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"Fue como encontrar una nueva identidad": chilena viaja por Asia en bicicleta

Una <strong>profesora chilena</strong> dejó las aulas para iniciar un viaje de autodescubrimiento por Asia. Con su pareja australiana, revela que encontró "una nueva identidad".
domingo 28 de junio de 2026

La historia de Fernanda Verdugo, una profesora de Lenguaje de 29 años, ha captado la atención tras abandonar su carrera para emprender un extenso viaje por el sudeste asiático junto a su pareja australiana. Lo que comenzó como un período de descanso post-titulación en 2022, se transformó en un profundo proceso de autodescubrimiento que, según sus propias palabras, le permitió encontrar «una nueva identidad».

Verdugo, oriunda de Talca, inició sus primeros viajes en San Pedro de Atacama, explorando el desierto chileno. «Yo estaba en uno de mis primeros viajes, incursionando en lo que era salir de casa», explicó a BioBioChile. La experiencia la cautivó, y la idea de una vida en la carretera empezó a desplazar su vocación original por las aulas.

Fue durante una temporada de trabajo como garzona en la Región de Antofagasta, mientras ahorraba para sus aventuras, que conoció a Lochie, su actual pareja, un experimentado viajero australiano. Aunque el inicio fue gradual debido a que Fernanda estaba aprendiendo inglés, la relación floreció y decidieron unir fuerzas para recorrer el mundo. «Nuestra relación fue de a poquito, porque yo estaba aprendiendo inglés», detalló.

La pareja adoptó una estrategia de financiamiento basada en el trabajo estacional para ahorrar. «Como Lochie tiene esta rutina de trabajar, juntar plata y viajar, ya conoce Asia», indicó Verdugo. Con el objetivo de aprovechar su juventud y energía, en 2026 se lanzaron a la ruta por el sudeste asiático, comenzando su periplo en la isla de Bali, Indonesia.

Este cambio de vida ha sido transformador para Fernanda, quien nunca tuvo experiencias de viaje tradicionales en su niñez. «Fue como encontrar una nueva identidad, porque yo no crecí de esta forma», relató, contrastando con la costumbre familiar de visitar el norte de Chile.

«Nunca fui de vacaciones a una cabaña o algún hotel. Yo no lo veía como un sueño, pero sí me daban ganas, por ejemplo, de conocer el sur, porque la familia de mi mamá es del norte. Entonces, siempre viajamos al norte».

Su incursión en el sur del país fue crucial: tras egresar de la universidad, viajó a Malalcahuello, en la Araucanía, donde realizó un voluntariado y conoció a otros viajeros. Esa experiencia la motivó a emprender la Carretera Austral y luego a regresar a San Pedro de Atacama.

En San Pedro, la interacción con personas que realizaban trabajos de temporada y el encuentro con Lochie ampliaron su visión. «Sentía que se me empezaba a abrir la mentalidad y me gustó mucho. Fue como explorar algo superajeno a mí», comentó. A lo largo de sus viajes, Fernanda ha desarrollado una mayor intuición y selectividad en sus relaciones, adaptándose a las complejidades de la vida nómada.

En el sudeste asiático, la viajera destaca la riqueza cultural y las diferencias religiosas. «La religión es superdiferente a lo que nosotros aprendimos o vemos en Sudamérica. Entonces es bonito igual darse cuenta de que lo que uno aprendió no lo es todo, que no hay una única verdad», reflexionó.

Los imprevistos son parte de la aventura, como el reciente cambio de ferry a avión para salir de Indonesia y llegar a Singapur. También comparte anécdotas curiosas, como la popularidad de Lochie en Indonesia, donde su cabello rubio lo convertía en una atracción para fotos. Aunque visitan playas paradisíacas en Tailandia, la época de lluvias ha mermado la apreciación total de sus colores.

La pareja busca explorar zonas menos turísticas, pasando por áreas rurales donde a menudo son los únicos visitantes. «Acá los países son más precarios. Entonces, eso llama al ingenio», observó Verdugo, sorprendida por la creatividad local, como ver hasta cinco personas en una moto o vehículos adaptados para vender comida, transportar lavadoras o sillones.

A pesar de la belleza de los paisajes internacionales, Fernanda mantiene un profundo apego por Chile. «Yo puedo estar en las playas más bonitas, pero yo veo una foto del sur de Chile, de las araucarias, de los glaciares y ahí está mi corazoncito», afirmó.

Finalmente, subraya el valor de atreverse a viajar, independientemente del destino o el presupuesto. Su experiencia demuestra que es posible explorar el mundo con pocos recursos, solo o acompañado. «Esas cosas pasan cuando uno sale», concluye Fernanda, invitando a otros a dar el paso hacia su propia aventura.