Expertos llaman a planificar gestión del agua para fortalecer la seguridad hídrica

Tras las lluvias de 2026, los embalses de la provincia recuperaron importantes niveles de almacenamiento, pero expertos advierten que la abundancia es temporal. La planificación del riego, la recarga de acuíferos y nuevas formas de acumulación serán claves para enfrentar futuros periodos de escasez.
De acuerdo a expertos, el desafío es aprovechar la disponibilidad para fortalecer la seguridad hídrica de la provincia.
De acuerdo a expertos, el desafío es aprovechar la disponibilidad para fortalecer la seguridad hídrica de la provincia.
domingo 25 de octubre de 2026

Por Estefanía González

Las lluvias registradas durante 2026 cambiaron el panorama hídrico de la Región de Coquimbo y permitieron recuperar parte de las reservas de agua que estuvieron comprometidas durante años de escasez. Sin embargo, el mejor escenario también plantea un desafío: aprovechar esta disponibilidad para fortalecer la seguridad hídrica y evitar que una nueva sequía encuentre a la provincia de Limarí sin las herramientas necesarias para enfrentarla.

La situación es especialmente favorable en los embalses de la zona. Según expresó el académico de la Universidad de La Serena, director del Laboratorio Prommra y del Consorcio Centro Tecnológico del Agua Quitai Anko, Pablo Álvarez, el embalse La Paloma almacena en la actualidad alrededor de 550 millones de metros cúbicos, de una capacidad total de 750 millones, mientras que Recoleta y Cogotí ya estan vertiendo agua y Valle Hermoso se encuentra cerca de alcanzar ese nivel.

El especialista destacó que se trata de una situación poco habitual, considerando que la última vez que los tres embalses del sistema del Limarí vertieron agua fue en 2002, hace 24 años.

No obstante, advirtió que estos periodos favorables han sido excepcionales dentro de una tendencia marcada por extensos ciclos secos. Recordó que los años 1997, 2012, 2015 y 2026 figuran entre las temporadas más favorables de las últimas tres décadas desde el punto de vista hídrico.

“Esta región y la provincia de Limarí conviven con una reducida oferta de agua”, señaló Álvarez, quien agregó que las organizaciones de usuarios han debido administrar los recursos con cada vez mayor cuidado.

Planificar antes de que vuelva la escasez

Para Francisco Meza, director regional del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) Intihuasi y experto en recursos hídricos, la prioridad es utilizar este periodo de mayor disponibilidad para preparar las condiciones que permitan enfrentar una nueva sequía.

El investigador planteó que las experiencias de los últimos años debieran servir para anticiparse a futuros escenarios críticos, mediante inversiones en infraestructura, estudios técnicos y acuerdos entre los distintos usuarios del agua.

“Lo primero es organizarse para ver cómo vamos a enfrentar cuando estemos en una sequía que ya conocen perfectamente”, sostuvo.

Meza estimó que existe una ventana de dos a tres años para avanzar en obras y mecanismos de gestión que ayuden a sobrellevar una eventual disminución de las precipitaciones. A su juicio, no basta con recuperar las reservas: también es necesario determinar si las fuentes disponibles pueden ampliarse y cómo administrar mejor el recurso cuando vuelva a escasear.

En esa línea, advirtió sobre el riesgo de expandir la actividad agrícola o ganadera aprovechando la abundancia actual, sin considerar la disponibilidad futura.

“Hay que pensar en una estructura productiva que esté de nuevo pensada para un momento crítico y aprovechar este tiempo de bonanza para afirmarla, para sostenerla, para estructurarla con buenos pilares”, explicó.

El especialista llamó a evitar la denominada agricultura de acordeón, en la que la superficie productiva aumenta durante los años lluviosos y se contrae cuando disminuye el agua disponible. La planificación, sostuvo, debe considerar las condiciones de una futura sequía y no solamente las oportunidades que ofrece la temporada actual.

Desde Prommra, Álvarez también planteó la necesidad de revisar las reglas de operación de los embalses, de manera que respondan a las condiciones hídricas y a las proyecciones de largo plazo.

Aclaró que esto no significa necesariamente reducir de inmediato las entregas de agua, sino evaluar cómo administrar las reservas que queden después de la temporada actual.

“Lo que quede una vez pasada esta temporada hay que cuidarlo con mucha atención y probablemente, en mi opinión, con reglas de operación nuevas”, indicó.

El desafío de los regantes del Limarí

La coordinación entre los usuarios sería determinante para extender los beneficios de las actuales reservas. Según Meza, el Limarí, por concentrar la mayor superficie agrícola de los tres valles de la región, enfrenta un desafío particular en la planificación de sus recursos.

El investigador señaló que las organizaciones de regantes deben acordar cuándo y bajo qué condiciones aplicar restricciones, con el objetivo de distribuir el agua de manera que las reservas duren más tiempo.

Como antecedente, recordó que entre 2015 y 2017 la cuenca contó con una disponibilidad favorable, pero para 2019 la situación había cambiado drásticamente.

Por ello, sostuvo que se requiere un programa de trabajo coordinado entre las organizaciones de usuarios, los agricultores y los demás titulares de derechos de agua, con reglas que permitan anticiparse al déficit y evitar decisiones improvisadas.

La planificación también debe considerar los riesgos asociados a episodios de precipitaciones intensas. Meza explicó que, cuando los embalses alcanzan su capacidad máxima, es necesario evaluar cómo evacuar los excedentes y aprovechar parte de esas aguas mediante infraestructura de infiltración y almacenamiento.

Un escenario favorable, pero excepcional

Las cifras regionales confirman la recuperación, aunque también muestran que la disponibilidad no es homogénea. De acuerdo con el balance hídrico de septiembre de 2026, las precipitaciones acumulaban un superávit de 146% en Elqui, 141% en Limarí y 87% en Choapa, en comparación con los valores normales.

Al cierre de ese mes, el agua embalsada alcanzaba el 70% de la capacidad total en Limarí, mientras que Elqui registraba un 41% y Choapa un 100%. Los caudales de la temporada, iniciada en abril, todavía se situaban bajo sus promedios históricos: 90% en Limarí, 70% en Elqui y 61% en Choapa.

Aunque los modelos climáticos proyectan precipitaciones por sobre el rango normal para el trimestre siguiente, el escenario no elimina la incertidumbre sobre la disponibilidad futura.

Para Álvarez, el momento actual ofrece una oportunidad que debe aprovecharse con estudios y decisiones concretas. La recarga de acuíferos, las nuevas reglas de operación, el control de las extracciones y la evaluación de infraestructura deben avanzar antes de que regresen las condiciones de escasez.