Pionero en su área

Edward Rabah: el médico que convirtió el alivio del dolor en el propósito de su vida

Tras casi cinco décadas dedicadas a la salud pública, el anestesiólogo fue pionero en la creación de la primera Unidad de Dolor de Chile, en el hospital de Coquimbo. Hoy, a dos años de su retiro hospitalario, continúa atendiendo pacientes y formando profesionales, una labor que le valió ser reconocido entre los 100 Líderes Mayores.
martes 20 de octubre de 2026

La vocación del médico Edward Rabah Heresino no se mide solamente en los años que trabajó en un hospital, los especialistas que contribuyó a formar o los libros que publicó. También se refleja en una decisión que mantiene hasta hoy: seguir atendiendo a pacientes que conoció durante su trayectoria y que no tienen recursos para pagar una consulta.

A dos años de retirarse del hospital de Coquimbo, el médico anestesiólogo continúa trabajando en Red Salud Elqui y en una pequeña clínica de Sindempart, junto a su esposa, de profesión kinesióloga. Allí recibe a personas que siguen buscando su ayuda, mientras mantiene sus actividades docentes y participa en programas de formación en tratamiento del dolor.

Su historia profesional, de hecho, marcada por la atención clínica, la investigación y la enseñanza, fue reconocida en la iniciativa 100 Líderes Mayores.

“Mi vida la dediqué al alivio del dolor y sigo haciéndolo”, resume el especialista, cuya trayectoria estuvo guiada por una convicción: comprender el sufrimiento de los pacientes y buscar alternativas para aliviarlo.

También ha destacado como deportista , aunque reconoce que hoy sigue practicando buceo ya no a nivel competitivo, pero sí junto a sus nietos de 11 y 13 años a quienes ha inculcado el amor por esa  actividad deportiva.

Médico por tradición

Su camino en el área de salud comenzó mucho antes de llegar a la Región de Coquimbo. Oriundo de Concepción y nieto de inmigrantes palestinos, creció en una familia numerosa. Su padre era médico gastroenterólogo y él destacó tempranamente en sus estudios. Se saltó dos cursos, egresó de la enseñanza media a los 14 años e ingresó a Medicina en la Universidad de Concepción a los 15, en 1967.

Durante su formación universitaria comenzó a trabajar en el Instituto Médico Legal y aprendió anestesia en tercer año, en un contexto en que faltaban especialistas para cubrir los turnos. La experiencia despertó su interés por una disciplina que exigía conocimientos, destreza y capacidad para responder ante situaciones complejas.

Después de especializarse en el Hospital del Salvador, en Santiago, llegó a Coquimbo en 1978. Su compromiso inicial era trabajar cinco años en provincia, pero ese período terminó convirtiéndose en el comienzo de una extensa trayectoria en la salud pública regional.

Fue el primer anestesiólogo de la historia del hospital de Coquimbo y asumió la tarea de organizar esa área. Las condiciones de trabajo, sin embargo, eran muy distintas a las actuales: no había una unidad de cuidados intensivos ni monitores cardíacos como los de hoy. Pese a esas limitaciones, el equipo trabajaba con siete pabellones simultáneos y participó en el desarrollo de un centro para pacientes politraumatizados, que incorporó neurocirujanos y traumatólogos.

Cumplidos sus años de compromiso, viajó a Estados Unidos para explorar otras posibilidades profesionales. Sin embargo, decidió regresar a Chile. De vuelta en Coquimbo, a comienzos de los años 80, conoció al médico argentino Roberto Fischella, quien trabajaba en el tratamiento del dolor. La conversación abrió una nueva perspectiva profesional. En ese tiempo, el manejo del dolor tenía escasa presencia en la formación médica y existían numerosas preguntas sobre cómo tratar a pacientes con molestias persistentes, lesiones nerviosas o enfermedades avanzadas.

El especialista organizó un congreso en la zona y comenzó a atender a personas con dolor crónico y pacientes con cáncer avanzado. Pero también comprendió que necesitaba profundizar sus conocimientos. En 1987 viajó a París junto a su esposa para estudiar en el hospital Pitié-Salpêtrière.

Unidad del Dolor

Dos años después, esa formación se tradujo en uno de los hitos centrales de su carrera: la creación de la primera Unidad de Dolor de Chile, en el Hospital San Pablo de Coquimbo. Desde allí impulsó una atención especializada y contribuyó a abrir camino en un área que abarca tanto los cuidados paliativos como el tratamiento de dolores persistentes, cefaleas, lumbago y lesiones nerviosas.

Su interés no se limitó a la atención clínica. También comenzó a investigar y publicar trabajos científicos, en una época en que acceder a información médica exigía revisar revistas especializadas y tratados. Con el tiempo, ese trabajo le permitió adquirir reconocimiento latinoamericano y participar en la elaboración de guías clínicas para orientar el tratamiento de distintos tipos de dolor.

De ese esfuerzo surgió “El alivio del dolor en la práctica clínica”. La editorial que recibió el proyecto inicialmente tenía dudas sobre sus posibilidades comerciales, debido a una experiencia anterior poco favorable con una publicación sobre el tema. Sin embargo, la primera edición superó las expectativas: se imprimieron 1.500 ejemplares y fueron necesarios tres tirajes, hasta completar 4.500 libros vendidos antes de cinco años.

La obra tuvo nuevas ediciones y la tercera alcanzó casi 500 páginas. Más que una publicación, el libro sintetizó parte de los conocimientos que el médico había reunido durante décadas de atención e investigación.

Tratamiento del dolor

Para Edward Rabah, uno de los principales desafíos sigue siendo que el tratamiento del dolor reciba la preparación que requiere. Advierte que no basta con recetar un analgésico, sino que es necesario conocer las dosis, los límites de cada medicamento, sus efectos adversos y las características particulares del paciente. El dolor asociado a lesiones nerviosas, por ejemplo, puede necesitar estrategias distintas de las utilizadas para otras molestias.

También insiste en que el dolor crónico no afecta solamente una parte del cuerpo, ya que puede alterar el descanso, el trabajo y las relaciones personales, por lo que su abordaje debe considerar las distintas dimensiones de la vida del paciente e incorporar a profesionales de otras especialidades cuando sea necesario.

Esa convicción explica que continúe dedicado a la docencia. Actualmente realiza clases en programas de formación en dolor y en la Universidad Católica del Norte, con el propósito de transmitir lo aprendido y contribuir a la preparación de nuevas generaciones de médicos.

Su hija fue quien lo postuló a la iniciativa 100 Líderes Mayores, al considerar que Rabah pese a su retiro hospitalario, continúa atendiendo, enseñando y compartiendo sus conocimientos y siendo un gran aporte a la comunidad de la Región de Coquimbo.

El reconocimiento representa para él también una valoración del trabajo de quienes se dedican a aliviar el sufrimiento de los pacientes. Su trayectoria comenzó con la anestesiología, encontró un nuevo propósito en el tratamiento del dolor y continúa hoy en la consulta y en las aulas.