Consideraron la memoria del territorio para prepararse

La Cisterna de Tulahuén, un ejemplo de organización comunitaria frente al temporal

Ante la inminencia de las intensas precipitaciones y el colapso de los servicios básicos, los vecinos del sector La Cisterna, en Tulahuén, comuna de Monte Patria, decidieron organizarse. Apelando a la experiencia de emergencias anteriores, la autogestión y la conformación de una brigada vecinal, demostraron que la primera línea de respuesta frente a una catástrofe es la propia comunidad.
La Brigada de Emergencia de La Cisterna de Tulahuén coordinó la respuesta durante el temporal, manteniendo el apoyo a las familias aisladas pese al corte de caminos y servicios básicos.
La Brigada de Emergencia de La Cisterna de Tulahuén coordinó la respuesta durante el temporal, manteniendo el apoyo a las familias aisladas pese al corte de caminos y servicios básicos.
domingo 26 de julio de 2026

Por Estefanía González

Cuando los noticieros comenzaron a anunciar la llegada del intenso sistema frontal que afectaría a la Región de Coquimbo a partir del 16 de julio, en la localidad de La Cisterna de Tulahuén no esperaron a que comenzara la emergencia. Conscientes de que el aislamiento y la geografía del sector los convertían en una de las zonas más vulnerables, Miguel Monárdez, junto a la junta de vecinos y otros dirigentes, decidió reactivar el Plan Local de Emergencia y conformar la Brigada de Emergencia de La Cisterna de Tulahuén.

Ese mismo 16 de julio el comité se reunió, dividió el territorio en tres sectores (A, B y C) e identificó a los adultos mayores y a las familias que habitaban en zonas de mayor riesgo, ya fuera en laderas o cerca del cauce histórico de la quebrada.

Pero la principal herramienta para prepararse fue otra: la experiencia acumulada por generaciones.

"Consideramos eventos anteriores, incluso historias que me contó mi abuelito sobre cómo se habían desarrollado otros temporales. Eso nos ayudó a tranquilizar a la gente. Había vecinos de 80 o 90 años que decían: 'Miguel, esto ya pasó así, yo conozco mi casa'. Esa memoria nos dio una base para trabajar", recordó Monárdez.

Organización antes del aislamiento

Antes de que comenzaran las lluvias, la comunidad habilitó un refugio con camas, agua y un generador eléctrico. Además, logró trasladar a familias que vivían en sectores de riesgo y designó vigías encargados de monitorear permanentemente el comportamiento de la quebrada.

La prueba más difícil llegó durante la madrugada. A las 3:11 horas se cortó el suministro eléctrico y los deslizamientos bloquearon la Ruta D-767, dejando aisladas a cerca de 56 familias.

Mientras los equipos de emergencia no podían ingresar, la red vecinal siguió funcionando. Una de las primeras acciones fue proteger a una vecina electrodependiente.

"Se le llevó un grupo electrógeno, se almacenó combustible y un vecino quedó encargado de supervisarla. También organizamos visitas diarias para verificar que estuviera bien", relató.

La comunicación marcó la diferencia

Al corte de energía se sumó el colapso de la telefonía e internet. Sin embargo, Monárdez logró mantener el contacto con el exterior mediante una antena direccional de Wi-Fi alimentada por una pequeña batería, lo que permitió informar a familiares y autoridades sobre la situación del poblado.

"La gente de afuera no sabía nada de lo que estaba pasando porque en la televisión se veía una catástrofe. Pudimos avisar que estábamos bien y hacer reportes diarios sobre el estado de los caminos, el agua caída y las distintas situaciones que iban ocurriendo", explicó.

Las lecciones que dejó el temporal

Aunque el sistema frontal provocó daños en caminos, socavones y algunas viviendas, la organización comunitaria permitió evitar consecuencias mayores. Incluso, gracias a la coordinación con Carabineros, fue posible cerrar oportunamente la ruta antes de que ocurrieran accidentes, mientras los propios vecinos apoyaron a familias afectadas por anegamientos.

Hoy, con la emergencia ya superada, la comunidad sigue evaluando los daños, pero también las enseñanzas que dejó la experiencia.

"La principal lección es que las comunidades tienen que estar organizadas", afirmó Monárdez, quien llamó a fortalecer el liderazgo local, rescatar la memoria de eventos anteriores y no esperar un nuevo temporal para prepararse.

El dirigente también planteó la necesidad de reforzar la coordinación entre las instituciones y avanzar en una red de comunicación comunitaria mediante radios base, de manera que los vecinos puedan mantenerse conectados cuando fallen internet y la telefonía móvil.