CIENCIA

Fracturas en Venus sugieren antiguos océanos y reabren debate

Un estudio reciente propone que fracturas en Venus podrían ser huellas de océanos pasados, reavivando el debate sobre la posible habitabilidad del planeta en la antigüedad y cómo llegó a su estado actual.
martes 15 de septiembre de 2026

Una reciente investigación publicada en Earth and Planetary Science Letters propone que ciertas fracturas en la superficie de Venus podrían ser indicios de antiguos océanos, reabriendo así el debate sobre la posible habitabilidad del planeta en su pasado. Este estudio se basa en imágenes de radar obtenidas por la misión Magallanes de la NASA, las cuales muestran redes de polígonos que, según los investigadores, podrían corresponder a sedimentos que se contrajeron tras acumularse bajo el agua.

Actualmente, la superficie de Venus presenta condiciones extremas, con temperaturas que alcanzan los 465 grados Celsius y una presión atmosférica 90 veces mayor que la terrestre, dominada por dióxido de carbono. La atmósfera densa retiene intensamente el calor, lo que hace que su ambiente sea extremadamente hostil. Comprender cómo llegó a este estado es un desafío clave para los científicos.

La comparación entre Venus y la Tierra es particularmente relevante debido a su tamaño similar y su proximidad al Sol. Investigar por qué ambos planetas rocosos desarrollaron ambientes tan distintos es crucial para entender las condiciones que permiten la conservación o la pérdida de agua en un planeta. Las nubes de Venus impiden la observación directa de su superficie, por lo que las misiones utilizan radar para cartografiar el relieve y sus características.

La hipótesis oceánica compara las fracturas observadas en Venus con estructuras terrestres asociadas a sedimentos marinos. Aunque la semejanza sugiere un posible mecanismo para su formación, es importante considerar otras causas, como el enfriamiento y los procesos volcánicos, que también pueden generar formas similares. Para confirmar la presencia de depósitos acuosos, se requiere combinar mapas más detallados con información sobre la composición del terreno, algo que el estudio actual infiere a partir de las formas sin confirmar directamente la presencia de arcillas.

En 2016, Michael Way y su equipo publicaron simulaciones climáticas donde un Venus con un océano inicial poco profundo podía mantener temperaturas moderadas. Los resultados dependían de condiciones supuestas, entre ellas la rotación, la atmósfera y la distribución del terreno.

Estas simulaciones, aunque muestran una posibilidad física, no confirman que Venus tuviera un océano o una atmósfera inicial como las propuestas. La reconstrucción de la historia real del planeta necesita ser verificada con observaciones concretas. Por otro lado, un estudio de Martin Turbet en 2021 planteó que ciertas nubes podrían haber reforzado el calentamiento, impidiendo la formación de océanos desde un vapor inicial, lo que demuestra la existencia de diferentes modelos climáticos sobre el pasado de Venus.

La distinción entre conservar un océano ya existente y lograr que uno aparezca por primera vez es crucial, y este nuevo argumento geológico busca huellas físicas para contrastar ambas posibilidades. Aunque un ambiente potencialmente habitable implica condiciones compatibles con la vida, el estudio de las fracturas en Venus no presenta evidencia directa de fósiles, organismos o señales biológicas confirmadas.

La misión DAVINCI de la NASA, que estudiará la atmósfera de Venus con una sonda de descenso, busca medir su composición para reconstruir la evolución planetaria y contrastar las hipótesis sobre la pérdida o ausencia de agua. Asimismo, son necesarias observaciones que resuelvan mejor el terreno y lo vinculen a su historia geológica para someter estas interpretaciones a pruebas concretas. Un resultado que desmienta la hipótesis oceánica sería igualmente valioso, ya que reduciría las posibles historias de Venus, contribuyendo a resolver la historia del agua y la pregunta sobre si el planeta albergó vida.