ESTUDIO CIENTÍFICO

¿Qué cultivar para sobrevivir? Un estudio revela los alimentos clave

Un estudio calculó la tierra y los alimentos vitales para mantener a una ciudad en un colapso global. ¿Sabes qué cultivar para subsistir?
domingo 12 de julio de 2026

Un estudio reciente calculó las condiciones precisas que una ciudad mediana necesitaría para autoabastecerse de alimentos en un escenario de colapso global. La investigación, liderada por científicos de la Universidad de Otago en Nueva Zelanda, detalla la cantidad de tierra, los cultivos esenciales y las estrategias agrícolas para dos situaciones extremas: un cese del comercio con clima normal y un invierno nuclear.

¿Qué pasaría si las cadenas de suministro se desvanecieran y los supermercados quedaran vacíos? Ante la posibilidad de una pandemia severa, una tormenta solar o una guerra, la capacidad de producir alimentos localmente sería vital. La clave está en saber qué cultivar y cuánto espacio se requiere para sostener a la población.

Los investigadores analizaron la ciudad de Palmerston North, con 90.000 habitantes y ubicada a 140 km de Wellington, usando sus datos geográficos, demográficos y de suelos. El modelo matemático resultante reveló que cada persona necesita aproximadamente 115 metros cuadrados de cultivo periurbano para satisfacer sus requerimientos nutricionales básicos.

Esto significa que una ciudad de tamaño medio requeriría un anillo agrícola periférico de unas 1.100 hectáreas para ser autosuficiente. Este hallazgo subraya la importancia de que los gobiernos locales protejan las tierras fértiles alrededor de los centros urbanos, evitando su urbanización para asegurar la resiliencia alimentaria.

El estudio exploró dos escenarios climáticos bien definidos para sus conclusiones. Cada uno plantea desafíos y soluciones agrícolas distintas, adaptadas a las condiciones ambientales de la catástrofe.

Escenario 1: Colapso del comercio con clima normal

En un contexto donde el transporte se detiene pero el clima no varía, la estrategia óptima sugiere una división clara entre el centro urbano y las zonas periféricas.

  • En el centro de la ciudad: Se recomienda sembrar arvejas en parques, jardines y balcones. Son una fuente excelente de proteínas, fijan nitrógeno en el suelo y se adaptan bien a espacios reducidos. Los científicos especifican que deberían consumirse secas para facilitar su almacenamiento a largo plazo. Sin embargo, el espacio urbano solo podría alimentar hasta el 20% de los habitantes.
  • En la periferia: El 80% restante de la población dependería de la papa. Este tubérculo fue identificado como el cultivo con mayor rendimiento calórico por hectárea, convirtiéndolo en el rey de la agricultura de emergencia para las áreas circundantes a la ciudad.

Escenario 2: Invierno nuclear (frío y oscuridad)

Este escenario catastrófico simula un bloqueo de la luz solar y un desplome de las temperaturas, haciendo inviable el cultivo de papas y arvejas debido a las heladas. Las prioridades agrícolas cambian drásticamente bajo estas condiciones extremas.

  • Dentro de la ciudad: Se aconseja priorizar vegetales de hoja y raíz resistentes al frío intenso, como la espinaca y la remolacha forrajera.
  • En los alrededores: La supervivencia dependería de una combinación precisa: el 97% del terreno periférico para el trigo, que aportaría la base calórica, y el 3% restante para la zanahoria, crucial por su aporte de vitamina A.

El estudio también aborda la viabilidad de la ganadería en un escenario de aislamiento. La conclusión es clara: mantener animales de granja para carne o leche es inviable. Consumen demasiados recursos y son ineficientes en la conversión de energía vegetal a calorías humanas. Por tanto, los campos de pastoreo tendrían que transformarse en zonas de cultivo directo, adoptando una dieta estrictamente vegetariana.

A pesar de la solidez teórica del estudio, la implementación práctica de estas estrategias presenta retos considerables. La planificación previa es fundamental, incluyendo el almacenamiento de bancos de semillas locales y la previsión de fuentes de energía alternativas, como el cultivo de colza para biocombustible, ante la escasez de petróleo. Factores como la degradación del suelo urbano o la dificultad para distribuir agua sin una red eléctrica operativa son variables críticas destacadas en el análisis. Esta investigación de Boyd M. y Wilson N. (2025) demuestra el potencial de resiliencia de las ciudades, invitando a reflexionar sobre la importancia de la agricultura local para un futuro más autosuficiente.