María Inés Figari, presidenta de la Sociedad Agrícola del Norte

“Es indispensable para nosotros contar con créditos blandos”

En conversación con Diario El Día, la dirigente abordó las principales problemáticas del sector como los efectos que dejaron las lluvias, la sequía que se arrastra hace más de una década así como también el impacto de la migración del campo a la ciudad. No obstante, aseguró que los agricultores son personas resilientes y siempre buscan la manera de imponerse a las dificultades.
miércoles 28 de octubre de 2026

La presidenta de la Sociedad Agrícola del Norte, María Inés Figari, en diálogo con Diario El Día, analizó el estado del sector que viene afectado hace más de una década por la sequía y aunque este año ha sido lluvioso, impone nuevos desafíos para el sector agrícola. “Tuvimos un temporal que dejó cosas buenas y cosas malas. Hemos vivido años de sequía que estaban terminando con la actividad agrícola”, sostuvo.

“Me ha tocado conversar con agricultores que me dicen que sí es cierto que con esta lluvia hemos perdido mucho, pero más grave era perder nuestra condición de agricultores por no tener agua. Hoy tenemos la posibilidad de cultivar, tenemos agua, pero, como se lo dije al Presidente de la República, necesitamos apoyo financiero”, remarcó.

 

-¿Ese apoyo financiero en qué consiste?

 

“Nosotros, en este momento, le hemos pedido al Presidente de la República y a los ministros que tienen relación con el tema que otorguen créditos blandos para la agricultura. Los agricultores somos muy buenos pagadores. Entonces, hoy se necesita tendernos una mano. Como le dije al Presidente, hoy las billeteras están desocupadas, tenemos mucha agua, pero no tenemos los recursos para seguir avanzando. Ese es mi papel. El lunes voy a Santiago y voy a seguir insistiendo, porque el Presidente me dijo que sí y voy a continuar por esta línea, porque es indispensable para nosotros contar con créditos blandos a los que pueda acceder cualquier persona”.


-En este escenario, ¿cómo ha ido cambiando la matriz productiva regional?


“Tuvimos un momento bastante preocupante y serio, porque en los mercados dejaron de estar disponibles las variedades tradicionales que teníamos y hubo que cambiar. En ese momento, como siempre ocurre, las ofertas llegaron a ser de más de 100 variedades, pero sin tener conocimiento de cuáles eran efectivamente adecuadas para la región, para este clima y para estas condiciones de sequía. Ha sido muy trágico, porque esas variedades tenían patentes y había que seguir pagando royalties. Entonces, frente a esa cantidad de productos, muchos optaron por aquellos que sabíamos que se daban muy bien en la región, como los cítricos. Tal vez las empresas más grandes vieron una posibilidad en las nuevas variedades de uva, pero el grueso de los agricultores se fue por los cítricos, con mucho éxito. Ahora, tienen los vaivenes del mercado, como todos los productos, porque eso no lo podemos evitar. Pero, en general, han dado muy buenos resultados”.

-Otra de las afectaciones de las que se ha hablado bastante es la mosca de la fruta. ¿Cómo está actualmente esa situación?

“Es un drama. La mosca de la fruta ha sido una situación terrorífica y hemos estado trabajando muy de cerca con el SAG para apoyarlos y aportarles también, desde nuestro punto de vista, ideas sobre cómo seguir adelante. Afortunadamente, se decidió combatirla con machos estériles, que es una estrategia que ha dado resultados en países que tienen mosca de la fruta y que la controlan mediante este método. Se hizo el lanzamiento en Monte Patria y confío mucho en que será una muy buena solución. Además, hemos conseguido información sobre productos que los agricultores pueden utilizar y que están aceptados en los mercados. Así que estamos trabajando muy de cerca con el SAG”.

-¿Qué productos tienen actualmente mayores oportunidades de crecimiento desde la Región de Coquimbo hacia los mercados nacionales e internacionales?

“Poner más fruta en este momento sería un error, porque estas lluvias son producto del fenómeno de El Niño que es transitorio, no permanente. Por lo tanto, cuando se vaya, vendrá la transición, llegará La Niña y empezaremos otra vez con la sequía. Entonces, el agua que tenemos hoy, que es como oro en los embalses, será lo que nos dará vida más adelante. Sería un error muy grande que un agricultor pensara en seguir creciendo en estas condiciones y creo que hay que cuidar muy bien los recursos y producir de buena manera, porque hoy los productos tienen exigencias en los mercados. Incluso uno mismo, cuando va a la feria, elige el tomate que está más bonito y no necesariamente el más barato. Uno prefiere el que se ve mejor”.

-Otro tema que ha afectado a distintos sectores es el alza de las bencinas. Desde el sector agrícola, ¿cómo han enfrentado este escenario en materia de fletes, transporte y costos?

“Así como subió el costo del transporte, también aumentaron los gastos del bus que lleva al personal, del camión que trae los productos que compramos y del que sale del campo con la producción hacia el frigorífico. Además, se utilizan mucho los tractores y todos funcionan con petróleo. Lo mismo nos ha pasado con los fletes marítimos, que subieron de una forma impresionante. Entonces, todo va en contra y, aun así, queremos seguir trabajando y seguimos trabajando. Por lo tanto, creo que hay que aplaudir esta actividad, porque es muy noble y entrega alimentos a todos. De nuestras manos sale la comida de Chile, el 17% de las verduras que se consumen en el país viene de esta región. El seremi de Agricultura decía que en cada mesa de Chile hay algo que ha salido de la Región de Coquimbo. Somos importantes”.

-En ese sentido, ¿cómo describiría la situación económica que atraviesan actualmente los agricultores de la región?

“Esa es nuestra principal preocupación, nuestra principal dificultad: la situación económica. Nos fuimos descapitalizando con tantos problemas: la sequía, el costo de los fletes, los precios bajos y una mayor competencia internacional. Antes éramos prácticamente los únicos, pero ahora estamos rodeados de muchas personas que realizan las mismas actividades. Entonces, nos fuimos descapitalizando y hoy mi llamado es que el campo necesita apoyo que da trabajo a miles de personas. El otro día estuve en un predio donde se realizó el lanzamiento de los machos estériles y me comentaban que durante la cosecha de cítricos trabajaron con 700 personas en un solo campo”.

-En cuanto a la disponibilidad de trabajadores y mano de obra, ¿cómo está el panorama?

“Esto pasó porque los hijos estudiaron y vieron a sus padres pasar dificultades todos los años. Entonces, esos jóvenes que terminaron sus estudios y obtuvieron sus títulos ya no quieren estar en el campo. No hubo un relevo generacional. Quedaron las personas mayores, pero en el campo se trabaja con el cuerpo y los hijos no quieren volver porque ven que no tienen las mismas posibilidades que en la ciudad. Vivir en el campo es sacrificado. Es muy bonito, muy romántico, pero también es sacrificado. Entonces, nos encontramos con que se nos acabó la mano de obra y esta está llegando desde el extranjero, principalmente de Bolivia. Vienen muchos bolivianos a trabajar y en eso estamos y no queremos que se produzca esta clandestinidad en la que finalmente las personas terminan quedando desprotegidas. Cuando falta mano de obra, ¿a quién se recurre? Por eso estamos combatiendo esta situación con mucha firmeza”.