EMERGENCIA EN COQUIMBO

Expertos y autoridades piden priorizar la restauración ecológica de ríos y quebradas

Plantean que medidas preventivas sin intervenciones profundas en los cauces son una buena alternativa y así se preserva el ecosistema.
El Río  Elqui es uno de los afluentes más importantes de la zona y se sugiere actuar preventivamente antes de que lleguen lluvias más abundantes de lo normal que lo desborden.
El Río Elqui es uno de los afluentes más importantes de la zona y se sugiere actuar preventivamente antes de que lleguen lluvias más abundantes de lo normal que lo desborden.
sábado 12 de septiembre de 2026

Las intensas precipitaciones registradas durante el presente invierno en la Región de Coquimbo no solo han dejado un complejo panorama de emergencia debido a los severos daños estructurales -principalmente en la red vial-, sino que también han encendido las alarmas sobre la capacidad de respuesta y preparación de la zona ante eventos meteorológicos de gran magnitud.

Hoy, la discusión pública se traslada a las medidas de fondo, ¿cómo debemos preparar el territorio y restaurar los cauces para que conduzcan naturalmente sus aguas sin poner en riesgo a la población?

Frente a la tentación habitual de recurrir exclusivamente a la ingeniería tradicional o canalizaciones severas, diversas voces regionales llaman a cambiar el paradigma de intervención. Una de las autoridades más activas en esta materia es el consejero regional Pedro Valencia, quien cuestiona la postura de que la única solución sea encauzar los ríos para conducir el agua más rápidamernte.

“Creo que debemos poner el acento en prepararnos y restaurar nuestros ecosistemas ribereños. Un río no es solamente un canal por donde pasa agua, es un ecosistema vivo. Necesitamos recuperar la vegetación de ribera, proteger humedales y conservar áreas naturales de inundación”, sostiene la autoridad regional y ambientalista.

En esa línea, Valencia propone avanzar hacia soluciones basadas en la naturaleza, como los parques inundables, espacios urbanos o periurbanos que durante gran parte del año funcionan como zonas verdes y de esparcimiento para la comunidad, pero que ante una crecida tienen la capacidad de recibir temporalmente el exceso de agua. Esta estrategia permite disminuir la velocidad y la energía del caudal, reduciendo significativamente el impacto destructivo sobre los sectores habitados.

Además de mitigar el riesgo de desbordes, el consejero destaca que estas alternativas aportan valor ecológico al territorio, al recuperar hábitats degradados, proteger la biodiversidad local y consolidar corredores biológicos fundamentales para la avifauna y la vida silvestre regional.

Si bien la autoridad reconoce la necesidad de ejecutar obras de contención en puntos críticos -para resguardar viviendas, puentes, caminos y bocatomas-, enfatiza la importancia de evitar respuestas sistemáticas e invasivas. “Debemos evitar que la respuesta automática después de cada temporal sea estrechar, limpiar completamente o encauzar nuestros ríos. Prepararse para las próximas lluvias significa también devolverles espacio y permitir que la naturaleza sea parte de la solución”.

Por su parte, el ecologista Luis Castro coincide plenamente con este enfoque, recalcando que la menor intervención posible en los lechos naturales debe ser la regla general, complementada con una planificación preventiva oportuna. “Hay que preocuparse de prevenir con tiempo, mucho antes de que bajen las quebradas y los ríos de la región”, afirma.

Asimismo, Castro apunta a la raíz del problema del riesgo socio-natural, los patrones de asentamiento. A su juicio, los mayores desastres provocados por las lluvias no responden al comportamiento impredecible de las fuentes hídricas, sino a la ocupación inadecuada del suelo.

“Una de las medidas preventivas fundamentales es no intervenir los afluentes instalando viviendas en los lechos de quebradas y ríos. El agua siempre busca sus cauces naturales”, advierte el ecologista, coincidiendo en que, si bien en ciertos puntos será inevitable realizar obras de ingeniería para evitar desbordes, la prioridad debe ser el ordenamiento territorial riguroso y el respeto a la dinámica propia de la naturaleza.