Violencia escolar: Un tema pendiente
Han pasado 10 días desde la tragedia. Fue el pasado jueves 16 cuando la comuna de Los Vilos se tiñó de sangre. Eran pasadas las 14:30 y en un sitio eriazo cercano al liceo Nicolás Federico Lohse Vargas, dos alumnos, uno de 16 y otro de 14 años, se aprestaban a solucionar sus conflictos a los golpes, tras haber mantenido discusiones durante varias semanas. La historia tuvo el peor final. Simón Vega Céspedes, el mayor de los estudiantes, terminó muerto víctima de varias puñaladas propinadas por su compañero.
Sí. Un alumno había fallecido a causa de un problema que comenzó al interior de las aulas de un liceo vulnerable. El sistema y las políticas de prevención habían fallado y el hecho encendió las alarmas de todos.
Mejorar la convivencia
Los números hablan por sí solos. Según datos de la Superintendencia de Educación, las denuncias por agresión este año han tenido un aumento en relación al año pasado. En el 2015, en total se acusaron 64 casos de maltrato físico o psicológico entre estudiantes, mientras que en lo que va del 2016, se han producido 23, siete más que en el año anterior, donde, a la fecha, sólo iban 16.
“Hemos tenido un alza importante en las denuncias, lo que obviamente nos preocupa, sobre todo después del caso de Los Vilos, por eso es que tenemos que incrementar las vigilancias y los mecanismos de prevención en los liceos”, precisó Francisco Valenzuela, director de la Superintendencia de Educación.
Además, derriba un mito. Muchas veces se piensa que es en los recintos públicos donde más problemas se producen. Sin embargo, si se mide de acuerdo con las denuncias recibidas, estas ocurren más en los recintos particulares subvencionados. “Esa es una cifra que llama la atención. Sin embargo, puede deberse también a que es en este tipo de colegios donde tenemos la mayor cantidad de matrícula, que es alrededor del 60%, pero es un fenómeno interesante a considerar”, manifiesta Brizuela.
Más allá de los números
Pero, guarismos más, guarismos menos, quisimos conocer in situ cómo conviven los escolares de la zona. Para ello, acudimos a tres recintos, donde las comunidades educativas cuentan cómo previenen las agresiones y narran su experiencia en este tema.
En el Colegio Andrés Bello Pampa aseguran haber aprendido de lo que les ha pasado. Cuando llegamos al recinto particular subvencionado, su director Rafael Patiño se muestra consternado por lo ocurrido en Los Vilos, pero, asegura, es una expresión de la violencia social que se vive actualmente. “Si tienes una sociedad violenta, vas a tener actos violentos, sobre todo en un sector de la población. En colegios como el nuestro, particulares o particulares subvencionados, se producen menos hechos, aunque se denuncie más y tiene que ver con el cómo se dan situaciones de violencia en el mismo grupo familiar. Aquí, la mayoría de los alumnos viene de hogares bien constituidos, donde no hay problemas ni de droga ni alcoholismo, que pueden, de alguna manera, repercutir en la conducta de los alumnos”, comenta Patiño, sentado en la mesa de reuniones del colegio, donde nos recibe.
Pero va más allá del origen social. Si bien insiste en que hay colegios más vulnerables que otros a que puedan suceder agresiones, asegura que si existen los protocolos indicados, los problemas deberían ir disminuyendo. “Tener protocolos cuando ocurren determinados eventos se puede hacer en cualquier liceo. Aquí hemos implementado un reglamento de convivencia que regula el comportamiento de las personas. Hay una lista de medidas disciplinarias que también hace lo suyo cuando hay este tipo de situaciones y gracias a eso que desde hace cuatro años que no tenemos un incidente de importancia en el colegio”, asegura, y a su lado, Janet Álvarez, encargada de implementar los protocolos de convivencia, asiente con la cabeza.
Álvarez asegura que su estrategia ha dado resultado. “La última vez que tuvimos una pelea seria fue hace cuatro años, fue un llamado de atención para nosotros mismos. Ahí tuvimos que hacer la denuncia respectiva en Carabineros y se siguieron los protocolos correspondientes. Después, en ese caso se le hizo el seguimiento a los dos menores, que tenían 14 años, sugerimos tratamiento psicológico, para ir reincorporándolos al sistema”, manifiesta.
