TENDENCIA VERDE

Arbustos con frutos: así salvan la fauna en un invierno sin flores

Arbustos con frutos no solo embellecen el paisaje invernal con colores vibrantes, sino que proveen alimento crucial a la fauna local en la época más difícil.
miércoles 08 de julio de 2026

Durante los meses de invierno, cuando la floración disminuye, ciertos arbustos exhiben un esplendor inusual, transformando por completo el paisaje de jardines y parques. Sus vistosos frutos no solo embellecen visualmente el entorno, sino que se convierten en una fuente de alimento esencial para numerosas especies de aves y fauna local, en una época donde los recursos naturales son más escasos.Mientras muchas plantas descansan durante el invierno, algunos arbustos alcanzan su mayor atractivo gracias a una fructificación que puede prolongarse durante varios meses.Tania Maldonado VenegasAunque la primavera es sinónimo de flores, el invierno se posiciona como la temporada ideal para los frutos ornamentales. En un periodo donde la mayoría de las plantas hibernan y el paisaje parece deslucido, algunas especies logran captar la atención de una manera singular. En vez de grandes explosiones florales, estos arbustos desarrollan racimos de bayas que adornan sus ramas por semanas o incluso meses. Con tonalidades que van del rojo y naranja al blanco y violeta, estos frutos infunden vida al paisaje más sombrío, probando que el invierno puede ser vibrante.No obstante, la función de estos frutos trasciende lo meramente estético. Constituyen un recurso alimenticio crucial para muchas aves durante una estación donde los suministros naturales son limitados, transformando el jardín en un vital santuario para la biodiversidad local. La estampa de un arbusto cargado de diminutas bayas rojas, en contraste con el verdor oscuro de su follaje o la desnudez de sus ramas, es una de las postales más icónicas del jardín invernal.Dependiendo de la especie, el Cotoneaster puede crecer como arbusto o cubrir el suelo formando densas alfombras repletas de pequeños frutos.Entre las variedades más populares se encuentra el Cotoneaster, valorado por su prolífica producción de frutos y su habilidad para atraer diversas aves a lo largo de gran parte del invierno. Según la especie, el Cotoneaster puede crecer como arbusto independiente o servir como cobertura para taludes y muros debido a su patrón de crecimiento rastrero. Sus bayas persisten en la planta por semanas, antes de ser consumidas por la fauna.La Pyracantha, o espino de fuego, es otra elección tradicional. Sus copiosos racimos de frutos rojos, anaranjados o amarillos se mantienen por un extenso periodo en las ramas, creando uno de los paisajes más deslumbrantes de la estación fría. Este arbusto también se emplea frecuentemente como seto protector gracias a sus robustas espinas. Si bien sus frutos son visualmente atractivos, no se recomiendan para el consumo humano y es aconsejable reservarlos para la alimentación de la vida silvestre.Como tercera opción, la Skimmia japonica, un arbusto de crecimiento pausado y hojas perennes, exhibe una combinación de elegantes hojas verde oscuro y vibrantes racimos de frutos rojos. Es importante señalar que solo las plantas femeninas de esta especie dan frutos, requiriendo la proximidad de un ejemplar masculino para la polinización.El arbusto que parece sacado de otro mundoSi hay un arbusto que asombra incluso a los jardineros más experimentados, ese es Callicarpa bodinieri, también llamado calicarpia o arbusto de las perlas. Después de que sus hojas caen en otoño, sus ramas se cubren de pequeños racimos de un intenso color violeta metálico, que lucen casi sobrenaturales. Su apariencia es tan impactante que muchos los confunden con flores o frutos artificiales al verlos por primera vez. Esta especie prospera en lugares soleados o de semisombra y mantiene sus peculiares frutos a lo largo de gran parte del invierno. Aunque su valor ornamental es innegable, cabe destacar que no son aptos para el consumo humano.En la lista de especies nativas del sur de Chile, la chaura (Gaultheria mucronata) resalta por una belleza más discreta pero igualmente cautivadora. Este arbusto de menor tamaño genera delicadas bayas blancas, rosadas o rojizas que persisten por mucho tiempo en la planta, contrastando con su fino follaje perenne. A diferencia de la mayoría de los arbustos ornamentales, los frutos de la chaura son comestibles y han sido parte de la dieta tradicional en ciertas áreas del sur del país por generaciones. Cultivarla no solo embellece el jardín en invierno, sino que también contribuye a la conservación de la flora autóctona y provee alimento a la fauna.A menudo, la selección de plantas se centra exclusivamente en sus flores, sin pensar en su apariencia durante el resto del año. Al integrar arbustos valorados por sus frutos, es posible extender el atractivo ornamental del jardín durante el invierno, manteniendo un espacio vibrante incluso cuando la mayoría de las especies descansan. Priorizar plantas que unan belleza y un claro valor ecológico impulsa la biodiversidad. Sus frutos son un recurso alimenticio crucial para diversas aves en tiempos de escasez, demostrando que un jardín planificado puede ser igualmente gratificante para las personas y para la vida silvestre.