Abastecimiento asegurado para dos temporadas
Lluvias cuadruplicaron agua almacenada en los embalses de la región
Las intensas precipitaciones registradas entre el 16 y el 21 de julio en la Región de Coquimbo no solo dejaron daños e inundaciones, sino que también marcaron un punto de inflexión en la disponibilidad hídrica de la zona.
Así lo aseguró Pablo Álvarez, académico de la Universidad de La Serena, director del Laboratorio PROMMRA y del Consorcio Centro Tecnológico del Agua Quitai Anko, quien destacó que el evento superó ampliamente los registros normales para la época y permitió cuadruplicar el agua almacenada en los embalses regionales.
El especialista explicó que el sistema frontal dejó cifras inéditas para muchas estaciones de monitoreo. "El total de precipitaciones supera ampliamente los valores normales del mes y, en la mayoría de las estaciones, también supera con creces el promedio anual de precipitaciones", sostuvo.
Detalló que en diversas zonas de la región se acumularon más de 300 milímetros de lluvia en apenas cuatro o cinco días, mientras que en sectores de la precordillera y del sur regional los registros fueron aún mayores que en la costa.
Incluso, precisó que hubo localidades donde las precipitaciones superaron los 400 milímetros y áreas cordilleranas donde la acumulación de nieve sobrepasó los 2,5 metros. "Después habrá que evaluar la calidad de esa nieve, pero la cantidad acumulada es muy significativa", indicó.
Embalses cuadruplican su almacenamiento
Uno de los efectos más relevantes del evento meteorológico fue el fuerte incremento en las reservas de agua de la región.
Antes del sistema frontal, los embalses almacenaban entre 140 y 150 millones de metros cúbicos, equivalente a cerca del 10% de su capacidad total. Sin embargo, tras las lluvias, el volumen embalsado alcanzó aproximadamente los 525 millones de metros cúbicos, es decir, cerca del 39% de la capacidad regional.
"En la práctica, el volumen almacenado prácticamente se cuadruplicó", afirmó Álvarez.
Actualmente, la provincia de Elqui concentra alrededor de 48 millones de metros cúbicos almacenados; Limarí, unos 400 millones; y Choapa, cerca de 75 millones.
Según explicó el académico, Limarí alcanza hoy cerca del 40% de su capacidad de almacenamiento, Elqui bordea el 19% y Choapa ya supera el 88%, cifras que representan un cambio significativo respecto a la situación previa al temporal.
Crecidas históricas y el rol de los embalses
El experto también abordó el comportamiento de los caudales durante el evento, poniendo como ejemplo el río Huatulame, afluente del embalse La Paloma, cuyo aumento de caudal terminó arrastrando un puente en el sector El Tome.
"En esa estación el caudal llegó a valores cercanos a los 500 metros cúbicos por segundo, cuando antes del evento era prácticamente cero. Hoy ese caudal ha descendido a cerca de 80 metros cúbicos por segundo, lo que sigue siendo enorme en comparación con la situación previa", explicó.
Agregó que la disminución paulatina del caudal responde al término de los aportes provenientes de quebradas y tributarios, además de que el embalse Cogotí aún no alcanza su capacidad máxima y todavía no rebalsa.
Respecto al embalse Recoleta, indicó que ya completó prácticamente toda su capacidad de almacenamiento y lleva más de un día rebalsando.
"Eso significa que mantiene su capacidad completa y que el caudal que sale por el vertedero prácticamente se iguala al que ingresa al embalse", señaló.
Álvarez también destacó el papel que desempeñaron los embalses durante el temporal al amortiguar las crecidas.
"Si los caudales hubieran llegado directamente a los ríos, sumándose además los aportes de las quebradas intermedias, las crecidas habrían sido mucho mayores. Los embalses permiten regular esos caudales y facilitar el tránsito del agua, incluso cuando se producen desbordes", afirmó.
Añadió que, de haberse llenado todos los embalses simultáneamente, los caudales registrados habrían sido considerablemente superiores.
Con el aporte que aún entregarán los deshielos y eventuales nuevos sistemas frontales, el especialista proyectó que el almacenamiento regional podría aumentar hasta un 42% o 43% de la capacidad total.
Comparación con los grandes temporales
Consultado sobre si este episodio ya puede compararse con los históricos inviernos de 1982-1983 o 1997, el académico sostuvo que aún es prematuro realizar esa evaluación.
"Todavía no en su totalidad. Más que comparar un mes con otro, prefiero que evaluemos el balance al término de la temporada", afirmó.
Recordó que ambos años estuvieron marcados por intensos eventos de El Niño y que existían condiciones distintas en materia de infraestructura hídrica, ya que en 1997 el embalse Puclaro aún no existía y La Paloma presentaba un almacenamiento muy reducido.
Aun así, planteó que las perspectivas son favorables.
"Este año la expectativa es que, en términos de precipitaciones, alcancemos niveles muy superiores a los valores normales para esta fecha y también al promedio de una temporada completa", señaló.
Precisó que en 1997 algunas zonas cordilleranas superaron ampliamente los 600 milímetros de precipitación acumulada, mientras que este año esos sectores registran entre 380 y 400 milímetros, por lo que todavía resta buena parte de la temporada para establecer comparaciones definitivas.
Asimismo, llamó la atención sobre otro factor determinante: la magnitud de los daños.
"No solo importa la cantidad total de lluvia, sino también el ritmo al que precipita, porque eso genera una escorrentía mucho mayor", explicó, destacando que la rápida sucesión de sistemas frontales fue clave en el comportamiento de los ríos y quebradas.
Consumo humano asegurado
En cuanto a la disponibilidad de agua potable, Álvarez afirmó que las actuales reservas permiten proyectar tranquilidad para las zonas abastecidas por los principales sistemas de embalses.
"Desde el punto de vista del volumen disponible, hoy se puede afirmar que las reservas para consumo humano están aseguradas, tanto por la escorrentía registrada como por el agua almacenada en los embalses", sostuvo. Sin embargo, matizó, esa seguridad "también dependerá de una adecuada gestión del recurso hídrico".
De todas formas, ello beneficia especialmente a ciudades como La Serena, Coquimbo, Ovalle, Illapel y Salamanca, que dependen directamente de estas obras de regulación.
Sin embargo, advirtió que la situación es distinta para los Servicios Sanitarios Rurales, cuyo abastecimiento depende mayoritariamente de aguas subterráneas.
"Su dependencia de las aguas subterráneas requiere un análisis distinto", indicó, agregando que actualmente se desarrolla un catastro para evaluar el impacto que tuvo este evento sobre esos sistemas.
El académico recordó que cerca del 20% de la población regional obtiene agua potable a través de los Servicios Sanitarios Rurales, los que presentan una mayor vulnerabilidad que los sistemas urbanos.