Adiós al quiosquero más querido de La Serena
Hoy, transitar por la Plaza de Armas de La Serena no es lo mismo que hace una semana. Hoy, el corazón de los transeúntes late más despacio pero con mayor fuerza. Hoy, hay que pensar que la vida da lecciones sorpresivas que ayudan a comprender la vida y la importancia de aprovecharla. Y es que visitar la plaza icónica de la ciudad colonial desde del jueves 12 de octubre, deja un vacío en los corazones de quienes la visitan tras el fallecimiento a los 76 años de don Orlando Caimanque Caimanque.
Don Orlando, también conocido por su familia, amigos y clientes como “chato Willy” (debido a su modesta estatura), falleció producto de un paro cardiaco bajo circunstancias inesperadas. De mente, cuerpo y hábitos saludables, el “chato” no podrá seguir presente en uno de los lugares en que más le gustaba estar: su quiosco musical.
INFANCIA
Su trayectoria se destaca por su sacrificio, ya que no tuvo una niñez fácil. Orlando, por motivos de fuerza mayor, no pudo terminar la enseñanza escolar, por lo que pasó gran parte de su infancia recorriendo las calles céntricas de La Serena. En este transcurso, pudo conocer a gran parte de los ciudadanos que circulaban diariamente por la ciudad y hacer numerosos amigos que lo acompañarían en sus aventuras.
UNA HISTORIA DE AMOR
Toda bella historia tiene su comienzo y esta no es la excepción a la regla. Cuando Orlando era adolescente solía visitar a sus amigos para conversar de los problemas que los aquejaban y para reírse de las divertidas anécdotas que compartían entre ellos. Una de aquellas visitas tuvo una particularidad que lo cautivó por años, ya que en una de ellas se topó con la sorpresa que habían dos lindas mujeres también visitando a su amigo. Una de ellas le causó una gran primera impresión, y es que se trataba de una niña de ojos marrones que con tan solo una mirada sincera supo que debía conquistarla. Se trataba de Ana del Carmen Montero, quien años más tarde se convertiría en su esposa, en el amor de su vida y madre de sus nueve hijos.
Según las palabras del hijo mayor, Rodrigo Caimanque, después de 58 años de casados Ana siempre lo apoyó e instó a surgir dándole consejos, motivándolo a levantarse cada mañana con una sonrisa en el rostro y en abrazarlo fuerte cada vez que le faltaban fuerzas para seguir adelante. Y que es gracias a ella, que Orlando pudo convertirse en el hombre virtuoso, culto y experimentado que gran parte de los serenenses conoció.
SU COMIENZO EN LA PLAZA
Durante la década de los 60’, don Orlando comenzó a trabajar en la Plaza de Armas lustrando zapatos. Se instalaba tempranamente en calle Cordovéz en frente del conocido Cine Centenario. A su lado y de manera particular había otro señor con un buque manisero, lo que le sirvió a Ana de inspiración para incentivar a su marido a comprarse uno y así aumentar sus ingresos. Justamente las cosas se dieron y luego de un par de meses Orlando pudo comprarse uno. Rodrigo, su hijo, recuerda que en varias oportunidades lo ayudaba con el traslado de insumos y con la fabricación de maní “calientito, de esos que ahora son difíciles de encontrar”. Orlando con su buquecito manisero instalado en el mismo lugar donde lustraba zapatos, comenzó a hacerse más conocido y a generar más ingresos. Casi una década más tarde contó con los recursos suficientes para tener su propio quiosco de confites en la plaza.
EL INNOVADOR QUIOSCO MUSICAL
En el año 1976, Orlando pudo conseguir el dinero y el permiso para instalarse en un quiosco para vender confites y helados. Fue en este negocio donde su nombre tomó fuerza y los ciudadanos y comerciantes aledaños comenzaron a conocer a su íntegra persona. No sólo se hizo conocido por su simpatía, sino también por su preocupación de fomentar la vida social en la Plaza de Armas.
