La historia tras uno de los imputados del Caso Carabineros: En el espiral de la delincuencia
Fue la madrugada del 25 de octubre cuando sucedió lo que todos temían. El menor de 15 años que había participado en el atropello y posterior muerte de dos motoristas de Carabineros el pasado 11 de noviembre, volvía a verse involucrado en un hecho delictual.
Esta vez, el hecho se registró en Coquimbo, en la Avenida Costanera cuando cuatro individuos que transitaban en un vehículo robado se enfrentaron a balazos con un grupo de uniformados.
Los antisociales fueron detenidos. Sin embargo, la conmoción pública fue generalizada y las redes sociales estallaron cuando se supieron las identidades de los involucrados.
Nadie podía creer que el adolescente que había sido dejado en libertad hacía sólo algunas semanas, luego que fuera absuelto del homicidio de los funcionarios policiales, ya estuviese delinquiendo sin que ni siquiera comenzara a cumplir la pena en libertad a la que había sido sentenciado por el tribunal de La Serena.
EL CÍRCULO DE LA DELINCUENCIA. Pero pese a la incredulidad inicial, no fueron pocos los que señalaron que la reincidencia del joven “se veía venir”. De hecho, el mismo día de la lectura de la sentencia el 21 de septiembre surgieron voces que calificaron como “una aberración” el que los jóvenes quedaran libres precisamente porque estaban convencidos de que volverían a delinquir, y fue precisamente el menor de todos el que cayó. Era la expresión máxima de lo que muchos llaman el “círculo de la delincuencia”.
Pero, ¿por qué fue precisamente este joven el primero en caer?, ¿por qué no pudo mantenerse ni siquiera un mes sin cometer delitos? La respuesta a estas interrogantes no es fácil y siempre habrá opiniones contrarias. Sin embargo, en algo en lo que coinciden estudiosos del comportamiento humano es que el haber estado expuesto sistemáticamente al mundo delictual lo hace normalizar sus conductas reñidas con la ley y que su reinserción sea un desafío sumamente complejo.
UN PERSONALIDAD “ESPECIAL”. “Durante todo el proceso mostró una personalidad diferente”, cuentan algunos cercanos que estuvieron con el menor durante el proceso en el que permaneció en internación provisoria en un recinto del Sename mientras duró la investigación por el Caso Carabineros.
Era callado y según afirman, tuvo una buena conducta, “sólo un par de líos por amenazas con otros residentes” empañaron su estadía, pero se subsanaron rápidamente. Es que tampoco había muchos que estuvieran dispuestos a entrar en una disputa con él ya que pese a su corta edad (14 años cuando ingresó) era respetado debido a sus lazos familiares con el mundo delictual.
De hecho, hay una situación que grafica el miedo que existía hacia el joven por parte de sus pares. De acuerdo al relato de un cercano, en una oportunidad cuando tuvo problemas mientras estaba internado, alguien dijo del joven: “A este tipo había que meterlo a la cárcel”, lo que fue recibido con risas por parte de quienes lo escucharon. “Qué lo van a meter a la cárcel, si en la cárcel es el más cabrón”, rebatieron.
Y su comportamiento también llamó la atención durante el juicio. “No te miraba a los ojos”, señalan fuentes a las que tuvo acceso El Día. El joven se limitaba a responder lo que se le preguntaba y se mostraba casi inexpresivo.
Pero había una conducta reiterada que a muchos les pareció extraña y de la que pocos se percataron. Durante las audiencias el menor entraba en contacto con integrantes de la defensa a los cuales les pedía de manera insistente la carpeta de la investigación. Nadie sabe muy bien por qué lo hacía.
La influencia de los contextos sociales
Desde una mirada psicológica, la profesional de la Universidad Católica del Norte, Marisol Urrutia, también cree que la rehabilitación es posible. Sin embargo, la situación se complejiza en casos como los de este menor de edad cuya vida ha estado marcada por hechos delictuales ya que, según dice, no podemos cambiar nuestra historia. “Hay contextos sociales, familiares que a veces imposibilitan que tú puedas cambiar tu forma de vida. Se puede lograr un cambio, pero sólo si se hace un trabajo profundo entre las instituciones responsables y la familia”, manifestó Urrutia.
MARCADO POR EL DELITO. Según se sabe, el joven es oriundo de Santiago, de la comuna de Puente Alto, en donde habría tenido sus primeras incursiones en el mundo delictivo. A la zona llegó hace algunos años junto a sus hermanos y madre.
Fue la propia mujer en el 2016, días posteriores a la muerte de los policías quien conversó con El Día y admitió que el niño siempre había tenido problemas conductuales y por no haber tenido un papá presente. “A mí se me fue de las manos, no sé en qué momento, pero se me fue de las manos (…) Yo trabajo y él nunca ha tenido un papá presente. Él cuidaba a sus demás hermanas más pequeñas mientras yo no estaba”, contó la madre en su oportunidad, intentando graficar el lado más amable del menor.
