ANTE NUEVA APERTURA DEL EMBALSE
Las históricas aperturas de La Paloma y sus consecuencias en el Limarí
Por: Martha Hecherdorsf
Ante la apertura controlada del embalse La Paloma anunciada para este jueves 5 de noviembre, vuelve la pregunta sobre qué ocurrió las veces anteriores en que se abrieron las compuertas y si hubo "efectos secundarios" como la inundación de algunos sectores. Los testimonios de protagonistas de la época y archivos de prensa permiten reconstruir episodios con consecuencias muy distintas.
Aunque 1997 suele mencionarse como la última gran apertura, José Eugenio González, histórico dirigente de la Comunidad de Aguas del Sistema Embalse Paloma (CASEP), recuerda otro rebase en 2003. Su testimonio, junto al del exgobernador provincial Cristián Sáez, permite reconstruir una historia marcada tanto por graves inundaciones como por operaciones preventivas.
1984: la apertura más compleja
El episodio más complejo, según González, ocurrió en julio de 1984. Tras días de intensas lluvias, el embalse estaba prácticamente lleno y las descargas coincidieron con crecidas extraordinarias. En Ovalle, donde el río Limarí aún no estaba encauzado como hoy, la corriente afectó sectores ribereños e infraestructura vial.
González explicó que las grandes cantidades de agua provenientes de los valles interiores debieron continuar su recorrido aguas abajo debido a que el embalse se encontraba prácticamente lleno.
Según relató, las inundaciones afectaron sectores cercanos a las instalaciones de agua potable de Ovalle y parte de la población Fray Jorge, mientras que la crecida también ocasionó importantes daños a la infraestructura vial.
Uno de los episodios más complejos fue el corte del puente de La Chimba, cuyos accesos resultaron dañados por la fuerza del agua. “Se cortaron los terraplenes que unían al puente y quedó cortado. Estuvimos, yo creo, unos cuatro o cinco meses con eso”, señaló el exdirigente, al recordar las dificultades de conectividad que enfrentaron los habitantes.
Cabe precisar que estos daños ocurrieron en medio de un temporal de gran magnitud, por lo que los daños estuvieron claramente asociados a las crecidas naturales y las descargas del embalse.
1997: una apertura planificada
Con posterioridad, La Paloma volvió a registrar nuevos períodos de rebalse, entre ellos el de 1987, asociado principalmente a una importante acumulación de nieve en la cordillera y los posteriores deshielos.
Sin embargo, fue en 1997 cuando se produjo una de las aperturas más recordadas por la comunidad, después de una rápida recuperación de las reservas hídricas tras años de escasez.
En archivos de Diario El Día, correspondientes al 10 y 11 de septiembre de ese año, se puede leer que la evacuación controlada comenzó el miércoles 10 de septiembre de 1997, con la apertura de las ocho compuertas del embalse.
En aquella oportunidad, la operación fue encabezada por autoridades regionales, entre ellas la entonces gobernadora, Laura Pizarro, y contemplaba una evacuación aproximada de 60 metros cúbicos de agua por segundo, que se prolongaría durante los meses siguientes para recibir los aportes del deshielo.
El agua liberada comenzó a desplazarse por el cauce durante la mañana y llegó a Ovalle pasadas las 13:00 horas, según consignó la publicación del día siguiente.
A diferencia de lo ocurrido en 1984, González recordó que las descargas posteriores pudieron manejarse de mejor manera, evitando complicaciones importantes para las comunidades.
“Yo creo que estos últimos 23 años, incluso el año 97, que fue de caudales muy grandes, se pudo manejar bien el tema de inundaciones. No hubo mayores problemas”, sostuvo.
2003: el "rebalse olvidado"
Aunque actualmente distintas autoridades sitúan en 1997 la última apertura de gran magnitud, González asegura que en 2003 se registró un nuevo rebase de La Paloma, aunque de menor intensidad. El exdirigente recordó que también se abrieron las ocho compuertas y que el volumen evacuado habría alcanzado aproximadamente 50 millones de metros cúbicos.
Por su parte, Cristián Sáez, gobernador provincial entre 2001 y 2006, relató que durante un enjambre sísmico se organizó una demostración para medir cuánto tardaba el agua en desplazarse desde la cortina de La Paloma hasta el puente Los Cristi, en Ovalle, ante una eventual emergencia.
“Fue un momento excepcional por un enjambre sísmico que afectó a la provincia de Limarí. Y existía muchísima preocupación por las implicancias en la salud mental y la gestión de una eventual emergencia ante un terremoto de grandes proporciones”, explicó.
El objetivo era generar una demostración que permitiera entregar información a la ciudadanía y reducir la preocupación frente a una eventual emergencia. Sáez aseguró que no recuerda impactos negativos generalizados en las comunidades de aguas a raíz del ejercicio.
También señaló que la experiencia permitió que la Dirección de Obras Hidráulicas impulsara medidas orientadas a contar con defensas fluviales para encauzar el río Limarí en las proximidades de Ovalle.
Los riesgos que persisten
Ante la nueva apertura de La Paloma, González advierte que, pese a las mejoras en el encauzamiento del río, persisten riesgos por el crecimiento urbano de Ovalle.
“Hoy día la situación es más compleja porque las construcciones de la ciudad se han ido acercando cada vez más al río”, señaló. Por ello, llamó a no construir nuevas edificaciones en sectores expuestos a inundaciones, recordando que las crecidas extraordinarias pueden repetirse incluso después de varias décadas.