Una paradoja cada vez más presente

De la sequía a las lluvias extremas: el nuevo desafío climático de la Región de Coquimbo

Especialistas advierten que el cambio climático no significa necesariamente que la Región de Coquimbo dejará de tener años lluviosos, sino que podría enfrentar una mayor variabilidad, con períodos prolongados de sequía intercalados con episodios de precipitaciones intensas. El actual fenómeno de El Niño agrega incertidumbre y podría mantener una señal de lluvias más allá de lo habitual.
Tras las lluvias de este año, la Región de Coquimbo pasó de cerca de un 10% de agua embalsada a fines de junio a aproximadamente un 29%, aunque especialistas advierten que este repunte no pone fin a la crisis hídrica.
Tras las lluvias de este año, la Región de Coquimbo pasó de cerca de un 10% de agua embalsada a fines de junio a aproximadamente un 29%, aunque especialistas advierten que este repunte no pone fin a la crisis hídrica.
domingo 23 de agosto de 2026

Por décadas, la Región de Coquimbo ha aprendido a convivir con una aparente contradicción: la falta de agua puede convertirse en una amenaza durante varios años, pero también existen temporadas en que las precipitaciones llegan con fuerza y, en pocos días, modifican completamente el escenario hídrico de la zona.

Lo que está ocurriendo actualmente vuelve a poner esta característica del clima regional en el centro de la discusión, pero incorpora una pregunta adicional: ¿cómo podría cambiar este comportamiento en un planeta que se está calentando?

La respuesta no apunta necesariamente a un futuro en que simplemente lloverá menos. El escenario es más complejo. La variabilidad natural seguirá teniendo un papel importante, pero sobre ella se está instalando una nueva condición climática que puede modificar la intensidad de determinados fenómenos extremos.

Así lo explica Roberto Rondanelli, académico del Departamento de Geofísica de la Universidad de Chile y director del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), quien plantea que la variabilidad natural y el cambio climático pueden estar ocurriendo simultáneamente.

Para el especialista, no resulta correcto atribuir automáticamente cada episodio de precipitaciones al calentamiento global. En el caso de los eventos registrados este invierno, por ejemplo, existe una clara señal asociada al actual fenómeno de El Niño. Determinar cuánto pudo influir adicionalmente el cambio climático requiere estudios específicos que todavía no se han realizado.

Sin embargo, esto no significa que sea irrelevante. Una de las principales interrogantes científicas apunta precisamente a establecer cómo el calentamiento global puede modificar la intensidad de fenómenos naturales que ya forman parte del clima de Chile.

UNA REGIÓN ACOSTUMBRADA A LOS EXTREMOS

Rondanelli plantea que la propia historia climática del Norte Chico obliga a mirar con cautela los conceptos de “normalidad” y “anormalidad”. “También es parte del clima de la Región de Coquimbo el hecho de tener estos años muy lluviosos y otros años muy secos”, explica.

En esta zona, agrega, un año promedio no necesariamente representa lo que ocurre habitualmente. La normalidad se construye a partir de algunos pocos años muy lluviosos y muchos años secos.

Esta característica permite entender por qué un invierno con abundantes precipitaciones no necesariamente significa que la región haya dejado atrás su problema estructural de disponibilidad de agua.

La diferencia es que ahora esos ciclos naturales están ocurriendo sobre un escenario climático distinto. El calentamiento global está modificando las condiciones de la atmósfera y los océanos.

Cristian Muñoz, modelador estadístico del Centro de Estudios Avanzados en Zonas Áridas (CEAZA), explica que el aumento de la temperatura de los océanos implica también una mayor cantidad de vapor de agua disponible en la atmósfera. Esa humedad puede ser transportada por los sistemas meteorológicos hacia la costa sudamericana y contribuir a precipitaciones más intensas.

Por ello, desde CEAZA advierten que eventos similares podrían volverse más frecuentes a medida que avance el cambio climático.

El climatólogo regional Álvaro Salazar agrega que distintas investigaciones científicas han planteado, además, una posible intensificación del fenómeno de El Niño y, con ello, un eventual aumento en la ocurrencia de eventos extremos asociados.

EL NIÑO MIRA HACIA LOS PRÓXIMOS MESES

En este escenario, El Niño aparece como uno de los grandes protagonistas climáticos de 2026. Su importancia para la Región de Coquimbo radica en que históricamente puede modificar las condiciones de precipitación durante el invierno en el Norte Chico.

La meteoróloga Arlette Chacón señala que bajo condiciones de El Niño se debilita el Anticiclón del Pacífico, permitiendo el ingreso de sistemas frontales que afectan a la zona centro y sur del país.

