LA COLUMNA VERTEBRAL DE CHILE
De antiguos senderos a autopista: cómo nació la ruta 5
Recorrer Chile de norte a sur es una aventura geográfica que encuentra su eje en la ruta 5. Con más de 3.360 kilómetros de extensión, esta vía une al país desde Arica, en el límite con Perú, hasta la comuna de Quellón, en la Isla Grande de Chiloé, integrando a 14 de las 16 regiones de la nación. Más que una franja de asfalto, es la verdadera columna vertebral de la red vial chilena.
El trazado base se sostiene sobre antiguos senderos trazados por los pueblos originarios y sobre el histórico “Camino Real” de la época colonial, sumando más tarde tramos del ferrocarril longitudinal de fines del siglo XIX. Sin embargo, su destino cambió en 1923 durante la V Conferencia Internacional de Estados Americanos, cuando surgió la ambiciosa idea de crear una vía continental que uniera el continente desde Alaska hasta la Patagonia.
La consolidación del llamado "Camino Longitudinal" entre Arica y Puerto Montt tomó fuerza hacia 1930, bajo el gobierno de Carlos Ibáñez del Campo. Tras años de pausas y crisis, los trabajos de pavimentación moderna se retomaron en 1945. Un hito fundamental ocurrió en 1946 con la inauguración del tramo Santiago–La Serena, bautizado como Carretera Presidente Roosevelt.
Fue en 1968, bajo la presidencia de Eduardo Frei Montalva, cuando se dio por concluida la carretera longitudinal básica. Meses después, el 3 de enero de 1969, mediante el Decreto 556, el gobierno oficializó formalmente el nombre de Ruta 5 para todo el tramo chileno de la red Panamericana.
La transformación decisiva llegó en la década de 1990, cuando gran parte de la ruta fue entregada al sistema de concesiones privadas. Esta alianza modernizó la vía hacia una autopista de doble calzada en amplios sectores, capacitándola para soportar el alto flujo del transporte de carga y pasajeros con un estándar de alta calidad.