Disponibilidad de agua en embalses permitirá recuperar producción de hortalizas

Agricultores aseguran que las mejores condiciones hídricas les han posibilitado retomar los niveles de plantación que tenían antes de la sequía. En cuanto al precio, aún no hay indicios de que esta mayor oferta pueda generar una reducción de los mismos
miércoles 03 de agosto de 2016

María Patricia Robles es una pequeña productora de hortalizas de El Tome Alto, en la comuna de Monte Patria, territorio que se destaca en esta materia. Por años su producción se vio afectada por la falta del recurso hídrico y debió reducirla de tal forma que sólo le alcanzaba para subsistir. Riega su predio con agua de pozo y cuenta que durante el 2014 y 2015 debió hacer verdaderos malabares para obtenerla. “Cada una hora la bomba nos tiraba dos minutos de agua, entonces, teníamos que guardarla en una piscina que la adaptamos como estanque para acumularla durante el día y la noche y poder regar al otro día, por eso mucha gente no plantó”, indica.


Pero las precipitaciones y nieve caídas durante el segundo semestre del año pasado y en lo que va de  2016 afortunadamente han hecho cambiar este panorama. “Ahora gracias a Dios nos aumentó el agua y hasta el momento podemos plantar, no la cantidad que plantábamos antes, pero se ha ido recuperando poco a poco”, agrega.


De 500 metros cuadrados que estuvo produciendo los dos años anteriores, ahora pasará a producir entre 2 mil y 3 mil metros cuadrados de tomates, morrones y ajíes.


Este es sólo uno de los casos que evidencian la revitalización que han tenido los sistemas hídricos de la zona, lo que permitirá, tras años de complicaciones, la recuperación de un sector tan importante como el hortalicero.


De acuerdo al último informe de la Dirección General de Aguas (DGA), actualmente el agua acumulada en los 8 embalses de la región llega a 635, 09 millones de metros cúbicos, de 1.313,5  millones de metros cúbicos, es decir, un 48% del total de la capacidad, que se compara con el 5% de disponibilidad que existía al mismo mes del año pasado. 


“Esto permite otorgar una  mayor seguridad de riego al sector agrícola de la región, donde la planificación que efectúen los regantes es esencial para asegurar las futuras temporadas bajo un escenario de sequía”, destacó la seremi de Obras Públicas, Mirtha Meléndez.


Lo positivo es que el agua caída no sólo permitió la recuperación de los embalses superficiales, sino también de las napas subterráneas, asegurando el riego a los pequeños agricultores que utilizan este sistema de riego. Este es el caso de Gustavo Araya, agricultor de El Tome. La sequía provocó que el pozo del que disponía se secara, por lo cual debió extremar los esfuerzos para hacer llegar el agua a sus cultivos.


“Nosotros pudimos seguir todo el año plantando, pero nos juntamos con otros 5 agricultores y fuimos a buscar el agua por el río para arriba a 1.500 metros de acá. Hicimos empeño de juntar mangueras, traíamos poquito, sí, pero aprovechamos de plantar y nos sirvió para subsistir. Pero de agosto para adelante empezó a llover y ya se nos compuso la situación”, precisa.


En un año bueno, dice, puede llegar a sembrar 4.000 o hasta 4.500 metros cuadrados, pero con la sequía estaban colocando sólo 1.000 metros. “Gracias a Dios ahora tenemos harta agua, suficiente, yo calculo que para unos 5 años por lo menos, porque tenemos todas las napas llenas, ahora nos faltan manos para plantar no más”, sostiene.


En efecto, dice, pese a que cuentan con el recurso ahora se enfrentan a otras dificultades. Una de ellas es la migración que están teniendo de la mano de obra a otras actividades. “Estamos quedando sólo la gente de edad plantando, la juventud prefiere ir a trabajar a la minería o a la agricultura en la uva, la mandarina, los paltos, porque ellos dicen que nosotros tenemos que trabajar 4 meses para ver la plata, pero ellos trabajan una semana y ya tienen su platita, pero aquí estamos luchando, no nos queda de otra”.


