitud?
Y aunque especialistas han reiterado que estos movimientos no permiten predecir un gran terremoto en nuestro país, sí recuerdan que Chile concentra cerca del 90% de la actividad sísmica mundial al ubicarse sobre el contacto entre las placas de Nazca y Sudamericana.
En la Región de Coquimbo, esta amenaza adquiere un significado especial por la presencia de numerosos inmuebles patrimoniales y construcciones de adobe, cuya vulnerabilidad quedó en evidencia tanto en el terremoto de Punitaqui de 1997, de magnitud 7,1, que dejó ocho fallecidos, más de 300 heridos y miles de viviendas destruidas o dañadas, como en el sismo de magnitud 6,7 registrado en 2019 frente a Tongoy, que provocó dos víctimas fatales y daños en viviendas, establecimientos educacionales, iglesias patrimoniales y edificaciones antiguas.
La importancia de investigar
A casi tres décadas de esa emergencia, expertos plantean la necesidad de evaluar si las medidas de conservación implementadas desde entonces son suficientes para proteger el patrimonio regional frente a un futuro gran terremoto.
En ese contexto, el Director del Depto. de Ingeniería en Obras Civiles de la USerena, Dr. Jaime Campbell Barraza explicó que “la normativa sísmica chilena, tanto para estructuras convencionales como industriales, es muy exigente, ya que tiene parámetros que obligan a desarrollar un diseño sísmico seguro”.
“En el caso de estructuras convencionales, el llamado edificio típico chileno, que es una denominación conocida internacionalmente, suele tener una cantidad importante de muros de hormigón armado, a diferencia de lo acostumbrado en otros países”, agregó.
En cuanto a la conservación de edificios históricos y patrimoniales, el Director del Depto. de Arquitectura de la USerena, Alejandro Orellana enfatizó que “se debe recuperar el conocimiento vernáculo propio de los territorios. Por ejemplo, existen muchas edificaciones de adobe que han resistido muchos terremotos, debido a que incorporan mecanismos sismorresistentes, desarrollados de forma artesanal”.
El Doctor en Arquitectura y Urbanismo también señaló que “las edificaciones patrimoniales tienden a sufrir más daños por falta de mantención y descuido que por su composición estructural y considerando que la zona típica de La Serena tiene un alto porcentaje de edificios construidos con tierra, invertir en su mantenimiento y reparación es urgente para prevenir desastres”.
El arquitecto también sostuvo que “además de atender la emergencia, es muy relevante investigar, cómo se hizo tras el terremoto del 2010, cuando se revisó la norma relacionada con la mecánica de suelos y los elementos no estructurales”.
Otras aristas
Por su parte, el arquitecto Rodrigo J. Tapia Cerda, recordó que “desde el terremoto de 1985, se ha avanzado en las exigencias estructurales para nuevas edificaciones, y con la incorporación del artículo 2.1.17. en la Ordenanza General de Urbanismo y Construcciones, se han establecido medidas de mitigación para zonas de riesgo”.
“A pesar que el MINVU dispuso directrices para determinar zonas seguras y vías de evacuación, nuestras ciudades aún no evidencian una red de infraestructura suficiente para abordar este tipo de crisis”, advirtió.
El Máster en Planificación Territorial también remarcó que “lo más preocupante es la edificación antigua, principalmente emplazada en centros históricos, ya que al estar edificada con sistemas de construcción tradicionales, no posee las características mecánicas suficientes para soportar grandes sismos, lo que sólo podría cambiar con la incorporación de refuerzos estructurales de importante costo”.
El arquitecto y Magíster en Economía Urbana, Carlos Moreno, quien además es académico de Userena y la U. Central, también se refirió a lo que podría suceder en un nuevo escenario de terremoto, recalcando que “las construcciones que podrían correr más riesgo son todas aquellas de estructuras antiguas, es decir, adobe con estructuras en madera”.
“La gran duda es si se han hecho diagnósticos para ver el estado real estructural de estas edificaciones, porque una cosa es la fachada, pero otra es lo que hay al interior, y muchas de ellas han sido intervenidas, modificadas y alteradas, y eso aumenta el riesgo frente a un sismo fuerte”, añadió.
El académico también alegó que “en Chile no tenemos un sistema recurrente de seguridad, ya que si obtienes un permiso de construcción, la patente y se acaba el permiso, no hay chequeos para saber si hubo modificaciones o si los sistemas de seguridad siguen operando, entonces el cordón umbilical de la seguridad se corta en un momento dado y después nadie más se preocupa del riesgo”.
En línea con esto, el Magíster en Economía Urbana hizo hincapié en que “necesitamos una política pública progresiva para que la gente vaya incorporando estas mejoras de a poco, porque hacerlo de una vez es inviable”.
“Tenemos buenos estándares de construcción en las edificaciones nuevas, pero las antiguas quedan obsoletas, por eso, necesitamos empezar a anticiparnos a las catástrofes con una mirada de largo plazo”, remató.