POLÍTICA AMBIENTAL

Nueva norma lumínica desafía idea de que más luz es más seguridad

Desde 2026, Chile implementará una nueva norma lumínica para reducir la contaminación y proteger la biodiversidad. El cambio busca un enfoque más eficiente.
sábado 31 de octubre de 2026

Chile ha iniciado un importante proceso con la implementación de una nueva norma lumínica, vigente desde el 19 de octubre de 2026 para nuevas instalaciones y recambios de alumbrado exterior. Esta medida, establecida bajo el Decreto Supremo N.º 1 de 2022 del Ministerio del Medio Ambiente, busca combatir la contaminación lumínica en todo el territorio nacional, protegiendo no solo los cielos, sino también la biodiversidad y la salud de las personas.

La iniciativa pretende transformar la forma en que se concibe el alumbrado público y privado, desafiando la arraigada creencia de que "más luz equivale a más seguridad". Un especialista en iluminación y autor de una columna sobre el tema, subraya que la contaminación lumínica va más allá de afectar la observación astronómica, manifestándose en barrios, carreteras y espacios naturales.

Las nuevas exigencias implican un control más preciso de la dirección de la luz, evitando emisiones innecesarias hacia el cielo o ventanas de viviendas. Por ejemplo, en una renovación municipal de alumbrado, no bastará con instalar luminarias LED de bajo consumo, sino que deberán asegurar una correcta iluminación de calzadas y veredas sin derrochar luz.

Asimismo, la normativa contempla restricciones horarias para ciertos tipos de alumbrado, como letreros publicitarios, fachadas iluminadas y recintos deportivos, que deberán apagarse desde la medianoche para evitar contaminación innecesaria una vez finalizadas las actividades. Estos cambios serán graduales, ya que las instalaciones existentes fuera de zonas de protección especial se adecuarán al momento de su recambio.

La norma también impulsa el uso de iluminación de tonalidades más cálidas, limitando las emisiones de luz azul. Sin embargo, se enfatiza que no es suficiente cambiar un tipo de luz por otro; una luminaria cálida también puede contaminar si es excesivamente intensa o está mal orientada.

Este cambio normativo genera un desafío crucial en materia de fiscalización. La Superintendencia del Medio Ambiente y otros organismos competentes deberán ir más allá de revisar certificados de equipos. Será fundamental evaluar el funcionamiento de las instalaciones una vez puestas en marcha, para asegurar que se generen mejoras reales. Este enfoque es respaldado por el conocimiento técnico que permite medir la distribución de la luz y sus efectos, así como el brillo del cielo nocturno a lo largo del tiempo. Puedes conocer más detalles de la nueva norma lumínica y cómo la contaminación lumínica afecta la astronomía en Chile.

El éxito de esta nueva regulación se medirá por resultados tangibles:

El éxito de esta norma no debería medirse solamente por la cantidad de luminarias reemplazadas o por los certificados emitidos. Debería evaluarse por resultados concretos: calles donde podamos desplazarnos con buena visibilidad, viviendas menos afectadas por luces innecesarias y espacios naturales donde la noche siga siendo noche.

Así, se busca que la ciudadanía experimente una mejora directa en la calidad de vida y el entorno, dejando atrás la idea de que una mayor cantidad de luz siempre es sinónimo de progreso.