Pertenencia
Valentina Acuña y Nick Cáceres son alumnos de tercer año medio del colegio y forman parte del centro de alumnos. Ellos ratifican lo expresado por el director. Sienten que la convivencia es buena en general. “Es una pena lo que pasó en Los Vilos, porque eran dos niños jóvenes, pero lamentablemente seguramente falló la prevención. Aquí, en nuestro liceo, esas cosas uno las ve lejanas, a lo más dos niños que se dicen alguna grosería, pero la verdad es que hay una buena convivencia y creo que se debe a que tenemos los espacios adecuados, hay protocolos adecuados y ese tipo de cosas”, indica Valentina.
Su compañero, Nick, es encargado de deportes del centro de estudiantes, y en ese sentido enfatiza en que la práctica de éste es fundamental para prevenir los hechos de violencia. “El deporte te hace estar más enfocado, hace que te diviertas y te da un sentido de pertenencia. Por eso que es importante que se desarrolle en los colegios, porque en vez de estar en alguna pandilla, te metes en el deporte”, enfatiza.
Y claro, el joven da en el clavo. Según el sociólogo de la Universidad Central, Manuel Escobar, ese “sentido de pertenencia” al que se hace alusión es fundamental para prevenir los actos violentos, sobre todo en ambientes como el escolar. “Sucede que en esta etapa de la vida, donde los jóvenes buscan el ser parte de algo y no encuentran un lugar, puede llevarlos a validarse en grupos que pueden ser nocivos para ellos, como pandillas que a su vez necesitan validarse con otras pandillas mediante formas violentas o agresivas”, afirma el experto.
Avanzando en un clima adverso
“Si naces en clima adverso, viendo violencia a tu alrededor, lo más probable es que repitas esas acciones”. Así describe la psicóloga de la Universidad Católica del Norte Marisol Urrutia, los hechos acontecidos en Los Vilos. Claro, en ese caso, ambos jóvenes, tanto víctima como victimario, habían tenido infancias difíciles, padres ausentes y habían crecido en lugares donde la violencia se encuentra normalizada. Esto no ocurre en el colegio Andrés Bello Pampa, donde la gran cantidad de sus alumnos ha tenido la suerte de crecer en entornos amigables.
En la parte alta de Las Compañías está el Liceo Jorge Alessandri. Está ubicado en un sector considerado peligroso. Y es que muy cerca de ahí, según reconocen los mismos alumnos, se produce venta de droga y peleas. De hecho, hasta hace un tiempo este liceo era conocido como uno de los más problemáticos de la zona. Han ido mejorando, pero todavía queda mucho por hacer. Los jóvenes se esfuerzan por terminar sus estudios y obtener un título técnico, muchas veces teniendo que lidiar con este clima adverso.
Cuando llegamos al lugar, el director Carlos Barahona nos lleva hasta el patio del recinto, para que conozcamos de boca de los propios alumnos la realidad del establecimiento. En el intertanto, comenta lo mucho que lamentó la tragedia de Los Vilos. “Es algo que todas las personas que trabajamos en el ámbito de la educación lamentamos mucho. Hay cosas que uno no puede entender por qué pasan, pero lamentablemente son así. Aquí, en un momento se producían muchos actos de violencia, pero se ha ido mejorando bastante, con harto trabajo y a veces contra la adversidad”, narra Barahona, quien detiene su relato cuando aparece Catalina Fuentes, alumna de segundo año medio del establecimiento, quien corrobora lo dicho por el director. “Antes sí, era peligroso, ahora de repente pasan cosas, pero no tantas, esto ha cambiado mucho”, manifiesta la estudiante.
Unos metros más allá, un grupo de 7 muchachos espera la campana para ingresar a clases. Nos detenemos frente a ellos y también les consultamos acerca de la convivencia escolar. Patricio Villalobos va en cuarto medio y reconoce que se producen hechos de violencia en esos patios, los más comunes serían las peleas, pero habría protocolos de acción a seguir. “Cuando eso pasa, nosotros no hacemos nada, no podemos hacer nada, hay que esperar a que lleguen los inspectores a separar y arreglar el asunto. Pero, ahora, esto pasa cada vez menos desde que nos cambiamos de liceo, cuando lo remodelaron, hace tres años”, relata el alumno.