Curiosidades
¿Es un brócoli, una coliflor o una obra de arte? El romanesco, la verdura que sorprende por su forma
A simple vista parece una escultura creada por computadora o un objeto salido de una película de ciencia ficción. Sin embargo, el romanesco es una hortaliza real que cada vez gana más espacio en huertos y cocinas gracias a su inconfundible aspecto y sus beneficios para la salud.
Su característica más llamativa es la formación de pequeñas pirámides verdes que se repiten una y otra vez, creando un patrón natural conocido como fractal. Esta estructura ha despertado el interés de matemáticos, científicos y amantes de la naturaleza, quienes la consideran uno de los ejemplos más sorprendentes de geometría presente en el mundo vegetal.
Aunque muchas personas creen que se trata de un cruce entre el brócoli y la coliflor, especialistas explican que el romanesco corresponde a una variedad de coliflor de origen italiano, perteneciente a la familia de las brásicas. Durante años fue considerado un producto gourmet, pero hoy su cultivo se ha extendido a distintos países, incluido Chile.
Desde el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) destacan que esta hortaliza "se caracteriza por una pella verde-amarillenta de forma piramidal muy llamativa por su forma y colores", además de adaptarse especialmente bien a climas fríos y húmedos.
Pero su atractivo no es solo visual. El romanesco aporta fibra, vitaminas A, B y C, además de minerales como calcio, hierro, fósforo y potasio. También contiene ácido fólico, nutriente fundamental para la formación de nuevas células y ampliamente valorado dentro de una alimentación equilibrada.
En Chile, investigadores del INIA Carillanca han evaluado su potencial productivo en la Región de La Araucanía como una alternativa para diversificar la horticultura y ofrecer nuevas oportunidades a pequeños agricultores. Según la institución, su creciente demanda podría convertirlo en un cultivo con interesantes perspectivas comerciales.
Con un sabor más suave y ligeramente dulce que la coliflor, el romanesco puede prepararse al vapor, asado, gratinado o incorporarse en ensaladas y cremas. Eso sí, para muchos, el mayor desafío sigue siendo el mismo: decidir si cocinarlo... o simplemente admirar una de las creaciones más curiosas que ofrece la naturaleza.