HISTORIA DE LA SERENA
La serenense que desafió el poder colonial
En una sociedad colonial donde el poder económico y patrimonial estaba concentrado principalmente en manos de los hombres, María Bravo de Morales logró ocupar un lugar destacado.
Nacida en La Serena en 1663, llegó a convertirse en una figura relevante del desarrollo social, cultural y económico del norte de Chile.
A los 21 años contrajo matrimonio con Pedro Cortés Monroy y se convirtió en Marquesa de Piedra Blanca y Guana. La cuantiosa dote aportada a la unión, que incluía haciendas y personas esclavizadas, incrementó la riqueza del marquesado. Sin embargo, fue tras enviudar, en 1717, cuando asumió un papel aún más destacado: tomó directamente la administración de sus bienes y de una encomienda integrada por 541 personas.
La marquesa también destacó por su formación. Sabía leer y escribir, un privilegio poco común entre las mujeres de su tiempo, como demuestran diversos documentos notariales que llevan su firma. Esta preparación se reflejó en su preocupación por la comunidad e impulsó la creación de una casa de estudios y un noviciado en el convento de La Merced, para fortalecer la educación y la formación religiosa.
Aunque no tuvo hijos biológicos, crió a Francisco Xavier, un niño huérfano, y a Magdalena Cortés de Monroy. Su preocupación por quienes la rodeaban quedó plasmada en su testamento, donde aseguró la educación de Francisco, distribuyó bienes entre familiares y criadas y concedió la libertad a varias de sus esclavas.
Destinó recursos a obras pías, festividades religiosas y la formación de sacerdotes, además de reservar 3.000 pesos para sus exequias. María Bravo de Morales dejó así una huella singular en la historia serenense, al ejercer poder y administrar un importante patrimonio en una época marcada por las restricciones para las mujeres.