SALUD INFANTIL
Chupete prolongado altera crecimiento facial en niños, advierten expertos
El chupete, un recurso habitual para calmar a los bebés y facilitar su sueño en los primeros meses, conlleva riesgos significativos para el crecimiento y la estructura facial si su uso se prolonga. Especialistas en salud advierten que estas consecuencias, a menudo desconocidas por los padres, pueden impactar de forma profunda y temprana en el desarrollo del rostro y la boca de los niños.
Aunque la prestigiosa Clínica Mayo reconoce beneficios como calmar a un bebé molesto, distraerlo, ayudarlo a dormir y reducir el riesgo de síndrome de muerte infantil súbita, también enumera desventajas. Entre ellas, la posible dependencia, el aumento del riesgo de infecciones del oído medio, la alteración de la lactancia materna y, a largo plazo, problemas dentales.
Sobre este último punto, la doctora Carolina Winter, odontopediatra y académica de la Facultad de Odontología de la Universidad Andrés Bello, profundiza. La especialista explica que el chupete afecta el crecimiento de los maxilares, en particular el superior. Un desarrollo facial armónico se logra cuando las fuerzas funcionales del sistema orofacial —como la masticación, la respiración y la posición de la lengua en reposo— actúan de manera equilibrada.
“El crecimiento y desarrollo de la cara se produce de forma armónica cuando las fuerzas funcionales del sistema orofacial (masticación, la respiración, la posición de la lengua en reposo) actúan de manera equilibrada”, explica la doctora Winter.
Sin embargo, la presencia constante del chupete introduce una fuerza no fisiológica que actúa principalmente en sentido vertical. Esto provoca que el maxilar crezca más hacia arriba que hacia adelante, según detalla la doctora Winter. Con el tiempo, este patrón de crecimiento anómalo puede desencadenar diversas alteraciones:
- Paladar alto y estrecho (conocido como paladar ojival).
- Mordida abierta.
- Mordida cruzada posterior.
- Respiración bucal.
Estas condiciones, en muchos casos, requieren tratamiento ortodóntico posterior para su corrección.
La doctora Winter enfatiza que el chupete no es un elemento obligatorio ni indispensable para el desarrollo emocional de un niño. Por lo tanto, si un bebé no lo conoce, no lo necesitará. Sin embargo, cuando ya es parte de la rutina, la recomendación de la odontopediatría es clara: el proceso de retiro debe iniciarse antes del primer año de vida y completarse antes de los dos años.
Antes de los dos años, el tejido óseo es aún lo suficientemente moldeable como para corregirse de forma natural, sin intervención. Después de esta edad, las alteraciones tienden a consolidarse. Si el intento de retiro se posterga hasta los dos o tres años, es común encontrar una resistencia intensa por parte del niño, lo que exige una estrategia planificada. La especialista explica que “el sistema de recompensa del cerebro tiende a demandar el estímulo conocido”. En estos casos, reemplazar el chupete implica ofrecer un objeto de apego, contacto físico, palabras tranquilizadoras o la validación de las emociones del niño para facilitar la transición.