Una historia que atraviesa generaciones
Las huellas de Agua Negra: 160 años de historia entre montañas y fronteras
A 4.780 metros sobre el nivel del mar, el paso de Agua Negra se erige como uno de los cruces cordilleranos más altos y emblemáticos de la frontera chileno-argentina. Conector natural entre la Región de Coquimbo y la Provincia de San Juan, este paso posee una historia centenaria marcada por la tenacidad humana y la integración binacional.
Los antecedentes del paso se remontan al siglo XIX. En 1865, el gobernador del Departamento de Elqui, Juan de Dios Pérez de Arce, ordenó la construcción de un camino tropero para facilitar el tránsito de arrieros y comerciantes de ganado. Apenas cuatro años después, en 1869, Indalecio Castro realizó el primer viaje documentado cruzando carros y carruajes desde Copiapó, una hazaña por la cual el gobierno de San Juan lo premió al demostrar la viabilidad de la ruta.
El impulso decisivo llegó en el siglo XX. En 1929 se realizaron los primeros estudios técnicos formales para trazar un camino vehicular, promovidos firmemente por figuras como Gabriel González Videla y el gobernador sanjuanino Federico Cantoni. Tras décadas de trabajo extremo aprovechando huellas mineras y la construcción del embalse La Laguna, el paso internacional fue inaugurado oficialmente el 1 de marzo de 1965 durante la presidencia de Eduardo Frei Montalva.
Aunque permaneció clausurado entre 1977 y 1994 por tensiones geopolíticas e falta de infraestructura, su reapertura reavivó el flujo turístico y comercial estival. Ya en el siglo XXI, el cruce cobró un rol clave en el proyecto del Corredor Bioceánico con la propuesta del Túnel de Agua Negra: dos megatúneles de baja altura de casi 14 kilómetros destinados a garantizar la conectividad durante todo el año.
No obstante, trabas presupuestarias, desacuerdos políticos y la renuncia de Chile a créditos internacionales del BID han dejado el túnel en pausa, reabriendo el debate regional sobre el futuro de este estratégico gigante trasandino.