“Debido a este fenómeno hay más vapor de agua en las zonas ecuatoriales, que se ha trasladado por las corrientes hasta las zonas centrales, generando estos ríos atmosféricos que han potenciado los sistemas frontales que nos han afectado”, explica.

La especialista agrega que las señales de El Niño pueden ser variables y difíciles de anticipar con precisión, por lo que su evolución requiere un monitoreo permanente.

Rondanelli explica que, en términos generales, la influencia de El Niño sobre las lluvias de esta zona se concentra entre julio, agosto y septiembre. Con la llegada del verano, la relación comienza a perder fuerza porque el régimen de precipitaciones se desplaza progresivamente hacia el sur.

Sin embargo, este año presenta una diferencia relevante: la intensidad del fenómeno. De acuerdo con el académico, el actual El Niño se encuentra entre los eventos más intensos registrados, condición que abre la posibilidad de observar comportamientos que no necesariamente tienen precedentes claros.

Por ello, aunque su influencia sobre las precipitaciones del Norte Chico debería comenzar a disminuir a medida que avance la primavera, los modelos estacionales muestran algunas señales que llaman la atención. Rondanelli señala que existen indicios para noviembre en el Norte Chico, algo novedoso, ya que habitualmente no se observa una conexión tan clara entre El Niño y las precipitaciones durante esa época.

Esto no significa que la Región de Coquimbo vaya a tener necesariamente un noviembre lluvioso. La incertidumbre continúa siendo alta, pero se abre una posibilidad que los especialistas deberán seguir de cerca durante las próximas semanas.

Desde CEAZA también han planteado que, dada la actual evolución de El Niño, podrían continuar registrándose eventos importantes de precipitación en la región, con efectos positivos especialmente sobre la acumulación de nieve en la cordillera y la disponibilidad de agua para los meses siguientes.

¿MÁS LLUVIA O MÁS SEQUÍA?

Aquí aparece una de las mayores paradojas del escenario climático que enfrenta Coquimbo. Por un lado, las lluvias de este año han permitido una recuperación importante de los embalses y una mayor acumulación de nieve.

Cristian Orrego, encargado del área meteorológica de CEAZA, destacó que la región pasó de alrededor de un 10% de agua embalsada a fines de junio a cerca de un 29% después de uno de los principales eventos de precipitación.

Es una recuperación significativa y una buena noticia para la agricultura y la seguridad hídrica inmediata. Pero eso no necesariamente significa que la tendencia de largo plazo haya cambiado.

Rondanelli es enfático en este punto. Si hubiera que establecer una prioridad frente al clima futuro, la seguridad hídrica debería seguir estando en el centro de las preocupaciones del Norte Chico.

Los modelos climáticos globales muestran que esta parte del país se encuentra entre las zonas donde las precipitaciones tenderían a disminuir como consecuencia del cambio climático. Esta reducción se combina, además, con el creciente uso de las aguas superficiales y subterráneas.

Por eso, la crisis hídrica no depende únicamente de cuánto llueve. También está determinada por cuánta agua consume la sociedad, cómo se administran las cuencas y la capacidad existente para almacenar y gestionar el recurso cuando las precipitaciones efectivamente llegan.

“Esta inseguridad hídrica tiene este componente natural o componente de cambio climático y también este componente de uso”, plantea Rondanelli.

De esta manera, la nueva realidad obliga a aprender a convivir con ambos extremos. La imagen que comienza a configurarse para la Región de Coquimbo no es la de un territorio que pasará de la sequía a convertirse en una zona lluviosa. El escenario es bastante más complejo.

El cambio climático podría profundizar las condiciones de aridez de largo plazo y, al mismo tiempo, favorecer condiciones para que determinados episodios de precipitación sean más intensos. En otras palabras, no solo será necesario prepararse para cuando no llueva, sino también para cuando el agua llegue en grandes cantidades y en períodos relativamente cortos.

Las actuales precipitaciones entregan un respiro. Los embalses tienen más agua, la cordillera acumula nieve y los caudales de primavera y verano podrían verse favorecidos. Sin embargo, los especialistas llaman a no confundir este alivio con el término de la crisis hídrica.

El desafío será prepararse para un clima más incierto, donde la sequía y las precipitaciones intensas no sean entendidas como escenarios opuestos, sino como dos riesgos que pueden formar parte de una misma realidad climática. En una región donde históricamente se ha esperado la lluvia como una buena noticia, el futuro exigirá también aprender a administrar esa agua cuando llegue y estar preparados para el siguiente período de escasez.

Dato destacado: El actual fenómeno de El Niño se encuentra entre los más intensos registrados, y los modelos estacionales incluso muestran señales inusuales de posibles precipitaciones en el Norte Chico durante noviembre.