Realidad hídrica de la Región de Coquimbo

Embalses cuadruplican sus reservas, pero expertos advierten que el alivio será temporal

Tras más de una década de sequía extrema, las lluvias registradas entre el 16 y el 21 de julio cuadruplicaron el agua almacenada en la Región de Coquimbo. Pese al inédito respiro hídrico, científicos y académicos coinciden en que el alivio es solo temporal y advierten que la gestión del recurso debe adaptarse a un proceso de desertificación irreversible.
El embalse Puclaro aumentó su nivel desde un 12% a un 19% de su capacidad tras el sistema frontal, aunque su recuperación sigue siendo la más limitada de la región debido al carácter nival de la cuenca del Elqui.
El embalse Puclaro aumentó su nivel desde un 12% a un 19% de su capacidad tras el sistema frontal, aunque su recuperación sigue siendo la más limitada de la región debido al carácter nival de la cuenca del Elqui.
domingo 26 de julio de 2026

Por Estefanía González

El "megaevento" de precipitaciones registrado entre el 16 y el 21 de julio marcó un punto de inflexión para la disponibilidad hídrica de la Región de Coquimbo. Tras más de una década de sequía, los embalses pasaron de almacenar apenas el 10% de su capacidad a bordear el 40%, permitiendo acumular cerca de 600 millones de metros cúbicos de agua, una cifra que devuelve cierto optimismo al sector agrícola y al abastecimiento para consumo humano.

Según los datos de la Dirección General de Aguas (DGA), comparados entre el 30 de junio y el 23 de julio, el almacenamiento regional prácticamente se cuadruplicó. Sin embargo, la recuperación fue desigual entre las provincias.

Choapa lidera el repunte con un 89% de su capacidad, seguida por Limarí con un 40%, mientras que Elqui continúa siendo la zona más rezagada con apenas un 20%.

Entre los embalses destacan los aumentos registrados en Recoleta, que pasó del 10% al 100% de su capacidad; Culimo, que subió del 35% al 100%; Corrales, del 50% al 99%; y Cogotí, que aumentó del 10% al 79%. El embalse La Paloma, el principal reservorio de la región, incrementó sus reservas desde un 5% hasta un 25%, elevando su volumen desde 36 a 186 hectómetros cúbicos. En contraste, Puclaro solo avanzó del 12% al 19%, mientras que La Laguna prácticamente no registró variaciones, manteniéndose en un 24%.

Para Pablo Álvarez, académico de la Universidad de La Serena, director del laboratorio PROMMRA y del Consorcio Centro Tecnológico del Agua Quitai Anko, el mayor impacto se concentró precisamente en la provincia del Limarí, cuyo sistema de embalses pasó de almacenar menos de 100 millones de metros cúbicos a bordear los 400 millones.

"El embalse La Paloma está ahora con un volumen cercano a los 190 millones; Recoleta alcanzó su capacidad máxima y Cogotí supera los 119 millones de metros cúbicos. Esto garantiza, sin ninguna duda, el consumo humano en las zonas urbanas del Limarí", afirmó.

Sin embargo, advirtió que la recuperación de los embalses no significa que la emergencia haya terminado.

"No hay que creer que todo está resuelto porque los embalses tienen agua. Las zonas rurales siguen enfrentando problemas por las crecidas, acumulación de sedimentos, desconexión de caminos, pozos taponeados y rotura de tuberías", explicó.

Respecto de Elqui, donde Puclaro y La Laguna registraron aumentos mucho menores, el académico señaló que ello responde a la naturaleza nival de la cuenca. Gran parte de la precipitación cayó en forma de nieve y recién durante la primavera ese recurso comenzará a escurrir hacia los embalses. No obstante, advirtió que esas reservas también podrían verse afectadas por futuros eventos cálidos.

Un alivio que no cambia la tendencia

La visión de Álvarez coincide con el análisis de los científicos del Centro de Estudios Avanzados en Zonas Áridas (CEAZA), quienes sostienen que, pese al importante incremento de las reservas, la región continúa enfrentando un proceso estructural de desertificación.

Cristian Orrego, encargado del Área Meteorológica de CEAZA, indicó que las lluvias permitieron revertir parcialmente la sequía y que el agua acumulada como nieve en la cordillera seguirá aportando caudales durante la primavera y el verano. Además, no descartó nuevos eventos de precipitaciones durante los próximos meses, aunque llamó a no perder de vista el largo plazo.

En la misma línea, el modelador estadístico del CEAZA, Dr. Cristian Muñoz, sostuvo que el alivio será transitorio.

"Como la región continúa experimentando un proceso de desertificación, el alivio que puedan generar las precipitaciones de este año sería solo temporal. Por ello, la planificación del recurso hídrico debe considerar la tendencia de largo plazo impuesta por el cambio climático", afirmó.

Los especialistas coinciden en que este extraordinario aumento de las reservas representa una oportunidad para replantear la gestión del agua y adaptar las normas de distribución a un escenario climático cada vez más variable, marcado por largos períodos de déficit hídrico y eventos extremos de alta intensidad.