Otro aspecto que les dificulta la producción es el alto precio que están teniendo los insumos, lo que les requiere una alta inversión. “Está todo muy caro, 180 pesos la mata de almácigo y el injerto 800 pesos, más los productos que se deben aplicar, es alto el costo”.


A ello se suma una plaga de mosca blanca que está deteriorando las plantas, lo que ha disminuido la producción. “Hemos tenido muchos problemas con la mosca blanca, no hemos sacado el mismo rinde que teníamos porque afectó a las plantas y se echaron a perder al último”. Esto lo esperan resolver pues a través de Indap se les va a asesorar y a entregar insumos para prevenir. 


Pese a ello, ratifica que en el sector, dada la disponibilidad de agua, ahora son muchos más los agricultores que se han decidido a plantar. “Se están viendo más personas que están sembrando ahora, yo calculo que al menos 10 más que en los años de sequía. Tenemos bastante agua y ahora nos queda pensar positivo no más”, enfatiza.


Por su parte, Jorge Galindo también produce tomates, pimentón, ajíes y pepinos de ensalada. Señala que tuvieron varios años de dificultades, las que se incrementaron el año 2014 y 2015. “Ahí tuvimos una situación crítica, se nos redujo la producción de forma bastante drástica y hubo agricultores que simplemente no pudieron producir, plantamos un poco para sobrevivir no más y muchos que se arriesgaron perdieron la producción”.


El panorama actual es totalmente distinto, “por lo menos el escenario de aquí a unos 3 años se ve bastante bien con respecto al tema del agua”, puntualiza.
Esta revitalización de los hortaliceros y el consiguiente aumento en la producción podría hacer suponer que la mayor oferta de productos que se registrará como consecuencia podría impactar en una baja de los precios. 


Sin embargo, los productores dicen que por el momento los valores se mantienen y que habría que ver ya más avanzada la primavera cómo actúa el mercado, porque pueden llegar a incluir también otros factores como las heladas y la mencionada mosca blanca. 


Lo importante, señalan, es que por fin podrán retomar los niveles de producción a los que estaban acostumbrados.


DETALLE DE LOS EMBALSES. En el detalle, cabe destacar la recuperación del embalse Cogotí (que abastece precisamente al territorio donde se ubican estos hortaliceros), que pasó de estar seco el año pasado a contar al 31 de julio de este año con un 61% de su capacidad (84,90 millones de metros cúbicos). También en Limarí, La Paloma cuenta con un 32% (241,37 millones de metros cúbicos) y Recoleta, un 58% (58,43 millones de metros cúbicos).


En Choapa, en tanto,  Corrales, que también estaba seco, ahora registra un 98% de capacidad, mientras que El Bato llega a un 95% y Culimo, un 46%.
Asimismo, actualmente en la Provincia de Elqui el embalse La Laguna presenta un 100% de capacidad de agua embalsada y Puclaro un 67%. Dagoberto Betancourt, repartidor general de la Junta de Vigilancia del Río Elqui, señala que incluso existe una alta posibilidad de que Puclaro llegue al 100% en la temporada que inicia en septiembre.


De hecho, cuenta que en la asamblea de presidentes que realizaron hace algunos días se aprobó una mejora importante, “aumentamos de un 23,3% promedio en la temporada pasada a un 45%, lo que da cuenta de una excepción durante los próximos 12 meses”. Este invierno que tuvimos fue excepcional en términos de registros de nieve, por lo tanto, dice, va a haber una mayor distribución de agua, pero con la visión de mantener los embalses llenos esta temporada y partir la siguiente (2017-2018) con ambas infraestructuras llenas para enfrentar lo que venga.


“Por lo pronto estamos asegurando al menos dos temporadas y una tercera adicional, pero con riegos austeros y conservadores”, puntualizó. Lo que cuentan a la fecha, indica, va a ser suficiente para que se riegue con mayor intensidad los cultivos, “creemos que va a haber también posibilidades de lograr mayores rotaciones de los cultivos anuales y probablemente robustecer lo que está productivo de los cultivos frutales, que continúan dañados por la sequía”, enfatizó.