COLUMNA DE OPINIÓN
Patriotismo en Chile: debate secuestrado por élites excluyentes
Para comprender el actual debate sobre el patriotismo en Chile, es crucial examinar su definición conceptual. La Real Academia Española (RAE) lo establece como el “amor a la patria” o la “conducta propia del patriota”, donde patria se entiende como la “tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que estaría ligado como ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos”. Sin embargo, en Chile, esta noción se ha visto considerablemente capturada y distorsionada por diversas cúpulas ideológicas.
La idea de ser patriota se ha transformado en un ejercicio complejo en el país. Al observar las intervenciones de distintas figuras políticas, la profunda fragmentación de este concepto es evidente. Dirigentes de la derecha más radical, como Johannes Kaiser, interpretan el patriotismo casi exclusivamente a través de la instrucción militar, excluyendo al ciudadano común de sus estrictos parámetros de chilenidad.
En contraste, figuras de la izquierda, como Lautaro Carmona, presidente del Partido Comunista, adoptan un discurso romantizado hacia el pueblo, vinculando el patriotismo de manera exclusiva con las clases precarizadas y marginando a quienes no comparten las ideas del proletariado, bajo esquemas ideológicos derivados del Manifiesto Comunista.
El politólogo Mauricio Viroli, en su ensayo “Por amor a la patria”, analiza este fenómeno y distingue entre un nacionalismo excluyente —centrado solo en la uniformidad cultural o ideológica— y un verdadero patriotismo, que se funda en la libertad común y el afecto por instituciones colectivas que amparan a todos por igual. Un ejemplo actual de esta controversia se observa en la propuesta de Reforma Constitucional del Gobierno del presidente Kast, que busca restringir libertades personales en pro de la justicia y la seguridad.
Ante esta realidad consolidada en Chile, surgen preguntas fundamentales: ¿el patriotismo se reduce a la adhesión ciega a una doctrina política? Y, ¿cómo ignorar que tanto Kaiser como Carmona impulsan visiones arraigadas en marcos teóricos ajenos a la idiosincrasia nacional? Al margen de la lógica impuesta, cualquier habitante de esta tierra es patriota, incluso quienes sustentan ideas opuestas.
A pesar de esto, el debate nacional permanece secuestrado por élites excluyentes: una derecha de alcurnia, donde Kaiser se posiciona como una figura controvertida, y una izquierda encumbrada en torres de marfil académicas. Esto nos lleva a cuestionar si la chilenidad y el patriotismo son propiedad exclusiva de las élites económicas o de hegemonías ideológicas. La respuesta es un rotundo no.
El verdadero patriota es el chileno de a pie, aquel que se levanta temprano cada día no solo por su familia, sino también para contribuir con su esfuerzo al progreso del país y a la construcción de una identidad colectiva. En el panorama político actual, resulta difícil encontrar líderes capaces de unificar visiones en lugar de imponer sesgos importados. En este contexto, el fenómeno del Partido de la Gente (PDG) es notable. Más allá de las afinidades o diferencias con sus integrantes, es innegable su capacidad para congregar a sectores transversales no representados por las cúpulas tradicionales, como se aprecia en la diversidad de la Cámara de Diputadas y Diputados, con figuras como Pamela Jiles, Cristián Contreras y Javier Olivares. Esta habilidad para convocar miradas diversas ofrece una valiosa lección para el futuro político de Chile.