Desde el primer día en que comenzó a trabajar hasta el último, fue quien le dio vida al lugar con su innovación y música envasada. El “chato Willy” fue el primero en implementar el encendedor amarrado después de percatarse que cada vez que los prestaba, muy pocas veces los clientes se acordaban de devolverlo. Además tocaba tangos, pero predominaba la música clásica ya que sentía que esta era la que le llenaba el alma. Sin embargo no discriminaba, le gustaba toda la música y no era solamente un gran oyente, sino que también una enciclopedia musical. “No tenía vocación para estudiar pero tú le decías un autor y él te daba con lujo y detalle toda la información sobre su música. Era muy culto en todos los ámbitos”, añade Rodrigo Caimanque.
Tanto oficinistas, comerciantes y estudiantes pasaban diariamente por su lugar de trabajo a comprarle algunos productos y hacer uso de los servicios que ofrecía de manera gratuita para toda la comunidad: una buena conversación y buena música. Tenía muy buena llegada con los clientes, para él, más que clientes eran amigos. Siempre fue muy amable y cariñoso con ellos, con la consecuencia de que muchos se quedaban hasta horas conversando.
UN HOMBRE DE VALORES Y LEGADOS
En su trabajo era la misma persona que en su hogar, igual de preocupado, cariñoso y esforzado. Siempre pensaba en el bien estar de su familia, para él no habían días de descanso y trabajaba más de 12 horas al día para que a su familia nunca le faltara nada. El principal objetivo de don Orlando fue que siempre la familia se mantuviera unida. Para él, no existían barreras ni diferencias sustanciales para justificar que su familia se alejara.
Aparte de su responsabilidad laboral y familiar, sentía un gran orgullo de ser serenense. Por ello mismo es que se preocupaba se saber de los panoramas de la región para fomentarlos hacia los turistas. Adriana Peñafiel, exalcaldesa de la ciudad, tiene recuerdos de Orlando desde que era una adolescente. “Era una persona fenomenal. Era muy colaborador, quería contribuir a mejorar el turismo en la región, de hecho una vez fuimos juntos a Argentina a promocionar la ciudad”. Para peñafiel, don Orlando fue y será “un personaje que refuerza nuestra identidad regional”.
El actual diputado y exalcalde de la ciudad, Raúl Saldívar, lo recuerda como un amigo de su infancia y como un hombre con el cual era muy ameno conversar. “Era una persona con que se podía conversar de muchos temas, además era muy respetuoso y amable. Definitivamente era una persona de relaciones directas y afectuosas”, manifestó el diputado.
Actualmente, la mayoría de los hijos de don Orlando viven juntos en la casa que tanto esfuerzo le tomó construir, pero al menos su misión de mantener a la familia unida perdurará hasta con su ausencia. Por otro lado, su amado quiosco musical seguirá funcionando gracias a su hijo menor y a su esposa al son de la música clásica que vibrará más fuerte que nunca sobre los corazones de su familia y la comunidad serenense.
ADIÓS PAPÁ
El hijo mayor de don Orlando dedicó unas palabras de despedida hacia su padre, quien asegura que ha sido muy doloroso el proceso de asimilar que ya no cuenta con su cable a tierra. “Los últimos años los compartí a “concho” con él. Era mi bastón y yo era el suyo, y el dolor que llevo en este rato es tremendo, ya no tengo a mi bastón para que me afirme. Pero seguiré su legado de transmitir a mi familia y hermanos el apoyo necesario para que nunca se sientan solos. Él se lo merecía todo y se lo merece, y se lo seguirá mereciendo por sus valores instaurados. No voy a claudicar en ninguna situación, seguiré adelante junto a mi madre y hermanos hasta llegar al punto de cuando sea viejo, su legado seguirá vigente de alguna u otra forma. Nadie querrá ni podrá pasar sobre tuyo papá, ya no estás con nosotros pero no importa, en el corazón y en el alma está todo. Te quiero y te querré siempre, gracias viejo mío”.