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"Quería viajar": chileno compró departamento en Portugal con trabajos part time

El kinesiólogo Guillermo González relata cómo su paso por Europa pasó de ser un sueño de viaje a la adquisición de un inmueble propio lavando vehículos en Portugal.
domingo 17 de mayo de 2026

Para el chileno Guillermo González, la crisis sanitaria de la pandemia fue el motor de cambio que necesitaba para cumplir con uno de sus mayores anhelos: conocer el mundo. El joven, que se encontraba en Recinto, una pequeña aldea cercana a Chillán, decidió aprovechar la reapertura de fronteras en agosto de 2021 para partir rumbo a Europa, aterrizando en la ciudad de Porto, Portugal. Lo que comenzó como un viaje de aventura terminó en un hito financiero, logrando adquirir un departamento propio mediante trabajos de tiempo parcial.

La elección del destino fue estratégica debido al contexto global. González, titulado de kinesiología en Concepción, pretendía inicialmente viajar a Dinamarca, pero las restricciones de las visas working holiday lo obligaron a mirar hacia Portugal, el único país con procesos abiertos en ese momento. “Quería solamente viajar, ese era mi primer objetivo”, relata sobre su llegada a la ciudad costera ubicada a 280 kilómetros al norte de Lisboa, donde se sorprendió al ver que el uso de mascarillas ya no era obligatorio en las calles.

Al describir su nuevo hogar, el profesional destaca las similitudes geográficas con nuestro país, comparando a Porto con Valparaíso por su estructura de cerros, callejones estrechos y una vibrante vida bohemia.

Porto es la segunda ciudad más grande del país y, siendo una ciudad bastante pequeña en territorio, tiene cinco líneas de metro; ahora están haciendo una sexta. Además, tiene trenes que conectan a todas las ciudades aledañas

explica Guillermo, quien resalta la conexión con la naturaleza, el río Duero y un mar que, a diferencia del chileno, no es tan gélido.

El camino para financiar su estancia y posterior compra inmobiliaria no fue convencional. Apenas cuatro días después de aterrizar, González consiguió empleo lavando autos en un centro comercial, trabajando con jóvenes locales para generar sus primeros ingresos. Más tarde, aprovechó su formación profesional para desempeñarse como masajista. “Yo al segundo mes, ya estaba viajando”, comenta, subrayando que la clave fue el equilibrio entre vida y trabajo que ofrece la urbe lusa.

A pesar de enfrentar la barrera del idioma, pues el portugués de Portugal difiere del brasileño al que los chilenos están más habituados, Guillermo logró adaptarse plenamente. El chillanejo reflexiona sobre la identidad de ambas naciones, mencionando la palabra “saudade” y la sensación de aislamiento geográfico que comparten Chile y Portugal. Actualmente, su historia se alza como un testimonio de cómo un objetivo de viaje puede transformarse en una inversión de vida gracias a la constancia en oficios diversos.