En los últimos años
Crisis hídrica y acción humana: las causas de la reconfiguración del paisaje en Limarí
La provincia de Limarí siempre ha destacado por sus fértiles valles y su incesante producción agrícola, liderando en productos como la uva de mesa, mandarinas y paltas, además de hortalizas como tomates, ajíes y porotos verdes. Sin embargo, en los últimos años este verde paisaje ha mutado de a poco, dando paso a terrenos abandonados y secos.
La escasez hídrica, que ha estado presente por más de 15 años, sería una de las razones que explicarían este fenómeno y así lo advierten también los informes oficiales. El Catastro Frutícola desarrollado por el Centro de Información de Recursos Naturales (CIREN) en la Región de Coquimbo, evidencia una disminución en las hectáreas plantadas en todas las comunas de la provincia si se comparan los documentos de 2021 y 2024.
De esta forma, en 2021 Ovalle registra una superficie plantada de 9.960,8 hectáreas, mientras que en el informe de 2024 se reduce a 8.301,58 hectáreas. Lo mismo ocurre con Monte Patria, que pasa de 6.219,2 a 5.029 hectáreas. Punitaqui, en tanto, baja de 677,5 a 614,4 hectáreas y en Combarbala ocurre lo propio pasando de 492,3 hectáreas en 2021 a 395,41 en 2024. El caso más llamativo lo constituye Río Hurtado, que cae de 328,7 a 177,33 hectáreas, prácticamente a la mitad.
Impacto en la flora y fauna nativa
Sin lugar a dudas, los eventos climáticos han provocado un cambio en el paisaje de este valle, pero especialistas también advierten que otro de los factores que ha influido es la acción humana, impactando no solo en los territorios, sino que además en la flora y fauna nativa.
“El primero de ellos es el cambio de uso de suelo. Ha habido una expansión hacia las parcelas de agrado, para una segunda vivienda y que han cubierto en muchas extensiones lo que antes era vegetación natural, porque las venden sin ella. Sobre todo, la zona costera, eso ha sido súper importante”, sostiene Francisco Squeo, académico de la Universidad de La Serena y miembro del Instituto de Ecología y Biodiversidad.
A su juicio, las nuevas tecnologías han permitido además que incluso, ahora, se avance hacia territorios en que antes no se podían establecer poblados. “Ahora, si quieres sacar agua, tenemos las posibilidades de nuevas tecnologías como usar bombas solares. Tampoco necesitas tener tendido eléctrico. Tú llegas a un hoyo, pones tu bomba solar y sacas agua. Eso ha aumentado el cambio de uso del suelo”, precisa.
También se ha provocado un estrés en la flora y fauna, afectando a especies como el zorro culpeo, el puma, el gato colocolo, algunas aves y especies asociadas a cursos de agua, como el camarón de río, que enfrentan en la actualidad una severa pérdida y fragmentación de sus hábitats naturales.
La escasez hídrica y la degradación de la vegetación han obligado a estas especies a modificar sus patrones de desplazamiento, acercándose cada vez más a zonas pobladas y asentamientos agrícolas en busca de alimento y aguadas, incrementando los conflictos con actividades humanas.
Otro factor que estaría influyendo en la pérdida de la fauna silvestre es la proliferación de perros asilvestrados, "lo que nos tiene muy complicados, porque ni los municipios tienen la capacidad de controlar los perros que no tienen dueño, ni tampoco se permite cazarlos, capturarlos. Entonces, hay una amenaza real sobre la fauna de mediano tamaño de los perros silvestres, incluyendo a los zorros, que se infectan con distemper, por ejemplo, por los perros silvestres, o los perros domésticos que salen en Jauría. Ahí es complicado, porque casi todos los terrenos agrícolas y casas tienen perros y no hay un control permanente”, dice.
Lo mismo ocurre con especies arbóreas como el algarrobo, el guayacán y los cactus, que de a poco han ido disminuyendo su presencia debido a la falta de agua, pero también debido a la expansión de terrenos. La mortalidad de vegetación nativa en laderas ha transformado paisajes anteriormente verdes o semiáridos en zonas de degradación severa, acelerando los procesos de desertificación.
En este caso, el especialista apunta a la baja superficie protegida, pese a que esta región cuenta con la mayor biodiversidad de plantas. “CONAF tiene cerca del 0,37% de la superficie protegida en sus parques y reservas nacionales. En protección privada tenemos cerca del 2,5%. Eso es poco”, precisó el académico.
En esta línea, se ha intentado avanzar en algunas iniciativas para potenciar algunas especies con mayor resistencia hídrica, que han comenzado a mostrar resultados esperanzadores. Estas acciones no solo buscan recuperar la cubierta vegetal y atraer de regreso a los polinizadores y fauna local, sino también frenar la pérdida de sustentabilidad de los territorios rurales.
Sin lugar a dudas la preservación de la biodiversidad del Limarí se posiciona hoy como un desafío urgente que requiere la integración de datos científicos de recarga de acuíferos, una estricta fiscalización ambiental y un compromiso continuo con la educación y restauración ecológica de sus cuencas de que nazca de toda la comunidad.