Gremios reaccionan con preocupación
Chile entra en recesión y crece la alerta por el empleo y la inversión
La economía chilena completó durante la primera mitad de 2026 dos trimestres consecutivos de contracción, cumpliendo así con el criterio técnico utilizado habitualmente para hablar de una recesión. Las cifras dadas a conocer por el Banco Central muestran que el Producto Interno Bruto (PIB) cayó un 0,2% interanual en el segundo trimestre, mientras que la cifra del primer trimestre fue corregida a la baja hasta un -0,3%, confirmando un escenario de debilitamiento de la actividad económica.
Si bien los descensos son moderados, economistas y representantes del sector productivo coinciden en que los datos reflejan una economía que ha perdido dinamismo, principalmente debido al deterioro de sectores estratégicos como la minería y la construcción, históricamente relevantes para el crecimiento nacional.
De acuerdo con los antecedentes, la minería registró una contracción de 6,4% durante el segundo trimestre, afectada por menores leyes del mineral y procesos de mantención en importantes faenas productivas. A ello se sumó una caída de 3,2% en la construcción y una disminución en el volumen total de exportaciones.
Para Pablo Pinto, economista y rector de la Universidad Santo Tomás, el escenario actual debe analizarse con cautela, pues no responde a una caída generalizada de la actividad económica.
“Los desgloses sectoriales muestran que esta recesión técnica no es un síntoma de debilidad transversal, sino que está concentrada en dos de los motores históricos de la economía chilena: la minería y la construcción”, explicó Pinto.
El académico indicó que, mientras la producción de cobre continúa resentida y la construcción acumula cuatro trimestres consecutivos de retrocesos, otros sectores han mostrado una mayor capacidad de resistencia. Entre ellos destacan el comercio y los servicios, además del consumo de los hogares, que registró un crecimiento de 1,2% durante el período.
Sin embargo, Pinto advirtió que la principal preocupación está en el comportamiento de la inversión. A su juicio, la caída de la Formación Bruta de Capital Fijo y la incertidumbre internacional podrían derivar en un escenario más complejo si no se recuperan los proyectos productivos.
“Sin nuevas obras de infraestructura, desarrollos inmobiliarios o expansión de faenas mineras, la generación de empleo formal se estanca. Existe el riesgo de pasar de una recesión técnica transitoria a un período más prolongado de estancamiento en los ingresos familiares”, sostuvo el rector de la Universidad Santo Tomás.
Pese al complejo panorama, el economista se mostró moderadamente optimista respecto de la segunda mitad del año. En esa línea, señaló que la normalización gradual de las operaciones mineras y un mayor impulso del gasto público podrían contribuir a una recuperación de la actividad, permitiendo cumplir con la proyección de crecimiento anual del Banco Central, actualmente situada entre 1% y 1,75%.
Un primer semestre marcado por la debilidad
Una visión similar planteó Javier Mella, académico de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de los Andes, quien enfatizó que la economía chilena se encuentra en el límite de la definición técnica de recesión.
“Estamos bastante en el margen de esta clasificación. Revisiones de una o dos décimas son habituales cuando se conocen las cifras definitivas, por lo que, más allá de la etiqueta, lo importante es reconocer que el primer semestre fue muy débil”, afirmó el académico.
Mella indicó que el segundo trimestre podría representar el punto más bajo del ciclo económico, especialmente considerando que la minería enfrentará bases de comparación más favorables durante el segundo semestre y que junio ya evidenció una recuperación parcial de la actividad.
Asimismo, sostuvo que existe espacio para eventuales reducciones en la tasa de interés por parte del Banco Central, aunque dicho margen continúa condicionado por la evolución de la inflación y del tipo de cambio.
No obstante, el académico coincidió en que la principal amenaza continúa siendo la falta de inversión. En ese sentido, valoró la aprobación de la extensión del subsidio a la tasa hipotecaria y destacó la necesidad de mantener un fuerte ritmo de inversión pública en infraestructura.
Preocupación en el mundo empresarial
Desde el mundo gremial, las cifras generan preocupación, aunque también expectativas de una recuperación gradual.
Al respecto, Ricardo Guerrero, gerente de CIDERE, señaló que los resultados no constituyen una sorpresa, dado que durante meses se observaron señales de desaceleración asociadas a la menor producción de cobre, la debilidad de la construcción y la incertidumbre económica derivada de distintas discusiones legislativas.
“Nunca es una buena noticia constatar que estamos en recesión, pero el sector privado tiene la obligación de mirar hacia adelante. Esperamos que la normalización de la producción minera, la alta demanda internacional por cobre y los incentivos incorporados en la Ley de Reconstrucción Nacional contribuyan a cambiar la tendencia”, indicó.
Entre dichos incentivos mencionó medidas como la invariabilidad tributaria, la reintegración del sistema tributario y beneficios temporales para el sector inmobiliario.
Más crítico fue Carlos Orrego, presidente de la Cámara de Comercio de La Serena, quien manifestó su inquietud por la falta de proyectos que permitan impulsar la actividad económica regional.
“El problema es que no vemos un horizonte claro de despegue económico. La escasez de inversiones productivas, los retrasos en proyectos mineros, la falta de infraestructura estratégica y los efectos de los temporales siguen afectando al comercio y al empleo”, afirmó.
Orrego agregó que la situación se complejiza debido a los mayores costos laborales, las dificultades regulatorias y los impactos que aún enfrenta la región tras las emergencias climáticas de los últimos meses.
Por su parte, Marco Carrasco, presidente de la Multigremial regional, sostuvo que, más allá de las definiciones técnicas, las pequeñas y medianas empresas ya experimentan las consecuencias de una economía estancada.
“Para las pymes la discusión sobre si existe o no una recesión es secundaria. Lo concreto es que enfrentamos una demanda débil y una actividad económica prácticamente detenida”, señaló.
Carrasco llamó a implementar medidas especiales para las empresas de menor tamaño, incluyendo apoyo financiero, postergación de obligaciones tributarias, recuperación de la conectividad regional, promoción turística y programas de reactivación económica que permitan sostener el empleo.