Cuando llegó a la zona, el adolescente vivió en Coquimbo y estudió por algún tiempo en el colegio Santa Cecilia de la Parte Alta de Coquimbo. Por esos años también vivió momentos que marcaron su infancia ligada a la delincuencia.
De acuerdo a antecedentes a los que tuvo acceso nuestro medio, en el 2012 algunos de sus familiares con los cuales convivía se vieron involucrados en una riña con un grupo de vecinos en la que resultaron heridos de bala un hombre, su esposa y su hija.
Y tuvieron que pagar las consecuencias. Fueron condenados por el delito de homicidio frustrado, debiendo cumplir penas efectivas de cárcel.
Pero ese no fue el único hecho policial en el cual un integrante de la familia del menor se vio involucrado. En enero de este año, cuando el imputado se encontraba en el centro del Sename, uno de sus hermanos fue acusado de participar en el asalto a un camión repartidor de bebidas en Tierras Blancas. Pese a que tanto este individuo como sus supuestos compañeros de fechorías fueron absueltos porque nadie los pudo reconocer, llamó la atención la violencia con la que actuaron. De hecho, la víctima, un hombre de 52 años recibió dos impactos de bala en la región torácica quedando gravemente herido.
LOS VÍNCULOS Y LA MALAS COMPAÑÍAS. El joven siempre tuvo amigos mayores que él. De hecho, según contaron algunos de sus familiares, uno de sus más cercanos era Bastián Díaz (19) otro de los condenados en el caso Carabineros, quien iba conduciendo el vehículo con el que impactaron a los motoristas.
Junto a él y a otros participantes del trágico episodio del 2016, estaban vinculados a una de las bandas más conocidas y peligrosas de Coquimbo, los denominados “Pojotos”. De hecho, cuando el menor de 15 años cayó el 25 de octubre en la Avenida Costanera se encontraba con uno de los líderes de este grupo delictual, otro joven de 26 años.
Los “Pojotos” son una banda con experiencia. Operan en la zona desde aproximadamente dos años y tuvieron su peak luego que en el 2015 uno de los más emblemáticos integrantes, un sujeto conocido como “el mortadela”, fuera asesinado en la Caleta de Coquimbo, por ajuste de cuentas. A partir de ahí, los individuos se especializaron en robos violentos, de vehículos, accesorios de vehículos y lugares no habitados.
De acuerdo al prefecto de Coquimbo, Luis Carrera, esta organización estaría integrada en la actualidad por unas 22 personas, las cuales estarían identificadas. “En su gran mayoría pertenecen a la comuna de Coquimbo y sus integrantes son familiares o amigos entre ellos”, consignó.
Pero no siempre serían los mismos individuos. Muchas veces, deben pasar largos periodos privados de libertad por medidas cautelares y condenas. En ese intertanto es cuando llegan “los más nuevos”, tal como este menor que ya cayó una vez para luego volver a cometer un error.
Por diferentes circunstancias de vida, de formación familiar y social, el joven se encuentra atrapado en el círculo de la delincuencia.
EL SENAME EN ALERTA. Pero, ¿cómo se logra efectivamente la reinserción social?, ¿es posible la rehabilitación en menores que están tan contaminados por el crimen? Para la directora regional del Sename, Verónica Zárate sí se puede aunque se requiere de un trabajo mucho mayor, sobre todo cuando hay historias familiares de delincuencia, de drogas ya que las conductas antisociales se internalizan y hay más factores de riesgo que protectores, que son los que influyen positivamente en la rehabilitación de los menores de estas características.
14 años tiene el menor de los involucrados en el Casa Carabineros donde murieron dos funcionarios policiales
Eso sí, según Zárate, para que una intervención sea exitosa es la adherencia del que está siendo intervenido en el proceso mismo la que debe darse primero y resulta fundamental. “Es muy difícil lograr el éxito si el delegado encargado de la intervención no tiene la confianza del adolescente, lo que cuesta mucho ya que han crecido en entornos que no son los óptimos”, sostuvo, dejando claro que rehabilitación es posible, pero sumamente difícil.
Las penas en primera instancia
Pese a que aún está por verse si el juicio es anulado, por lo pronto las penas que se dictaron en primera instancia por el tribunal tanto para el menor de 14 años como para otros dos de los menores de edad fueron las siguientes:
A. Pena única de tres años de libertad asistida especial a cada uno por su responsabilidad en el delito de receptación y de robo de vehículo en sitio no destinado a la habitación. Para el caso del quebrantamiento de las condiciones de estas condenas de libertad asistida se impondrá en su reemplazo una pena privativa de libertad en internación provisoria.
B. Se condena a estos tres adolescentes también a la pena de 120 horas de prestación de servicios a la comunidad por su responsabilidad en el delito de robo de vehículo en bienes nacionales de uso público.