UNA REGIÓN DE EXTREMOS

La Serena y Coquimbo reúnen a más del 60% de la población

Un mapa elaborado por el Observatorio Político Región de Coquimbo -con datos del Censo 2024 y SUBDERE- reveló que 10 de las 15 comunas tienen menos de 13 habitantes por km² .
Según datos del OPRC, en promedio, en la comuna de La Higuera vive una persona por km². Cedida.
Según datos del OPRC, en promedio, en la comuna de La Higuera vive una persona por km². Cedida.
sábado 12 de septiembre de 2026

En un kilómetro cuadrado de Coquimbo viven, en promedio, 184,9 personas, y en La Higuera, apenas una. Así lo muestra la herramienta de densidad poblacional del Observatorio Político Región de Coquimbo (OPRC), elaborada con datos del Censo 2024 del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) y la división administrativa de SUBDERE. 

Con respecto a esto, Miguel Torres, cientista político y director del OPRC, detalló que “la herramienta de densidad poblacional muestra cómo se distribuyen los 832.864 habitantes de la región en los 40.588 km² de territorio, comuna por comuna”. 

Para Torres, el dato más llamativo es que “Coquimbo es 185 veces más densa. La Serena tiene 131,6, Ovalle 33,4, y de ahí para baja rápido, ya que 10 de las 15 comunas tienen menos de 13 habitantes por km²”. 

“Esto significa que dos comunas de la misma región tienen realidades completamente distintas en acceso a servicios, transporte, salud y seguridad, y no se pueden gobernar igual, porque eso influye también en el desarrollo de políticas públicas”, aseguró.

De acuerdo a Torres, lo que la herramienta de densidad poblacional del OPRC muestra es que “la región es mayoritariamente rural y dispersa, aunque la conversación pública se concentre en La Serena y Coquimbo”.

El cientista político también sostuvo que “la región tiene una estructura de doble cabeza costera con La Serena y Coquimbo que concentran más de 500 mil personas entre las dos, que es más del 60% de toda la población regional. Eso genera un efecto de gravedad donde los recursos, la inversión privada, los servicios, los medios de comunicación, todo gira alrededor del eje La Serena-Coquimbo”. 

“Las otras 13 comunas, muchas de ellas con menos de 13 habitantes por kilómetro cuadrado, quedan en una especie de periferia dentro de su propia región”, advirtió. 

Según el experto, “las consecuencias son concretas con migración de jóvenes hacia la costa, envejecimiento de las comunas del interior, dificultad para atraer profesionales de salud y educación, y una cobertura de prensa casi inexistente, como lo muestra nuestro monitor de prensa, Coquimbo y La Serena acumulan el 80% de las noticias regionales”. 

“Las comunas rurales no sólo están lejos geográficamente, también están lejos de la conversación pública. Y cuando no estás en la conversación, no estás en el presupuesto, por eso la inversión pública y la presencia del Estado es muy reducida en esas comunas”, remató. 

Un problema estructural

Frente a este análisis, el arquitecto Rodrigo J. Tapia Cerda, afirmó que “una mayor o menor densidad demográfica no significa de por sí, un factor negativo para el desarrollo territorial. Podemos ver el caso de España, donde regiones con baja densidad como Galicia o Castilla y León tienen un PIB bastante alto”. 

Sin embargo, el Máster en Planificación Territorial y Gestión Ambiental hizo hincapié en que “el problema en Chile es estructural, y tiene que ver con el mecanismo de financiación de la obra pública que castiga a los territorios con baja población, porque el método de cálculo para aprobar la inversión está en función de los beneficiarios directos”.

Por lo tanto, según Tapia “hay que perfeccionar el modelo de cálculo del Sistema Nacional de Inversiones (SNI), para las evaluaciones técnico financieras que determinan la recomendación favorable (Recomendado Satisfactoriamente o RS) de un proyecto determinado, incorporando factores cualitativos en matrices multicriterio que permitan argumentar la inversión”. 

El arquitecto también recalcó que “es fundamental repensar los mecanismos centralizados de financiación local, debido a que un territorio con poca población siempre estará en desmedro para la captación de ingresos mediante impuestos tradicionales”. 

En línea con esto, Tapia insistió en que “la estrategia sería descentralizar el presupuesto para fortalecer la gobernanza local y potenciar motores de desarrollo sustentables, como el turismo de intereses especiales o una industria innovadora que pueda compatibilizar la productividad con la conservación de los recursos naturales del entorno”.

Densidad y concentración

Por su parte, el sociólogo y académico de la Universidad Católica del Norte (UCN), Manuel Escobar, llamó a diferenciar la densidad poblacional de la cantidad total de habitantes y electores, precisando que la primera no determina la representatividad política de un territorio. 

“Con la densidad no se calcula cuántos parlamentarios o concejales se elegirán, eso tiene que ver con el total del electorado de cada territorio”, explicó.

En cuanto a la capacidad de los territorios para gestionar sus necesidades, Escobar señaló que “hay una relación entre la cantidad de población y la cantidad de recursos o bienes públicos que necesita un territorio, pero eso es más bien un proceso político de negociación y de acuerdo, en el caso regional, con los consejeros regionales y, en el caso nacional, con las distintas secretarías ministeriales o los distintos ministerios”.

Cabe destacar que según el Banco Mundial, la densidad poblacional se calcula dividiendo el número de habitantes por la superficie de un territorio. Por ello, dos comunas podrían tener la misma densidad, pero en una, la población podría estar concentrada en un núcleo urbano y, en la otra, dispersa en varias localidades. 

Ahondando en esto, el sociólogo indicó que “no hay una relación entre la densidad poblacional propiamente tal y los recursos fiscales. Sí hay una relación con la cantidad de población, que es determinante, ya que se invertirán más recursos donde exista una mayor cantidad o concentración de personas en un territorio”.