URBANISMO Y CLIMA
Expertos explican por qué ciudades chilenas se inundan tan rápido
Las repetidas escenas de calles convertidas en ríos y autos varados durante las lluvias intensas en Chile no son solo producto de la cantidad de agua caída. Expertos explican que el problema de fondo está en cómo se han diseñado muchas de nuestras ciudades, volviéndolas incapaces de absorber el agua de forma natural, y proponen soluciones para revertir esta situación.
El cambio hacia un modelo de desarrollo urbano que recupere la conexión con la naturaleza podría devolver a nuestras ciudades la capacidad de gestionar el exceso de agua. Actualmente, la excesiva cobertura de cemento y otras superficies impermeables impide que el suelo, el pasto y la vegetación retengan parte de la lluvia. Esto obliga al agua a escurrir rápidamente, buscando el punto más bajo.
Cuando este volumen supera la capacidad de los sistemas de calles y colectores, el resultado es inevitable: la inundación. Este fenómeno es particularmente visible en sectores como los pasos bajo nivel o calles irregulares, que se anegan con celeridad.
“La presencia de infraestructura genera superficies impermeables, a lo que se suma la de los sistemas de drenaje, que también tienen un límite. Como consecuencia, sectores que promueven la acumulación de agua, como pasos bajo nivel, zonas de transición o calles irregulares, se anegan con rapidez. La intensidad de la lluvia es tan importante como la cantidad que cae”, sostiene Felipe Ochoa, académico del Departamento de Ingeniería Civil de la Universidad de Chile.
Este problema se agrava en ciudades que han experimentado un crecimiento acelerado y poco planificado, donde el avance de la pavimentación no fue acompañado por la necesaria infraestructura de drenaje. Las obras existentes, además, pueden ser antiguas y diseñadas para condiciones climáticas diferentes a las actuales.
Jorge Gironás, académico de la Universidad Católica y director de CEDEUS, plantea que una solución es mejorar los colectores para evacuar el agua superficial, algo en lo que se ha avanzado dentro de lo económicamente factible. Sin embargo, enfatiza que estamos “muy al debe” en la gestión local del agua, donde la infiltración y el almacenamiento deberían tener un rol crucial.
En lugares como California, Estados Unidos, se han implementado soluciones innovadoras, como pavimentos porosos, techos verdes y parques que actúan como zonas temporales de acumulación de agua. Estas iniciativas complementan la infraestructura tradicional, reduciendo la presión sobre ella y mitigando efectos del cambio climático, como las olas de calor y las sequías.
Los especialistas coinciden en que estas soluciones son factibles en Chile. Ochoa menciona que “Pavimentos permeables, parques inundables, entre otras soluciones, podrían contribuir a disminuir la escorrentía, reduciendo la presión sobre los colectores y beneficiando al medioambiente”.
Para su implementación, Gironás advierte sobre trabas estructurales, como la descoordinación entre municipios, ministerios (MINVU y MOP) y el sector privado. También menciona el desconocimiento sobre la efectividad de ciertas infraestructuras verdes y la falta de normativas claras ante problemas cotidianos como la contaminación de cauces y el colapso de alcantarillados.
La recomendación es adoptar medidas de planificación urbana flexibles, priorizando infraestructuras de uso múltiple. Esto incluye cauces rehabilitados y parques que sirvan tanto para la recreación como para contener el agua, siendo más adaptables que los colectores subterráneos rígidos frente a los cambios en las proyecciones climáticas. La inversión en infraestructura crítica, incluyendo vialidad urbana y recursos hídricos, es una necesidad urgente en el país, como ya ha señalado la Cámara Chilena de la Construcción en años anteriores.