INFANCIA Y TRADICIÓN

«Desaparecen de los patios»: el adiós a los juegos de antaño en Chile

La tecnología avanza y los juegos de antaño como el luche, trompo y bolitas pierden terreno en los patios de Chile. Un adiós a la tradición.
domingo 09 de agosto de 2026

Juegos que definieron la infancia de generaciones están quedando en el olvido en los patios de la Región de Coquimbo y el resto del país, perdiendo terreno frente a la constante irrupción de la tecnología. Dinámicas como el luche, el trompo y las bolitas son solo algunas de las costumbres que hoy los niños apenas conocen, relegadas por las pantallas. La preocupación es compartida por muchas familias de La Serena que buscan recuperar los juegos al aire libre.

El luche, un clásico de equilibrio y precisión, se juega lanzando un tejo en una secuencia de diez casilleros numerados en el suelo. El objetivo es recorrer la pista saltando en un solo pie en cuadrados individuales y con ambos pies en los dobles, sin pisar las líneas ni el casillero del tejo, que debe recogerse al regresar. Los jugadores pierden el turno si cometen errores, lo que añade emoción a cada salto. Este juego, que también tiene su correlato en la rayuela —deporte nacional que busca financiamiento público—, fomenta la coordinación y la concentración.

Otro juego en declive es el trompo, una estructura de madera en forma de pera que gira al ser impulsada con una cuerda. Las dinámicas van desde mantenerlo bailando el mayor tiempo posible hasta levantarlo en la palma de la mano mientras rota. En competencias grupales, los participantes intentan empujar los trompos de los oponentes fuera de un círculo. La destreza en el lanzamiento y la capacidad para realizar trucos definen al ganador, una habilidad que se valora especialmente en eventos como La Pampilla de Coquimbo, donde los juegos criollos rescatan las tradiciones.

Las bolitas, conocidas popularmente como “las bolitas” en muchas regiones de Chile, son pequeñas esferas de vidrio, cristal o metal que se hacen chocar para ganar las de los oponentes. Una variante popular es “la troya”, donde se dibuja un círculo en el suelo y los jugadores depositan bolitas. Desde una línea de tiro, se lanza una bolita principal (a veces un “bolón” más grande) con el pulgar y el índice para sacar las del centro del círculo. Otra modalidad es “el hoyito”, que consiste en meter las esferas en una pequeña excavación y luego intentar golpear las canicas rivales. Es un juego de puntería y estrategia.

Finalmente, los elásticos, un juego de ritmo y coordinación, requieren al menos tres participantes. Dos sostienen una cinta elástica larga a la altura de los tobillos, mientras un tercer jugador realiza una secuencia de pasos acordados, saltando sobre el elástico, cruzándolo o enredándolo sin perder el ritmo. La dificultad aumenta progresivamente, elevando el elástico desde los tobillos hasta la cintura. Si el saltador se equivoca o pisa fuera de lugar, pierde su turno, promoviendo la concentración y la memoria. Estos juegos, que antes eran comunes en los recreos y tardes de barrio, hoy se observan con nostalgia por quienes recuerdan sus infancias, a menudo vinculados a los juguetes vintage que marcaron a los adultos de Coquimbo. Su desaparición plantea un desafío: ¿cómo se puede incentivar la recuperación de estas actividades al aire libre frente a la omnipresencia digital?