Noches azules en Coquimbo
Las claves científicas del fenómeno que ilumina las costas de Coquimbo
Las noches del litoral de la Región de Coquimbo se han transformado en un verdadero espectáculo natural. En distintos puntos del borde costero, desde Coquimbo hasta Guanaqueros, Tongoy y Totoralillo, vecinos y turistas han quedado maravillados al observar cómo las olas rompen iluminándose de un intenso color azul eléctrico, un fenómeno que ha inundado las redes sociales con fotografías y videos.
Quienes han tenido la oportunidad de presenciarlo describen una experiencia única: basta el movimiento del agua para que miles de destellos azules aparezcan entre las olas, creando un paisaje que parece sacado de una película. Un atractivo que ha llevado a muchas personas a recorrer las playas durante la noche con la esperanza de encontrarse con este singular regalo de la naturaleza.
Aunque la bioluminiscencia ya se había registrado en la zona durante los últimos meses, su reaparición vuelve a despertar la curiosidad tanto de la comunidad como de los científicos.
Uno de ellos es el académico de la Universidad Católica del Norte, Gonzalo Álvarez, quien tomó muestras del fenómeno registrado en las costas de la región. Los análisis aún continúan y buscan identificar con certeza las características del organismo responsable, así como determinar si presenta algún tipo de toxicidad.
Según explica el doctor Peter von Dassow, profesor asociado de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Pontificia Universidad Católica de Chile e investigador del Instituto Milenio de Oceanografía, el fenómeno observado corresponde a organismos microscópicos llamados dinoflagelados.
"Mi colega Gonzalo Álvarez tomó muestras del último evento y aisló el organismo responsable", indicó el investigador, precisando que los estudios continúan para conocer con mayor profundidad sus características.
¿QUÉ PRODUCE EL BRILLO AZUL?
Von Dassow explica que la bioluminiscencia es una capacidad presente en numerosos organismos marinos y consiste en producir luz propia. "La capacidad de generar su propia luz es muy común en el océano. Esta capacidad ha evolucionado de manera independiente en bacterias, microalgas, medusas, crustáceos, peces y otros organismos", señala.
En el caso observado en la Región de Coquimbo, el responsable corresponde a un dinoflagelado, un microorganismo unicelular que forma parte del plancton marino.
Estos diminutos organismos producen destellos luminosos cuando el agua se mueve, como ocurre con el rompimiento de las olas o el paso de una persona por la orilla. El científico explica que esta luz no tiene un fin estético, sino que constituye un mecanismo de defensa.
"Hay evidencia experimental de que usan esta luz como una 'alarma contra ladrones'. Cuando un organismo que quiere comérselos los ataca, producen destellos que pueden atraer peces más grandes que terminan alimentándose del depredador".
¿POR QUÉ APARECE ESTE FENÓMENO?
El investigador explica que estas microalgas suelen proliferar cuando el mar permanece tranquilo durante varios días.
A diferencia de otras especies del fitoplancton, estos organismos tienen la capacidad de desplazarse verticalmente en la columna de agua, subiendo durante el día para realizar fotosíntesis y descendiendo por la noche en busca de nutrientes.
"Pensamos que estas floraciones se asocian principalmente a períodos con menos mezcla de aguas y menor intensidad de los vientos", explica.
El organismo aislado en las muestras tomadas por el académico Gonzalo Álvarez corresponde, preliminarmente, a una especie del género Gonyaulax, un grupo de dinoflagelados frecuentemente asociado a fenómenos de bioluminiscencia.
¿EXISTE ALGÚN RIESGO?
El brillo azul suele generar inquietud entre quienes observan el fenómeno, especialmente por la relación que muchas personas hacen con la denominada "marea roja". Sin embargo, el investigador aclara que ambos conceptos no son necesariamente lo mismo.
Explica que algunos dinoflagelados sí pueden producir toxinas, aunque no todos lo hacen y, por ahora, no existe evidencia de que la especie observada en las costas de Coquimbo sea tóxica.
Si bien aun no se sabe la toxicidad de los organismos de las costas de Coquimbo, Peter añade que Chile cuenta con un sistema permanente de monitoreo sanitario que permite detectar oportunamente cualquier riesgo para el consumo de mariscos. "El programa de monitoreo de mariscos habría detectado y cerrado la extracción si existiera algún problema, como ocurrió en enero con la floración de la diatomea Pseudo-nitzschia en la bahía de Tongoy".
Mientras los estudios científicos continúan, el fenómeno sigue regalando noches inolvidables a quienes recorren el borde costero de la comuna. Un espectáculo natural tan efímero como fascinante, que recuerda la enorme riqueza y biodiversidad que esconde el mar de la Región de Coquimbo.