SE NECESITA PERSISTENCIA DE PRECIPITACIONES

Tras 15 años de déficit, lluvias dan un respiro a los acuíferos del Limarí

Las precipitaciones y el aumento del agua superficial podrían favorecer la recarga de algunos sectores subterráneos y reducir temporalmente la extracción desde los pozos. Sin embargo, especialistas advierten que un evento lluvioso no permite revertir más de una década de déficit y sobreexplotación.
Las recientes lluvias y la mayor disponibilidad de agua superficial permitirían disminuir temporalmente la extracción desde los pozos, dando un “leve descanso” a los acuíferos del Limarí. (Foto archivo)
Las recientes lluvias y la mayor disponibilidad de agua superficial permitirían disminuir temporalmente la extracción desde los pozos, dando un “leve descanso” a los acuíferos del Limarí. (Foto archivo)
domingo 23 de agosto de 2026

Por Estefanía González

Las recientes lluvias que afectaron a la Región de Coquimbo no solo significaron un importante alivio para los embalses y cursos superficiales. También abrieron una ventana de recuperación para uno de los recursos más estratégicos y, a la vez, menos visibles de la provincia del Limarí: las aguas subterráneas.

En una provincia donde cientos de familias dependen de pozos para acceder al agua potable y donde la agricultura constituye uno de los principales motores económicos, el estado de los acuíferos resulta determinante. Sin embargo, después de más de 15 años de déficit hídrico, la recuperación de estas reservas no será inmediata.

Así lo explicó Pablo Álvarez, director del Laboratorio PROMMRA de la Universidad de La Serena y del Consorcio Centro Tecnológico del Agua Quitai Anko, quien planteó que la recarga de los acuíferos requiere mucho más que un episodio puntual de precipitaciones.

“La recarga de los acuíferos, primero que nada, es un proceso que en general es lento y que lo que necesita es la persistencia de fenómenos meteorológicos de este tipo, o sea, continuidad en un cauce natural como un río con mayor cantidad de agua, continuidad en las precipitaciones, etcétera, y por supuesto una menor extracción”, señaló.

En el Limarí existen 10 Sectores Hidrogeológicos de Aprovechamiento Común (SHAC), definidos por la Dirección General de Aguas (DGA): río Limarí, río Hurtado, río Punitaqui, río Grande, río Pama, Guatalume, Higuerilla, Cogotí, Combarbalá y El Ingenio.

Estos sectores cumplen un papel fundamental en la seguridad hídrica provincial, pues abastecen a Servicios Sanitarios Rurales (SSR), comunidades agrícolas y diversas actividades productivas, entre ellas la fruticultura y la industria pisquera.

UN SISTEMA BAJO PRESIÓN

El problema es que las reservas subterráneas llegan a este escenario después de años de presión. La prolongada sequía redujo las precipitaciones y los caudales, mientras que la necesidad de mantener las actividades productivas incrementó la dependencia de las aguas subterráneas.

En abril de este año, el Centro Científico CEAZA presentó los resultados de un estudio destinado a actualizar las estimaciones de recarga y extracción del SHAC Limarí.

Los resultados encendieron una alerta: el acuífero presenta actualmente un déficit cercano a los 700 litros por segundo, cifra que contrasta con la situación estimada en 2013, cuando existía un superávit cercano a los 400 litros por segundo.

El estudio también reveló una particularidad del sistema. Gran parte de la recarga histórica no proviene directamente de las precipitaciones, sino de las pérdidas asociadas al riego y a la conducción de agua. Según antecedentes de la DGA, cerca del 77% de la recarga total del SHAC Limarí se genera por esta vía.

DOS FENÓMENOS VIRTUOSOS

Las lluvias de julio y agosto modificaron favorablemente el escenario superficial. Los embalses multiplicaron en más de siete veces el volumen de agua almacenada y, en el caso del sistema Limarí, alcanzaron cerca del 53% de su capacidad.

Aunque el comportamiento de las aguas subterráneas es diferente, Álvarez explicó que actualmente pueden observarse dos procesos favorables. El primero corresponde al ingreso de agua superficial hacia determinados acuíferos, principalmente en aquellos sectores donde existe una conexión directa con los ríos.

Los sectores con mayores posibilidades de recibir este aporte son aquellos cercanos a los cauces, especialmente las terrazas bajas o depósitos aluviales recientes, donde la presencia de grava y arena facilita la conexión entre las aguas superficiales y subterráneas.

El segundo fenómeno está relacionado con una menor necesidad de utilizar agua subterránea para riego. Mientras exista disponibilidad superficial, los agricultores pueden priorizar esta fuente y disminuir temporalmente la extracción desde los pozos.

“Los pozos van a tener un ‘leve descanso’ porque lo racional es que las personas que riegan ocupen el agua superficial primero y ese fenómeno va a permitir que haya un proceso de recarga más tranquilo y de reducción del uso del agua”, explicó Álvarez.

UNA PROTECCIÓN QUE SIGUE VIGENTE

La compleja situación de los acuíferos ya había llevado al Estado a establecer restricciones para evitar que aumentara la presión sobre el recurso.

Durante julio de 2023, los 10 SHAC del Limarí fueron declarados zonas de prohibición por la DGA. Esto significa que no pueden otorgarse nuevos derechos de aprovechamiento de aguas subterráneas, sean definitivos o provisionales, con el objetivo de resguardar la seguridad hídrica y los derechos ya constituidos.

Así, las últimas precipitaciones representan una señal positiva para las reservas subterráneas del Limarí, pero no una solución definitiva. Después de más de una década de déficit hídrico y presión sobre los acuíferos, su recuperación dependerá de la persistencia de las lluvias, la disponibilidad de agua superficial y una menor extracción desde los pozos.