INTERNACIONAL

Guerra con Irán sin fin claro erosiona credibilidad de Trump

Lo que iba a durar semanas ya lleva seis meses: la guerra con Irán sin un fin claro pone en jaque la credibilidad de Donald Trump, afectando mercados y la percepción de sus aliados.
miércoles 26 de agosto de 2026

La prolongación del conflicto bélico entre Estados Unidos e Irán ha generado una significativa erosión en la credibilidad del presidente Donald Trump. Lo que se proyectó como una guerra de semanas ya cumple seis meses sin un final claro, y sus afirmaciones sobre un estrecho de Ormuz reabierto han sido desmentidas por la realidad, manteniéndose bloqueado.

Los adversarios de Trump lo acusan de cambiar su mensaje «cada 24 horas», lo que ha disminuido el impacto de sus declaraciones en los mercados y los precios del petróleo. La Operación Furia Épica, lanzada por EE.UU. e Israel contra Irán el 28 de febrero, fue calificada por el mandatario como «casi completada» en marzo y una «victoria total» en abril, llegando a comunicar al Congreso el fin de las hostilidades directas en mayo.

Irán desmintió en al menos diez ocasiones las declaraciones de Trump sobre una tregua inminente. Aunque se firmó un acuerdo el 17 de junio, este expiró en agosto. Las supuestas conversaciones para reabrir el estrecho de Ormuz también fueron negadas por Irán, que aseguró solo negociar con Omán. Actualmente, las conversaciones están estancadas.

Seis meses después, es complejo establecer una cronología precisa entre lo dicho por Trump y los hechos. El presidente insiste en controlar este estratégico paso del comercio mundial de crudo y gas, a pesar de que el último fin de semana de agosto solo transitaron 20 buques, un 90% menos de lo habitual.

El enfoque de Trump, propio del arte de la negociación, siempre fue propenso a cambios bruscos de postura, pero la guerra ha hecho que sus incoherencias sean más evidentes y su credibilidad aún más dudosa

Así lo expresó a EFE el economista Douglas A. Rediker, de la Institución Brookings. La política arancelaria de Trump popularizó el acrónimo TACO (Trump Always Chickens Out), que sugiere que el presidente «siempre se acobarda» tras amenazas exageradas para lograr sus objetivos. No obstante, en política exterior, esta actitud está alterando la percepción de sus aliados.

Rediker añade que a los aliados «les resulta difícil ver las alianzas de larga data como algo más que relaciones transaccionales, donde algunos valores compartidos fundamentales, intereses estratégicos y compromisos históricos ya no impulsan las políticas ni la credibilidad de dichos compromisos». Este patrón es particularmente preocupante en el contexto de un conflicto armado.

El profesor de la Universidad Americana, Garren Martin, observa que las libertades de Trump para «tomarse ciertas libertades con los hechos y la precisión» se aplicaban a asuntos internos y civiles, pero «resulta particularmente llamativo ver el mismo patrón en las declaraciones sobre la conducción de una guerra».

Trump mismo aseguró que un predecesor de la Casa Blanca le expresó, en una conversación privada, su pesar por no haber atacado a Irán de la misma manera, dos semanas después del inicio de la ofensiva. Sin embargo, los representantes de los cuatro presidentes estadounidenses vivos (tres demócratas y un republicano) negaron rápidamente la existencia de tal encuentro.

Para los analistas, cada día es más crucial escuchar las reacciones de Irán para comprender la evolución de las conversaciones o posibles acuerdos, así como seguir las verificaciones independientes para conocer la situación real en el terreno. Las negociaciones de paz con Irán han sido un tema constante.

Martin concluye que «el problema es que los adversarios, en particular, han reconocido cada vez más este patrón. Por ello, es menos probable que presten mucha atención a cada declaración (de Trump), porque saben que muchas de ellas pueden no significar gran cosa al final». El presidente es percibido por muchos como un interlocutor «caótico», «impredecible» y que «maneja un flujo constante de declaraciones diferentes» para poder siempre afirmar que ha cumplido sus objetivos.

En el caso de la guerra con Irán, uno de los objetivos declarados en febrero era propiciar un cambio de régimen y evitar el desarrollo de armas nucleares. Ante la imposibilidad de derrocar el sistema político iraní, los propósitos se centraron en eliminar las capacidades militares y nucleares del país, un fin que el poderío estadounidense aún no ha logrado doblegar. Trump había afirmado que Irán nunca ganó una guerra, pero este conflicto plantea un desafío persistente a su retórica.