Patrimonio mineral

Lapislázuli y combarbalita, las dos piedras con sello Limarí que representan a Chile

Si bien se trata de un verdadero tesoro que esconde la tierra en la provincia, la competencia extranjera y el poco interés que tienen las nuevas generaciones para aprender el oficio de artesano para transformar estas piedras en verdaderos embajadores de la belleza del territorio, convierten a esta actividad en una de aquellas con riesgo de desparecer.
lunes 25 de mayo de 2026

Por: Estefanía González

La Provincia del Limarí alberga dos de los tesoros geológicos y culturales más importantes de Chile: el lapislázuli y la combarbalita. Aunque ambas piedras suelen convivir en ferias artesanales y vitrinas turísticas de la Región de Coquimbo en Chile y el mundo, sus historias, orígenes y desafíos son distintos. Hoy, mientras artesanos intentan mantener vivo el oficio, crece también la preocupación sobre su futuro.

Un tesoro azul en la cordillera de Monte Patria

Chile es uno de los pocos países del mundo que posee yacimientos comerciales de lapislázuli, junto con Afganistán. Toda la producción nacional proviene de un único punto ubicado en la comuna de Monte Patria: el yacimiento Flor de los Andes, emplazado a más de 3.500 metros sobre el nivel del mar, en la cordillera andina, cerca de Tulahuén y de las nacientes del río Tascadero. Fue reconocido oficialmente como piedra nacional por el Ministerio de Minería el 23 de noviembre de 1984

El característico azul intenso del lapislázuli se debe a la presencia de lazurita, mineral que se mezcla con vetas blancas de calcita y destellos dorados de pirita. Su formación se remonta al Cretácico Inferior, producto del metamorfismo de rocas calcáreas.

La piedra es utilizada principalmente en joyería, artesanía fina y también para la elaboración de pigmento azul ultramar natural. Su extracción se realiza mediante cortes cuidadosos, evitando explosivos para no fracturar el material.
Pese al reconocimiento internacional del mineral, quienes trabajan con él aseguran que el rubro enfrenta dificultades. Rodrigo Quintanilla, artesano de Monte Patria, comentó que actualmente son pocos los productores activos en la comuna y que no reciben un apoyo directo del Estado. “Solo algunos fondos concursables esporádicos, en mi caso ninguno, todo ha sido 100% autogestión”, señaló.

Quintanilla, quien comenzó hace cerca de 40 años en Santiago trabajando en orfebrería y, tras trasladarse a Monte Patria en el año 2000, empezó a dedicarse al trabajo de lapidación de piedras expresó que el futuro del oficio es incierto. “No han existido políticas reales de fomento a nivel escolar o dirigidas a jóvenes. Cuesta mantenerse vigente”, indicó, agregando que actualmente comercializa sus productos a través de redes sociales (kinta kunta en Instagram) y atención directa al público algunos días de la semana.

Desde el municipio de Monte Patria aseguraron que existe un trabajo para potenciar este patrimonio. Según indicaron desde la gestión municipal, hace dos años la tradicional festividad comunal pasó a llamarse Fiesta del Pisco, Queso y Lapislázuli, buscando reforzar el valor identitario del mineral.

De manera paralela, actualmente se está trabajando en la creación de un sello de denominación de origen sobre la extracción del lapislázuli en el territorio. Esta iniciativa busca certificar la autenticidad del mineral propio de la zona, potenciando el trabajo de los artesanos locales y resguardando este patrimonio como un pilar del desarrollo de Monte Patria.

La piedra nacional única es de Combarbalá

A diferencia del lapislázuli, la combarbalita es exclusiva de Chile y su origen geológico se encuentra únicamente en la comuna de Combarbalá. Se trata de una roca ornamental de origen volcánico alterada hidrotermalmente hace entre 60 y 80 millones de años y que fue reconocida oficialmente como piedra nacional el 22 de noviembre de 1993. 

Su riqueza mineralógica le otorga una amplia variedad de colores y vetas: tonos blancos, grises, rojizos, verdes, morados y amaderados que la convierten en una pieza única para la artesanía.

Su historia se remonta incluso a tiempos prehispánicos. Diversas culturas del norte semiárido utilizaron la combarbalita para fabricar flautas de piedra vinculadas a las tradiciones sonoras de los bailes chinos. En 1993 fue declarada Piedra Nacional de Chile.

Hugo Adaros, artesano combarbalitero desde hace cerca de 30 años, explica que el oficio ha permitido sostener económicamente a muchas familias desde la década de los 80, tras el cierre de faenas mineras en la zona.

“La piedra combarbalita es una embajadora de la comuna, de la provincia, de la región y del país. Tiene una infinidad de tonos y colores”, sostuvo Adaros, quien actualmente trabaja elaborando variedad de artículos decorativos y proyecta hacer cenefas junto a su esposa. La piedra la obtiene directamente desde canteras o comprándola a quienes realizan extracción y comercializa sus creaciones a través de su Instagram Artecomba Combarbalá.

Pese al valor patrimonial del oficio, reconoce que la actividad atraviesa un complejo escenario. “Hoy estamos un poco en decadencia porque las condiciones de trabajo no han cambiado y además ha bajado el comercio. Frente a los souvenirs baratos o productos plásticos, la combarbalita ha sido desplazada”, lamentó.

Uno de los problemas que más preocupa es la falta de recambio generacional. “Estoy al borde de los 50 años y soy de los más jóvenes. La gente no se interesa mucho en trabajar la piedra, salvo quienes tienen una veta más artística”, comentó.

Adaros también criticó la ausencia de apoyos específicos para los artesanos. “Existe Sercotec o Fosis, pero apoyo exclusivo para la artesanía no hay”, afirmó, recordando además proyectos como el barrio artesanal de Combarbalá, iniciativa que no ha logrado consolidarse plenamente.

Paulina Godoy, encargada de Turismo de Combarbalá sostuvo que, “la piedra combarbalita es uno de los ejes principales del turismo local, junto al Observatorio Cruz del Sur. Existe apoyo para ferias y espacios de exposición, aunque cada vez hay menos jóvenes interesados en continuar con el oficio”, señaló, añadiendo que actualmente es posible encontrar talleres y puntos de venta distribuidos en distintos sectores de la comuna, donde los artesanos comercializan directamente sus trabajos.