Hace 42 años
1984: el invierno que llovió sin parar por más de una semana
Fue entre el 1 y 11 de julio de 1984 cuando en la Región de Coquimbo, el ingreso de dos sistemas frontales - los que además, llegaron acompañados de fuertes vientos - generaron uno de los eventos climáticos más destructivos que se recuerdan en la zona.
Ya durante el primer día se registró un fallecido en la comuna de Combarbalá: un minero que pereció debido al derrumbe de la mina Lana y Corina, en el sector de Soruco.
Lo cierto es que, sin lugar a dudas, fue uno de los temporales más crudos que se recuerdan en cuanto a pérdida de vidas humanas. Al 5 de julio las muertes ya llegaban a 5, a 9 los desaparecidos y 19 los heridos.
Para ese entonces, se informaba sobre un record de agua caída en Andacollo: a las 17:30 horas del día 2 de julio registraba ya 175 milímetros. De hecho, una nota hablaba de la acumulación de 621 mm en la localidad de Pedregal, en la comuna de Monte Patria.
En el sector de El Indio, había 6 metros de nieve. De hecho, se debieron extremar esfuerzos para ir en rescate de personas que quedaron aisladas en la cordillera, lo que se consiguió días después.
Y tal como se repite en todos los eventos históricos de alta caída de agua en la región, se produjo la bajada de las quebradas en el valle de Elqui. Se detalla que el aumento de caudal en El Arrayán, entre Las Rojas y Marquesa, dejó 16 hectáreas de cultivos agrícolas inutilizadas. “Fueron arrasadas por el río que en esa área alcanzó una anchura de 150 metros”, afirma una nota periodística y agrega que “las aguas se abrieron paso por donde nunca habían pasado, llevándose por delante todo cuanto había”.
Otra situación que se reitera en todos estos eventos es la suspensión del suministro de agua. Se recomendaba agregar “20 gotitas de Clorinda por un litro de agua” y se llamaba a cuidar el consumo. “Racionado el agua, la poca achocolatada, hervirla”, titulaba una información.
Sin embargo, uno de los hechos que más recuerda la población local fue el derrumbe de las torres de iluminación del estadio La Portada de La Serena, las que cedieron producto del fuerte viento. Se decía que ya tenían más de 15 años y que el óxido había colaborado en su desplome.
El lunes 9 de julio, en tanto, ingreso el segundo sistema sistema frontal. Al martes 10 de julio los damnificados ya ascendían a 13 mil, mientras que al miércoles 11 ya ascendían a 20 mil. Se le comparaba, de hecho, con lo ocurrido en 1957, aunque expertos de la época estimaban que por su magnitud los efectos eran mucho mayores. Al sábado 14 de julio los afectados ya se empinaban a 33.647 en toda la región.
En materia de conexión, se encontraban cortadas prácticamente todas las carreteras. La ruta 41 hacia el valle de Elqui, la 43 hacia Ovalle y la ruta 5 que conectaba con el resto del país, lo que hacía muy complicada la entrega de ayuda, debiéndose generar puentes aéreos con gestiones realizadas desde la intendencia. Los daños se estimaban al 13 de julio en más de $1.500 millones en obras públicas y $400 millones costaría sólo reponer los caminos.
En Ovalle cayeron 209 mm y el viento superó los 100 km/h. El embalse La Paloma se llenó tan rápido que tuvieron que abrir sus 8 compuertas. Abajo, el río Limarí se desbordó y recuperó su cauce antiguo. Se inundó la Población Fray Jorge, cayeron los puentes de Los Peñones y La Chimba, y Ovalle quedó aislada del resto del país.