Patrimonio en riesgo

Las heridas de la Ciudad de los Campanarios

Grafitis, rayados, fachadas deterioradas y el paso del tiempo marcan hoy la imagen de varias de las históricas iglesias de piedra del centro de La Serena. Aunque en los últimos años se han impulsado importantes proyectos de restauración, el cuidado permanente de uno de los principales patrimonios arquitectónicos y turísticos de la ciudad continúa siendo un desafío.
Pese a los esfuerzos que se han hecho, el vandalismo y el escaso aprecio al espacio colectivo de algunos pocos termina generando un daño al patrimonio local, como son los tradicionales templos de piedra de La Serena. (Foto: Cristian Silva)
Pese a los esfuerzos que se han hecho, el vandalismo y el escaso aprecio al espacio colectivo de algunos pocos termina generando un daño al patrimonio local, como son los tradicionales templos de piedra de La Serena. (Foto: Cristian Silva)
martes 14 de julio de 2026

Hay pocas ciudades en Chile donde las iglesias formen parte del paisaje urbano como ocurre en La Serena. Basta recorrer algunas cuadras del casco histórico para encontrarse con templos centenarios que han acompañado el crecimiento de la ciudad y que dieron origen al apelativo con el que hoy es conocida en todo el país: la Ciudad de los Campanarios.

Construidas principalmente en piedra caliza, estas iglesias son mucho más que lugares de culto. Constituyen uno de los principales símbolos de la capital regional, forman parte de su identidad y representan uno de los conjuntos patrimoniales más importantes del norte de Chile. Sin embargo, basta detenerse frente a ellas para advertir una realidad que contrasta con su valor histórico: rayados, grafitis, fachadas deterioradas, muros dañados y las huellas de un mantenimiento que debe ser permanente.

La Catedral de La Serena, Santo Domingo, San Francisco, La Merced y San Agustín conforman un circuito arquitectónico único que cada año es visitado por miles de turistas. Aunque cada templo enfrenta una realidad distinta, varios comparten una misma preocupación: el deterioro provocado por el paso del tiempo y los constantes actos de vandalismo.

Restauraciones que no han sido suficientes

Durante los últimos años se han impulsado importantes proyectos para recuperar estos inmuebles. Uno de los más emblemáticos fue la restauración integral de la iglesia Santo Domingo, reabierta en 2019 tras una intervención financiada por la Orden de Predicadores que permitió recuperar gran parte de su estructura y valor patrimonial.

Ese mismo año concluyeron las obras de reparación de la torre de la Catedral de La Serena, gravemente afectada por el terremoto de 2015. Dos años antes, además, fueron restauradas sus históricas puertas de madera, uno de los elementos más característicos del templo.

Sin embargo, las inversiones no han logrado frenar completamente los efectos del vandalismo. Nuevos rayados y daños vuelven a aparecer periódicamente, obligando a destinar esfuerzos constantes para preservar estos edificios.

El arzobispo de La Serena y presidente de la Conferencia Episcopal de Chile, monseñor René Rebolledo Salinas, lamentó esta situación y destacó el significado histórico y espiritual de las iglesias serenenses.

"Tenemos la gran bendición de contar en La Serena, al igual que en otros lugares de la Región de Coquimbo, con templos de gran belleza y valor patrimonial. Entre ellos destacan especialmente las iglesias de piedra del centro histórico de la ciudad. Estos templos son testimonio de un pasado marcado por una profunda fe en el Señor y un sincero amor hacia Él. De otro modo, quienes nos precedieron no habrían realizado tantos y tan grandes sacrificios para levantar estos hermosos y valiosos templos", señaló.

El arzobispo recordó que la Iglesia ha destinado importantes recursos para restaurar estos inmuebles, pero advirtió que los actos de vandalismo siguen afectando un patrimonio que pertenece a toda la comunidad.

"Lamentablemente, algunas personas los dañan con rayados, inscripciones, figuras, grafitis y otros actos de vandalismo. Promover el cuidado y la conservación de estos maravillosos templos constituye una tarea compleja y permanente. La comunidad cristiana procura proteger el tesoro espiritual, histórico, arquitectónico y cultural que representan estos valiosos lugares de culto. Esperamos que quienes realizan estos actos puedan tomar conciencia del grave daño que ocasionan no solo a los edificios, sino también a la comunidad", afirmó.

Asimismo, agradeció el apoyo que distintas instituciones han brindado para ejecutar proyectos de restauración y a quienes colaboran diariamente en el cuidado de estos inmuebles.

Una responsabilidad compartida

Consultada por Diario El Día, la Municipalidad de La Serena explicó que, aunque en distintas ocasiones ha colaborado con la limpieza de algunas fachadas afectadas por rayados, las iglesias son inmuebles de propiedad privada, por lo que su administración y conservación corresponden al Arzobispado y cualquier intervención debe realizarse de manera coordinada.

Desde el Servicio Nacional del Patrimonio Cultural (Serpat), su director regional, Enrique Gutiérrez Fonfach, recordó que la Catedral, San Francisco y Santo Domingo cuentan con protección individual como Monumentos Históricos.

"Bajo la Ley N.º 17.288 corresponde legalmente a sus propietarios mantenerlas en buen estado y solicitar la autorización del Consejo de Monumentos Nacionales para cualquier intervención", explicó.

El directivo agregó que el Estado también ha contribuido a la recuperación de estos inmuebles. Entre otras iniciativas, el Serpat financió con más de $139 millones la reparación de la Catedral tras el sismo de 2019 y el Consejo de Monumentos Nacionales autorizó en 2022 las obras de reparación de la techumbre de Santo Domingo, además de respaldar trabajos preventivos de limpieza y conservación.

Para Gutiérrez, proteger este legado solo será posible mediante un esfuerzo conjunto.

"Recuperar estos espacios requiere entender que el patrimonio es una tarea compartida. La conservación de estos templos históricos solo es viable mediante una alianza permanente entre sus propietarios, las instituciones públicas, los especialistas y la ciudadanía", sostuvo.

El desafío sigue siendo el mismo: mantener una coordinación constante entre la Iglesia, el Estado y la comunidad para preservar uno de los principales símbolos de La Serena.

Mientras miles de visitantes continúan fotografiando estos templos y los serenenses los reconocen como parte inseparable de la identidad de la ciudad, sus muros también reflejan las consecuencias del abandono y del vandalismo.

Porque proteger las iglesias de piedra no significa únicamente conservar edificios históricos. Significa resguardar la memoria de La Serena y preservar el patrimonio que, desde hace décadas, la identifica como la inconfundible Ciudad de los Campanarios.

Las heridas de la Ciudad de los Campanarios